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|| NaelxGaladriel
* text: ¿dónde te escondes? :(((
sms: detrás de ti.
sms: estás hermosa.
Princesa Isabella.
❛ Lo dices implícitamente.. ❜ miró a otro lado haciéndose la ofendida. Encogió sus hombros asintiendo ya que tenía razón el chico. ❛ Me hace sentir una niña otra vez, ❜ río ligeramente. ❛ ¡Claro que sí! Quizás te lo robe. ❜ guiñó. ❛ Es muy romántico.. ❜
“Oh vamos. No te enfurruñes, anda” pidió, todavía luchando por ocultar su diversión. “¿Ves? Hace que volvamos en el tiempo” dijo, sonriendo nuevamente. “Oh no, eso si que no. Es mío y de nadie más” negó, fingiendo seriedad. “Si tú lo dices...”
—¿Qué? No mientas, si estuvieses enfermo con eso habrías ido con alguien para que te llevaran con un médico y estuvieses con lentes de sol, lamentándote de la tierra imaginaria en tus ojos—. Aclaró, como si ella supiese muchísimo del tema. Elevó las cejas, sonriendo. —Ah, mira allí están esos lindos ojos tuyos, sanos y salvos—. Como había hecho en otras ocasiones, alzó su mano, tocando la punta de la nariz de este con suavidad. —Mi madre piensa que es mejor llamar la atención de esta forma. Yo siento que ella es una zorra de armario que no pudo hacer cosas así—. Arrugó su frente. —Pasar en rato ¿haciendo qué? ¿Quieres hacer algo?—.
Ante el gesto de la rubia en su nariz, el árabe frunció la misma, un poco incómodo con aquel roce que parecía ser tan característico de la princesa. “Oye, me encantaría que no hicieras eso, ¿está bien?” pidió con educación, luchando con su ceño para evitar que éste se frunciera. “¿Vestirte así es cosa de tu madre?” preguntó sorprendido, esta vez dejando que sus cejas se elevaran a causa de la impresión. “Vaya, es lo más raro que he escuchado en mi vida” comentó todavía un poco alucinado. “Pero... Bueno, si a ti no te gusta no deberías vestir de esa manera” dijo. “La verdad es que me da igual. El aburrimiento es parte de mí”.
Princesa Isabella.
❛ ¡Deja de decirme gorda! ❜ bromeó pegándole en el hombro ligeramente. ❛ Oh, wow eso me calma sabiendo que la gravedad puede ser mi peor enemiga. ❜ entrecerró sus ojos un poco riendo. Alzó sus cejas al sentir como su cintura era rodeada por él. ❛ Claro. ❜ sonrió de lado. ❛ ¿Cuál es la razón de estar acá? ¿Quieres verme caer? ❜
“¡Pero si no lo he dicho!” exclamó, sonriendo abiertamente. “O tu mejor aliada. Todo depende de qué lado lo mires” replicó, apretando sus labios para no reír. “Además de eso, digamos que me divierte columpiarme. Este columpio se ha convertido en mi mejor amigo” respondió, encogiendo los hombros. “¿No te gusta? Es magnífico”.
Abrió la boca, luego la cerró y finalmente rió ante la rapidez en la que soltó las palabras. —Qué bien. Diré que bien—. Alzó los hombros, luego se vio arrugando la nariz. —Ni siquiera me estás viendo, pero bueno… No me gusta lo que llevo, preferiría estar desnuda—. Torció los labios tirando de la flor, aunque sabía que no se iba a mover. —¿Qué hacías?—.
“No puedo verte directamente a los ojos, tengo conjuntivitis” se excusó de manera casi infantil, mirándose los zapatos antes de tomar una honda respiración y decidir, finalmente, clavar sus ojos marrones en la fémina. “¿Desnuda? Bueno, supongo que te... entiendo” dijo, encogiendo los hombros con ligereza. “Pues nada, pasar el rato. Es lo único que se puede hacer aquí” mintió, no queriendo admitir que la había estado observando a hurtadillas.
