Llorar no indica que usted es débil. Desde su nacimiento llorar siempre ha sido una señal de que está vivo. — Charlotte Brontë.
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Llorar no indica que usted es débil. Desde su nacimiento llorar siempre ha sido una señal de que está vivo. — Charlotte Brontë.
Así como las turbulencias de un avión no son para bajarse de él, sino para abrocharse el cinturón, las turbulencias de la vida no son para que renuncies a nada, sino para que te mantengas firme ante lo que estás atravesando. -Rosmery
A veces tienes que perdonar a tus padres por no saber cómo amarte como necesitabas, y luego perdonarte a ti mismo por buscar amor en los lugares equivocados.
Imagina mirar atrás
algún día
y darte cuenta de
que fuiste
lo bastante valiente
para perseguir la vida
que realmente
querías
y funcionó.
La perfección se logra al fin, no cuando no hay nada que agregar, sino cuando ya no hay nada que quitar. -Antoine de Saint-Exupéry
Escribo como si fuera a salvar la vida de alguien. Probablemente la mía propia. -Clarice Lispector
El hogar no es donde naciste. El hogar es donde cesan todos tus intentos de fuga. — Naguib Mahfuz
Tu muerte es mucho más segura que tu boda, así que en vez de buscar al amor de tu vida, mejor empieza a vivir tu vida con amor.
Se puede sentir como el fin del mundo, si piensas que es el fin del mundo. Recuerda: no lo es. -Alessandra Sala
Carta a mi niña sensible
Querida pequeñita mía,
Desde que eras muy chiquita, sentías el mundo con el corazón abierto. Llorabas por cosas que otros no entendían, te emocionabas con una flor, una mirada, una palabra bonita. A veces te decían que eras “demasiado”, que no fueras tan llorona, que no te lo tomaras todo tan en serio. Pero yo estoy aquí para decirte algo muy importante: tú no estabas equivocada.
Tu sensibilidad no es una carga. Es una luz especial que te hace única. Es esa chispa que te permite amar intensamente, cuidar a los demás con ternura, entender cosas que nadie dice con palabras. Es lo que hace que veas belleza donde otros solo ven rutina, que escuches silencios que otros ignoran.
Sé que a veces te dolió sentir tanto. Que deseaste ser más fuerte, más dura, menos vulnerable. Pero ahora lo entiendo; tu fuerza está en tu ternura. Tu poder está en tu capacidad de sentir, de crear, de consolar, de transformar.
Te abrazo con todo mi amor. Prometo cuidarte, protegerte y recordarte siempre que no estás sola. Caminamos juntas, tú y yo. Y cada vez que sientas que el mundo es demasiado, vuelve a tu centro, a ese rincón cálido donde siempre eres bienvenida, donde siempre eres suficiente.
Ya no quiero conocer a alguien más. Contigo ha terminado la búsqueda, te elijo con la tranquilidad de que también... Te elegiré mañana. —Alejandra Pizarnik
Te quiero aquí a mi lado, te quiero para tenernos paciencia, te quiero para apoyarnos, te quiero para verte cumplir tus metas y las mías.
Ann
Que más miedo vas a tener, si ya viviste lo que más temías.
Era tanta tu belleza
que mis ojos
se negaron
a dejar de verte
al cerrarlos,
y luego,
le siguió la memoria,
ella tampoco
le puso límites
a tu recuerdo,
y todas las letras
empezaron
a rimar con tu ausencia,
si, la poesía
era un banco
donde nos sentábamos
a mirarnos los paisajes
cojiditos de los sueños.
Hay mujeres
maravillosas,
son artistas,
y no lo saben,
dibujan cuadros
con la luz
de sus ojos
y crean poemas
con sus gestos,
son distintas,
con ellas la vida
siempre
se hace corta
y cada segundo
se vuelve eterno.
Hola, hace mucho que no nos sentamos a hablar...
