Hablar de arte outsider o brut en Cuba, resultaba extraño diez años atrás, cuando empecé mis investigaciones y noté la confusión que existía sobre tales términos. Se tenía una idea errónea de lo que pudiera ser un artista outsider o brut; al no dominarse las diferencias entre ambos, y vincularlos exclusivamente a padecimientos mentales. Las producciones autodidactas eran asimiladas, si estas respondían a una línea naïf, popular, seguían un orden académico, o contemporáneo. Los propios artistas brut preferían camuflarse en estas expresiones, por temor a ser marginados como “locos” por la sociedad y las instituciones culturales; primeras en fomentar este desconcierto, debido a sus estrechas políticas culturales, sustentadas en este caso, en la incomprensión y el desconocimiento. De modo que el conflicto del sujeto artista, no solo se generaba desde el ámbito social y familiar, sino también desde el institucional.
Era difícil encontrar bibliografía al respecto en la isla[1]; y los antecedentes más cercanos se remitían a inicio de los años sesenta, a la labor promocional de José Seoane Gallo (1936-2008) y Samuel Feijoo (1914-1992); quienes trabajaron con artistas autodidactas, en el afán de explorar los elementos folklóricos y etnológicos que caracterizaban la pintura popular cubana. El resultado más notable de la labor de Seoane, se concretó en la formación del Grupo de Pintores y Dibujantes Populares de Santa Clara (1957-1962), que luego continuó Feijoo, al incrementar esta nómina con otros artistas de la antigua provincia de Las Villas, para después re-denominarlo como Grupo Signos.[2] Un logro internacional, fue la muestra colectiva Arte Inventivo de Cuba (1983), organizada por Feijoo en el Museo de Art Brut de Lausanne, Suiza; gracias al interés que el artista Jean Dubuffet (1901-1985) mostró en estas producciones cubanas. La exposición estuvo conformada por más de 150 obras de 35 artistas, que de ningún modo fueron consideradas brut, a pesar de haberse expuesto en ese escenario. El propio Feijoo insistió en aclarar esta diferencia, al sostener que el movimiento plástico de Las Villas surgía de la naturaleza y la fantasía cubana, sus mitos y regocijos.[3]
Portada de la revista Signos, dedicada a la muestra del Grupo Signos en el Museo de Art Brut de Lausanne, Suiza
Libro Pintores y Dibujantes Populares de Las Villas, Universidad Central de Las Villas, 1962
Por otro lado, habían existido en los hospitales psiquiátricos de Santiago de Cuba, La Habana, Camagüey, y el centro de salud mental de Remedios (Villa Clara),[4] breves experiencias con la arteterapia, que motivaban al paciente hacia las artes plásticas, teatro, danza y la música; pero que no derivaron en aportes en concreto al campo de las Artes Visuales; ya que centraban su interés en el efecto terapéutico de dichas manifestaciones artísticas. Estaba claro que debía emprender un camino prácticamente de cero, que inicié con el proyecto comunitario y de arteterapia Entre Cipreses y Girasoles, en el Hospital Psiquiátrico de Villa Clara (2008 – 2012). Con él, pretendía empezar un estudio basado en mis propias experiencias, en contacto directo con posibles creadores brut.
Durante los años que duró el proyecto se implicaron altruistamente, artistas, escritores e instituciones culturales,[5] que colaboraron en talleres, donaciones, exposiciones y otras acciones plásticas. Nos proponíamos, además de colaborar con la rehabilitación de los pacientes, identificar a aquellos creadores –dentro o fuera del ámbito hospitalario– que por sus rasgos y producciones, se inscribieran en esta expresión artística; así como apoyar el desarrollo de sus obras, mediante la generación de proyectos curatoriales y la investigación a fondo de sus producciones. El resultado de esta experiencia, quedó publicado en el libro de testimonios y ensayos El Aullido Infinito (Premio Memoria, Editorial Centro Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2015); donde se registró la problemática entorno al Art Brut en Cuba, en la voz de sus únicos protagonistas: los artistas.
