Un texto que escribí para una presentación de una Antología
El 5 de marzo de 2019, me invitaron a escribir un texto para la antología de lxs ganadorxs del Concurso Nacional de Creación Literaria del Tec de Monterrey. Posteriormente, también fui invitada a la presentación de dicha antología en la Galería Libertad en Querétaro. Como en su mayoría, los eventos literarios están dominados por los varones: participantes, jurado, la mesa de quienes comentan la obra, ganadores, etc; recibí la antología dos de días antes de la presentación, así que tomé la decisión de leer sólo a las ganadoras, ya que el tiempo era muy limitado para escribir y comentar sobre toda la obra, además, sabía que irían hombres a comentar sobre los hombres que habían ganado.
Aquí mi texto, no sin antes decir que, previo a leerlo, hice algunas aclaraciones:
* Fue una postura política haber leído sólo a las mujeres antologadas. Es importante visibilizar las voces femeninas, es decir, lo que enuncia más de la mitad de la población.
* Encontré que el jurado integrado por 7 personas, sólo participaba una mujer.
* En la mesa éramos tres hombres y yo.
* El número menor de ganadoras, comparado con el de los hombres, no significa que las mujeres escribamos menos. Lo cierto es que hay escritoras, muchas, pero la legitimación de nuestras escrituras no es igual a la de los hombres.
* Esa semana de la presentación, un vato le corrigió un poema a Sor Juana. A SOR JUA NA.
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De por qué sólo leí a las mujeres de la antología
“Voces” como el título de una colección de veintinueve escrituras diferentes. Veintinueve voces, doce de ellas, femeninas. ¿Qué nos dicen ellas? El lenguaje es un medio a través del cual se construye la propia existencia, enunciamos desde el yo, desde nuestra voz, pero también desde una propiedad colectiva. Lo que se dice es un producto social y las doce escritoras de la antología lo reafirman, son ejemplos evidentes de la construcción que se nos dicta. Sí, es cierto que el sujeto lírico no corresponde a la voz en la vida real de la autora, pero algo se denuncia y es a partir de la variedad de experiencias personales y colectivas que se comienza a escribir, son urgencias e inquietudes que atender en todos los espacios.
“En uno de los textos, Mónica Viridiana Perea, escribe:
exhibo sus contradicciones
Por eso me prefieren como ausente.”
Lo personal es político, decimos. Entonces, ¿en dónde colocamos estas voces si la legitimación de nosotras, mujeres, no alcanza en lo mínimo a la que se le da a los varones? Si recibiera un pago por contar cada una de las anécdotas por las que mis amigas escritoras o yo hemos pasado, quizá sería millonaria. Ya lo dijo Melissa Lozada-Oliva en uno de sus poemas:
“Si tuviera [...]
Un centavo por cada vez que tuve que hacer circo, maroma y teatro
para demostrarle a alguien que estoy aquí
Que existo
Mi corazón sonaría y temblaría
con todas las monedas derramándose dentro de él
Dejaría de hurgar en mis bolsillos
buscando pedazos de mí
cubiertos de pelusa.”
Entonces recuerdo episodios como: tu poema es una copia del poema del gran poeta, hombre, por supuesto, tus poemas y los de tus amigas son iguales, no publicamos mujeres porque no hay escritoras; y me doy cuenta que son claras formas de invisibilización de nuestras escrituras. Lo sabemos bien, somos poco más de la mitad de la población, ¿en serio creen que todas escribimos sobre lo mismo? ¿Y qué me dicen ustedes, varones, escribiendo sobre la musa, los cuerpos femeninos, el amor romántico, los cigarrillos? Rosario Castellanos afirma: “A lo largo de la historia [...] la mujer ha sido más que un fenómeno de la naturaleza, más que un componente de la sociedad, más que una criatura humana, un mito”. ¿En qué sentido debe colocarse nuestra voz?
Pienso en los espacios en donde podemos compartir lo que escribimos, en los talleres o en presentaciones como esta, por ejemplo. En lo común que es que una mujer prefiere no mostrar sus textos, porque sistemáticamente hemos sido silenciadas. Pienso en aquella vez que vi a una escritora que fue invitada a comentar una obra, en una mesa con cuatro hombres; ella se dio a la tarea de preparar un magnífico texto, mientras que dos de los otros presentadores (muy reconocidos en la escena), sólo platicaban de sus chistes de cantina y del libro que no habían leído, creyendo que eso era el compromiso con la literatura y el autor y, sobre todo, ocupando espacios que no les corresponden. Y así, me doy cuenta, mientras escribo esto, mientras trabajo, en cualquier grupo, que si deseo enunciar algo, debo hablar el doble o triple de fuerte para que se me escuche y se me tome en serio. No importa qué tan preparada o experta sea, escribo desde la duda porque mis argumentos generalmente son ignorados.
Así que, aprovechando esta oportunidad de micrófono en mano, debo decir que estos espacios como en el que estamos, deben ser los espacios para comenzar a romper las brechas de las que he hablado. Me preguntaban de la importancia de los talleres, debo decir que los talleres fueron mi primer acercamiento a la sociabilizacion de mi escritura. Son espacios seguros, y hay que hacer que existan más. Hay que leer lo que escriben las mujeres. Escuchar. Hay que seguir escribiendo. Hay que Reconocer mediante los textos que se encuentran en esta antología, las mediaciones sociales y sistémicas que la envuelven.
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Al final de la presentación hubo aplausos, pero también un silencio incómodo del director del Campus. Con los tres presentadores se acercó a platicar, a mí sólo me saludó. Al terminar el evento, me pidieron una entrevista para algún medio del Tec por motivo del #8M, la cual nunca se publicó.