Me aterra el mundo, la injusticia y crueldad del ser humano. Quiero disfrutar la vida, pero es difícil cuando otros se encuentran en lamento. Es frustrante tener libertad, si el resto está cautivo y en silencio. ¿Hasta cuándo podremos conservar nuestra voz? Me envenena la impotencia. No quiero vivir con miedo. No quiero ser uno más de ellos. No nos convirtamos en prisioneros de quienes han sido embriagados por la codicia y cuyos corazones han extinguido todo rastro de empatía.
doménica.


