En la actualidad el escenario algo ha cambiado, al menos en la capital. A partir del 2012, con la presencia de Juan Martín, director de NAEMI (National Art Exhibitions of The Mentally Ill), y de Daniel Klein, presidente de la Fundación Art Brut Project, se empieza a llamar la atención sobre la obra de determinados creadores outsider y brut, fundamentalmente de la región occidental; al realizarse diversas muestras y eventos[6] que propiciaron la revalorización de estas producciones –incluso desde la institución arte–, y el intercambio con museos, coleccionistas y galerías de diferentes partes del mundo.
Por otro lado, las distintas publicaciones por agentes e investigadores en las redes sociales y revistas de arte especializadas, tales como Bric-á-Brac y Raw Vision; o el reconocimiento de SPACES[7] de espacios de Arquitectura Brut en Cuba, generaron una mayor visibilidad e interés internacional.
De importancia para la promoción del género en los últimos años, ha sido la creación en el 2012, de Riera Estudio, dirigido por el artista Samuel Riera. Espacio que a través de Art Brut Proyect Cuba, entre otras iniciativas, tiene como objetivo el trabajo con aquellas producciones artísticas de carácter marginal; al promover la obra de los creadores que integran el proyecto, y ofrecerles la oportunidad de insertarse en el mercado del arte. Hasta la fecha, Riera Estudio ha llevado una labor sistemática, al fomentar el diálogo sobre esta temática y materializar exposiciones en espacios nacionales e internacionales;[8] además de contar con la colaboración y apoyo de destacadas organizaciones e instituciones.
Con el transcurso del tiempo y del cambio de la perspectiva cultural hacia el arte outsider, se van sumando nombres a una relación de creadores que apenas comienza; y que desde una estética diversa, contribuyen a enriquecer el panorama actual de la plástica cubana, entre ellos:
Arturo Larrea junto a uno de sus lienzos
Arturo Larrea Cárdenas (La Piedra, 1980), busca en la pintura un sitio de paz a sus tormentos. Desde la adolescencia padece de continuas crisis de esquizofrenia paranoide. Ha sido premiado en certámenes de artes plásticas y ha participado en exposiciones personales y colectivas en diferentes casas de culturas y galerías. En sus producciones artísticas resulta apreciable, su paso por dos etapas: La primera, que el propio artista denominó «Foco rosa» por la notable insistencia en el color rosa, aunque es el negro el que predominaba para acentuar atmósferas de marcados contrastes. Lo figurativo y lo abstracto se fusionan en series de acento erótico, realizadas con una técnica mixta sobre cartulina. En ellas, abordaba las relaciones afectivas en sus diversas variantes; y recreaba retratos femeninos de fisonomías similares a la de su madre, detalle este que hacía evidente su paso por el síndrome de Edipo. Con el trazado de bustos desnudos y escenas de grupos, pretendía mostrar la belleza del cuerpo femenino y del acto sexual. En una segunda etapa, Larrea enfatizaba en el tema de la religión cristiana; de ahí que clasificara sus pinturas como Apologetic art: teología que defiende la fe cristiana a través del arte. Durante este período se aprecian notables cambios en cuanto al soporte, el formato y las técnicas. Opta definitivamente por trabajar con óleo y acrílico sobre telas de mediano y gran formato; y empieza a aplicar el color con mayor osadía, a golpe de espátula, sin abandonar el uso del negro. Se hacen frecuentes los autorretratos, y el paisaje como contexto empieza a tomar protagonismo, pero siempre sujeto a una reinterpretación de su realidad circundante: contradictoria, caótica, perturbadora. Cae por momentos en crisis destructivas, que lo han llevado a dañar sus obras y apuntes, a negarse a si mismo. Actualmente vive en el caserío de Jiquiabo, junto a sus padres, donde hace muy poca vida social y continua sobreponiéndose de cada recaída. Artista con el que se inauguró una de las primeras muestras en Cuba de Art Brut, bajo esta denominación.[9]
Esperanza Rodríguez Conde, Pía (Villa Clara, 1966) no sabe por qué pinta, pero si no lo hace siente que ‘se vuelve loca”. Es una agricultora que vive de lo que cosecha en el campo junto a su marido, para mantener a sus hijos. Apenas ha estudiado y no posee conocimiento alguno de arte. Cuando pinta no puede parar, lo hace al regresar de trabajar la tierra, o por las noches; y lo va cubriendo todo a su paso, las paredes de la casa, papeles, telas viejas o cualquier soporte que tenga al alcance. Cuenta que ve cabecitas humanas que le dicen que quieren salir fuera, y hasta que no las pinta, no logran callarse. Va pintando de manera intuitiva imágenes de hombres y mujeres de parecidas fisionomías; algunos fragmentados y en posiciones absurdas, junto a animales y plantas que la mayoría jamás ha visto en vivo. Las recargadas composiciones no siguen un único ritmo, y utiliza colores opuestos y brillantes. Circunda los bordes de las imágenes con gruesas líneas que moldean la masa compacta de personajes. Nunca pone títulos, ni le gusta llamarse artista. Solo pinta, siguiendo un impulso inexplicable, imposible de controlar, que le alivia ese cúmulo de imágenes en su cabeza. Pertenece al proyecto de Riera Estudio, mientras continua viviendo en su modesta casa de campo, en la zona central del país.