Siento que has caído de nuevo, que el suelo está demasiado cerca otra vez. Te encuentras a la deriva... ¿Cuántas veces más te vas a susurrar que esta, esta sí, será la última? Mírate. Estás exhausto, la cabeza es un laberinto sin salida y el corazón lleva un peso que no le corresponde. Recuerdas cada cosa que te ha tocado vivir este año... Este año fue una marea constante; una mezcla brutal de todo: la esperanza, el miedo, la ansiedad que ahoga, la decepción. Fue una montaña rusa donde subiste con el alma llena de sueños y, poco a poco, fuiste bajando con el alma llena de dudas. Sentiste el peso del agotamiento, la frustración de no ir al ritmo que querías y el eco silencioso de la culpa cuando sientes que has dado un paso atrás. A pesar de todo, seguiste respirando. No porque tuvieras las respuestas, sino porque había algo muy dentro de ti que simplemente se negaba a apagarse.
Pero, en algún momento, justo ahí en lo más profundo, la oscuridad empezó a cederle un espacio a una luz tenue. Una sensación que floreció sin que la llamaras. Al principio, intentaste cerrarle la puerta —quizás por la vieja costumbre de protegerte, quizás por el miedo a volver a creer—, pero siguió creciendo. Empezaste a notar colores donde antes todo era gris, a encontrar sonrisas que no necesitaban un porqué. Y en medio de toda esa tempestad, apareció ella. No como un final feliz o una respuesta fácil, sino como un motivo. Una chispa que te ha recordado que aún recuerdas cómo se siente amar, cómo se siente volver a soñar.
Pero el corazón, ya sabes, nunca camina en línea recta. A veces, lo que te rescata es, curiosamente, lo mismo que despierta las partes de ti que creías enterradas. Y te encuentras en una encrucijada, susurrándote si este amor podría alejarte del camino que dibujaste para ti, o si tal vez, solo tal vez, es el camino que debías tomar desde el principio. Antes, tenías la brújula clara: querías ser esa persona firme, confiable, inspiradora. Pero la vida —con esa molesta costumbre de desordenar el mapa— te obligó a cuestionarte si esa versión que idealizaste seguía siendo suficiente, o si había otra más honesta, más tuya, esperando justo detrás de la cortina de todas tus inseguridades.
En ocasiones, te asalta el miedo de haberte quedado a medias, de que el plan se rompió, de que el peso de tus errores es mayor que el de tus esfuerzos. Pero quiero que escuches esto: no es verdad. Cada herida te dejó una lección marcada en la piel, y aunque el proceso haya sido doloroso, te aseguro que nada fue en vano. La verdadera fe no se cuenta por el número de veces que caes, sino por la firmeza con la que decides volver a levantar la mirada. Y tú lo has hecho, una y otra vez, incluso en esos momentos en que no eras consciente de tu propia fuerza.
Quizás no todo tenga que seguir ese molde rígido. Tal vez la fe también puede tener formas distintas, menos perfectas, más humanas. Te estarás preguntando ahora mismo... ¿Será posible, Señor, que tu amor y tu apoyo sigan conmigo, incluso cuando mi camino no es el que dictan los libros, cuando no cumplo con cada expectativa?
Tal vez amar de esta manera tan real, estudiar con pasión, trabajar con propósito y construir una vida honesta, sea, en el fondo, una forma poderosa de honrarte, aunque este camino no luzca tan "impecable" como alguna vez te enseñaron.
No necesitas castigarte por sentir. No tienes que ser impecable para ser digno de recibir ese amor, esa fe o un futuro. Solo necesitas ser honesto contigo mismo, y eso —precisamente eso— ya lo estás logrando.
Así que, vuelve a respirar hondo.
No te exijas tanto.
Sigue caminando, sin importar si es lento.
Porque no existe culpa ni fracaso que pueda separarte del amor que te sostiene, ni error que borre la inmensa bondad que llevas dentro. Todo lo que has vivido te ha traído a este preciso lugar, y desde aquí, puedes volver a empezar a construir.
Reescribe tu historia, sin miedo a los tachones, sin vergüenza por esas páginas rotas.
Hazlo con esa fe recién encontrada, con ternura hacia ti mismo, y con la profunda certeza de que la luz que te guía nunca se ha apagado.
Y cuando las dudas te asalten, recuerda siempre esto:
Aún puedes.
Aún mereces.
Aún estás a tiempo de volver a creer.
-R.
"Recojan rosas mientras puedan, los tiempos pasan pronto y esta misma flor que hoy sonríe mañana morirá. Carpe Diem." -"To the Virgins, to Make Much of Time", Robert Herrick.