Aunque en sus planes no tenía encontrarse con una cara conocida, lo apreció, porque de alguna forma se sentía cómoda hablando con el árabe. —¡Nael! ¿Cómo estás? Te ves muy bien hoy—. Asintió, acomodando el vestido un par de veces, molesta.
“Muy bien gracias. ¿Tú?” respondió de un solo tirón, sin ni siquiera hacer una pausa para tomar aire. “Uhm, claro, tú igual. Estás muy guapa hoy” dijo, aún sin verla a la cara por mera verguenza al ser descubierto mientras la detallaba.
Princesa Isabella.
❛ ¿Seguro? ❜ alzó una ceja ante el masculino, encogió sus hombros de manera rendida antes de subirse junto al príncipe, sin importarle quedar en poca distancia. ❛ No sé pero siento que me voy a caer, así que agárrame fuerte. ❜ soltó una risa.
“Sí, seguro. No ocupo demasiado espacio” respondió, sonriendo divertido ante la inseguridad de la morena. “Tranquila que del suelo no vas a pasar; te lo aseguro” bromeó, pero sin embargo, se arriesgó a rodear la cintura ajena con uno de sus brazos. “¿Así estás mejor?”
“¿Quieres subir? Aún hay espacio para alguien más” dijo, viendo con curiosidad y una sonrisa a la portadera de melena oscura. “¿O necesitas algo más?” @isvbclla
‘ ¿quieres uno? ’
“No, gracias. Tengo lo míos, aunque... ¿tienes fuego?”
‘ sólo necesito que me des permiso para pasar.’ murmuró, intentando desviar la atención por lo irritada que se encontraba por la presencia de un segundo. ‘ cargo prisa.’
“Ya, pero resulta que tú no eres la única que tiene cosas que hacer y necesita llegar a tiempo” replicó el moreno, ni siquiera inmutándose por prestarle atención a la fémina.
“No se va a salir, está bien pegado mira.” La rubia hablaba con su molesta madre por video llamada, mostrándole el vestido. Un momento después la llamada finalizó y Anghel sólo parpadeó. “Zorra.” Susurró en rumano, aprovechando que ésta no sabía el idioma. Estaba cansada de vivir la vida de su madre. Giró el rostro, dándose cuenta que no estaba sola. “Hola.” Sonrió, apenada.
Estaba concentrado en lo que acontecía delante de él, la conocida muchacha mostrando sus pechos hacia la cámara mientras le explicaba a alguien -algún familiar, supuso- que todo estaba en orden. Ensimismado, siguió observándola hasta que se vio descubierto, obligándose así a desviar la mirada. “Hola” saludó de vuelta, negándose rotundamente a mirarla a la cara.
Princesa Katrina.
’ eso es cierto.’ admitió, con un ligero asentimiento. ‘ no es como si te importase tampoco.’encogió con desinterés uno de sus hombros. ‘ debo asumir que tú eres Nael porque no me has maldecido, ¿cierto? ’
“Es que no me importa” dijo, aunque sonara un poco cruel. “¿Qué?” soltó después, confundido. Había pasado un largo tiempo desde la última vez que había sido confundido con su gemelo, así que la referencia hacia él lo tomó un poco fuera de base. “Eh.. sí, soy Nael. Asumo entonces que conocías a mi hermano, Jafar”.
Princesa Lilium.
‘ oye, si tú lo haces, para que no te sientas solo, lo haré también.’ bromeó de igual forma, denotándose aquel fulgor que caracterizaba a la escocesa en su mirar, que se presentó vivaz, completamente divertido por la situación con el masculino. ‘ no hay de qué.’ asintió, cuidando con la mirada que su supervisor no se acercarse a reprender sus accionares, aunque claro, tampoco le debía explicaciones a nada, si se lo permitiesen, pagaría todo lo ingerido. ‘ nunca me había detenido a pensar eso porque nunca he sido grosera con ellos.’ señaló con un chasquido de lengua, achinando con ligereza los ojos mientras se acercaba al rostro del masculino. ‘ ¿acaso tú ha sido grosero con ellos, Nael? ’ cuestionó. ‘ de igual forma, yo me encargo de mis comidas.’