Jesús Espinosa Carrillo, Fotografía Robinson Rodríguez
Jesús Espinosa Carrillo (Remedios, 1951), de prodigiosas alucinaciones y noble alma; pintor imprescindible del medio artístico remediano, donde es respetado y querido. En la Galería Carlos Enríquez de Remedios, ha realizado numerosas exposiciones y ha obtenido reconocimientos por su intensa labor creativa. Desde su juventud padece de esquizofrenia, y permaneció recluido por largos períodos en el centro de salud mental. Suele cubrir las paredes de su casa con murales que renueva cada cierto tiempo; en ellos, la imagen dibujada suplanta la ausencia real del objeto o persona representada. La mayoría de sus obras son acuarelas o dibujos sobre papel y cartulinas, que acostumbra a firmar con una hormiga, cual símbolo de laboriosidad. Jesús padece de alucinaciones, y de tanto en tanto, asegura tener las inesperadas visitas de hermosas mujeres que le acompañan por horas, o durante toda la noche; mujeres que luego lleva a sus pinturas en posiciones danzantes o semidesnudas. Llama la atención el tratamiento del color en sus obras y el uso de una pincelada firme y esparcida. Sus composiciones intuitivas, de rasgos torpes y primitivos, han servido de inspiración a jóvenes generaciones que suelen admirarle como un maestro del arte, que guarda cuidadosos secretos.
Bofill, fotografía Florencia Bisagno
(Fotog: Florencia Bisagno)
Pintura Mural, exterior de su casa. Boffill (Fotog: Florencia Bisagno)
Pintura Mural, interior de su casa. Boffill
Noel Guzmán Boffill Rojas, Bofill (Remedios, 1954), extrovertido artista de ilimitada imaginación e ingenio. Es miembro de la Uneac y ha realizado innumerables exposiciones personales y colectivas en Cuba y el extranjero. Posee premios y reconocimientos en salones de artes plásticas; y una de sus obras conforma la muestra permanente del MNBA. Ha convivido con sus delirios, hasta hacerlos parte de su vida y obra. Una niñez marginal, la guerra en Angola, y el tiempo transcurrido en prisión, marcaron sus producciones plásticas con una solidez incuestionable y un enfoque autorreferencial, hacia tópicos que van desde lo social, religioso, histórico, y paisajístico. En las imágenes religiosas que trabaja se destacan sus numerosas representaciones de vírgenes y cristos, que en su mayoría previenen de la estética marginal del tatuaje presidiario. Incorpora con frecuencia refranes, poemas y otras alegorías literarias, haciendo uso de la caligrafía al natural. En los retratos, suelen destacarse aquellos realizados a los líderes revolucionarios: tema por el que manifiesta una curiosa obsesión; mientras que en los autorretratos puede transfigurar su imagen en personalidades de la historia, las artes y la cultura universal. Bofill expresa una peculiar filosofía de vida de inclinaciones mediúmnicas, donde fusiona la escenificación, lo místico, lo erótico, lo humorístico, lo absurdo y lo poético con la realidad. En ese interés por exteriorizar y compartir su arte, ha convertido su casa en un verdadero santuario artístico, donde el conjunto de las piezas y los objetos de la cotidianidad coexisten, hasta mezclarse y crear un ambiente críptico, y a la vez acogedor. Las paredes internas, externas y parte de los techos, han sido decorados con extensas pinturas murales, y los fragmentos de obras dispersos por las habitaciones, se utilizan con diafanidad y rara elegancia. Su casa ha sido reconocida por SPACES como un sitio de fantástica arquitectura brut. Posee un estilo sumamente original, que se nutre de la confluencia de varios rasgos: primitivo, naïf, brut y contemporáneo; confluencia típica en los artistas outsider, y que lo convierten en un significativo exponente del género outsider en Cuba.
Clara Ortiz García (Santa Clara, 1961), creadora que se desdobla a través de sus pinturas en varias caras y facetas. Sufre de personalidad múltiple y presenta rasgos esquizoides. A los cuarenta años empieza a pintar bajo la tutela de José Seoane Gallo y rápidamente obtiene sus primeros premios. Ha realizado varias exposiciones personales y ha participado en salones de arte popular y naïf; pero no le gusta encerrarse en esta manifestación, puesto que en diversos casos tuvo que adaptar sus obras, para ser aceptada. Como artista siente otras necesidades expresivas, en tópicos y posturas audaces que se alejan de la línea popular. Por lo general, trabaja una técnica mixta sobre cartulina, aunque predomina el uso de la acuarela. Sus representaciones suelen ser autorreferenciales, y su imagen puede verse transfigurada a través de individuos de diferentes sexos, objetos, incluso en flores y animales, desde un enfoque simbólico y a ratos experimental. En ocasiones, ha preferido explorar su mundo interior, en obras de complejas narraciones, y en composiciones donde la síntesis de elementos, conviven con la sobriedad del color. Sus piezas llegan a proporcionarle un desesperado estado de amor/odio, que la pueden llevar a la destrucción de las mismas, de ahí que la gran mayoría se encuentren donadas a las principales instituciones de cultura de la ciudad de Santa Clara. Es consciente de ser una artista brut y se reconoce “maldita” por ello, en un camino que puede llegar a ser tortuoso, por los tantos estigmas sociales y culturales que aún encuentra a su paso.
Julián Espinosa, Wayacón (fotografía Yaysis Ojeda)
Julián Espinosa Rebollido, Wayacón (Cienfuegos, 1941), un bohemio de mirada nostálgica y fascinante universo. Su obra se ha inscrito en una vertiente que va de lo contemporáneo a lo naïf, sin ser totalmente esta su línea creativa, ni su única fuente de inspiración. Sus premios, reconocimientos y exposiciones son incontables. Es miembro de la Uneac y es considerado una personalidad de la cultura cienfueguera de extraordinario carisma. Obras suyas integran la colección del MNBA. De intenso andar por la vida, estuvo durante mucho tiempo como un vagabundo; habitando en cementerios, vagones de trenes y fortalezas abandonadas. Padeció de alcoholismo y crónicos cuadros depresivos, y aún se mantiene medicado, debido a repentinos estados que puede experimentar. Fue combatiente revolucionario y posee diversas medallas, por su actitud heroica en batallas decisivas de la revolución, como el combate de Playa Girón. Estuvo también en la Guerra de Viet Nam, y guardó prisión en Cuba durante las injustas leyes contra “Los vagos”. Realiza sus pinturas sobre cualquier soporte, incluso ha pintado sobre animales vivo con los que ha realizado acciones plásticas; posee series pintadas de ropas y accesorios, algunas dedicadas a la memoria de su madre; ha trabajado el performance, el collage, la escultura, y las instalaciones. Sus obras pueden llevar implícito temas que van desde lo social hasta lo erótico; donde prevalecen los personajes de sus “mamitas”, como símbolo de admiración y deseo hacia la sensualidad femenina. Le caracterizan: los colores brillantes, el uso de empastes, el contorno de las figuras por gruesas líneas; y el empleo de números y símbolos propios, que van tejiendo una narración alrededor de cada pieza.