“Entonces vamos hacerlo” apuntó, haciendo ademanes de quitar mencionada prenda. Y así lo hizo, sin ningún tipo de pudor o verguenza que lo detuviera. Sencillamente tomó el dobladillo de su camisa y tiró de ella hacia arriba, sacándola de su tatuado cuerpo para dejar el mismo al descubierto, enseñando así su delgada anatomía marcada por la tinta. “Te toca” señaló, haciendo un ademan de su cabeza hacia la camisa de la pelirroja. “Pues es bueno que evalúes ciertos aspecto” dijo, encogiéndose de hombros. “¿Yo? Oh vamos ¿estás de broma?” rió, negando. “No, nunca les he faltado el respeto. No soy de esa clase de personas” terminó por responder. Iba en contra de sus principios tratar mal o de manera poco adecuada a otro ser humano. “Suerte que tienen algunos. Yo soy un snob en la cocina”.
Princesa Galadriel.
POR cada vocablo percibido, su corazón parecía dar un vuelco de pura alegría. A veces se sentía incapaz de saber con gran certeza aquello que encogía todo su ser en una agradable sensación, pero, cuando de la esencia contraria se rodeaba, parecía que todo aquello por lo que dudaba, se afianzaba aún más, proporcionándole una seguridad que sus claras orbes demostraban con un brillo algo particular. “ Te daré todos los que tú quieras, cuándo quieras y cómo quieras, lindo ” pronunció en su español natal, la suavidad de sus palabras dando paso a un nuevo y corto beso, sus labios rozando los ajenos en un contacto de sumo cariño. “ Está bien, está bien, lo siento ” se disculpó en una inocente sonrisa, pues si bien la española se hacía conocer como aquella que podía llegar a huir de todo sentimiento fuerte, se sorprendió a si misma con la esperanza de que esta vez fuese diferente. “ Vaya, voy a tener que aprovechar esto al máximo ” aseguró, no dudando en dejar un beso en su mejilla antes de separarse por completo, aunque continuó dada de la mano con el ajeno. “ Ahora no sé si quiero que vayamos a la noria, a la casa del terror o quizás a uno de esos juegos en los que ganas alguna tontería ” comentó pensativa. “ ¿Qué prefieres tú? ”
“Entonces es un trato” susurró, relamiendo sus labios con una sonrisa escrita en ellos. Una sonrisa que contaba la historia de una extraña burbuja que se había apoderado de su ser tan solo con escuchar las palabras de la fémina y recibir su suave beso. Una burbuja que no podía ser de otra cosa que de felicidad. “Disculpas aceptadas” dijo después, guiñándole uno de sus ojos con cierta gracia. Sabía de sobra los problemas de confianza que parecía tener Galadriel, pero desde el primer momento en que se permitió conocerla, se prometió a sí mismo que lidiaría con ellos. Que los erradicaría completamente de la mente ajena para darle paso a la seguridad; era su primordial meta en esos momentos. “Sí, creo que deberías hacerlo. Soy un príncipe my ocupado” se jactó el broma, sacando pecho y riendo después mientras llevaba la mano de la muchacha que tenía sujeta con la suya hacia sus labios para depositar en ella un tierno beso. “La verdad es que me gustaría montarme en la montaña rusa, pero también me apetece ir a la casa del terror” respondió. “Busco es adrenalina, ¿sabes? Pero también quiero ganar para ti uno de esos peluches tan monos que tienen” añadió, encogiendo los hombros. “Dejaré en tus manos el destino de nuestra noche. De todas formas, siempre me sorprendes”.