Nivia de Paz con una de sus enciclopedias (Fotografía Yaysis Ojeda Becerra)
Nivia de La Paz González (Camajuaní, 1940), es una carismática artista que sobrevive encerrada en las memorias de otras épocas. Repentinos cambios marcaron su juventud e historia personal; y estuvo ingresada con un diagnóstico de esquizofrenia, para luego permanecer bajo medicación. Su vida está signada por la soledad y un impactante encuentro con el Che Guevara en diciembre de 1958, que la ha convertido en objeto de fabulaciones populares. Es una poetisa y creadora representativa de la plástica villaclareña, a pesar de esporádicos distanciamientos que mantiene con las instituciones culturales. La editorial Capiro de Villa Clara le publicó el poemario Me saludo mortal y me retiro (2004); y sus poemas aparecen en las revistas Signos, Guamo y en la antología Faz de tierra conocida (Yamil Díaz Gómez, Letras Cubanas, 2010). Mayormente trabaja la pintura, el collage y el dibujo, desde la añoranza de tiempos pasados. Las paredes de sus habitaciones las decoraba con sus propias pinturas, llegando a desarrollar extensos murales; y conserva cientos de enciclopedias de artes elaboradas por ella misma. Vive en precarias condiciones y utiliza cualquier soporte y material que le permita expresarse. Sus obras guardan un carácter autorreferencial, debido a los disímiles autorretratos que solía pintar; resulta notable el uso de las máscaras o transfiguraciones de personas en animales, como si la vida fuese un eterno carnaval de disfraces.
Retrato de Fidel, Joaquín Morales
Joaquín Morales López (Sagua la Grande, 1963), de obsesivo carácter y férrea voluntad por crear. Desde niño ha sufrido disímiles disturbios mentales, y luego de adulto pasó desde cuadros depresivos y alcoholismo, hasta trastornos de la personalidad con inclinaciones agresivas; además de una enfermedad cancerígena, por la que se ha visto bajo tratamientos e ingresos. En las artes plásticas ha encontrado una vía de escape a sus padecimientos, una realidad paralela. Joaquín gusta de experimentar en sus piezas, al punto de lograr complejas texturas y efectos visuales, para los que utiliza materiales y soportes poco convencionales. Suele realizar reinterpretaciones de los maestros de la pintura universal; y siente especial admiración por la obra de los artistas cubanos Wifredo Lam (1902-1982) y Ever Fonseca (Manzanillo, 1938), por quienes se siente influido. Este artista resulta una especie de copista que constantemente reelabora a los clásicos y hasta su propia realidad, logrando de este modo, escapar de ella. Ha incursionado además en temáticas históricas y políticas, con singulares retratos de Fidel Castro y los cinco héroes.
Moya, performance “Yo no soy Fidel, yo soy San Lázaro” (Fotografía Geovany Manso)
Moya, performance “Yo no soy Fidel, yo soy San Lázaro” (Fotografía Geovany Manso)
Moya (performance en el Pico Turquino)
Ramón Moya Hernández, Moya, (Guantánamo, 1950). Procedente de una familia campesina y pobre. En 1984 comienza sus primeras obras realizando esculturas de pedazos de madera que recogía por las calles. En ellas esculpía imágenes provenientes de sus sueños. Ha realizado diversas piezas performáticas e instalaciones, y sus obras han sido reconocidas por críticos y personalidades de la cultura local de su provincia; también ha participado en diversas exposiciones y ha ganado numerosos premios y reconocimientos nacionales. Se inspira principalmente en temas políticos y sociales, que aborda con fuerza, en una especie de aparente fusión o juego irónico con lo religioso. Lleva un modo de vida completamente irreverente. Suele crear la propia ropa que viste y la mayor parte del tiempo vive en las montañas y los montes de su región, dentro de cuevas naturales. Para la confección de sus obras utiliza materiales naturales, o desechados por el uso cotidiano. Es de una personalidad e imagen impactante, que contrasta con su sana humildad.
Gallo, 2017 (fotografía Hervé Couton)
Gallo, El jardín de los afectos, Alamar, La Habana, 2017 (fotografía Hervé Couton)
Gallo, El jardín de los afectos, Alamar, La Habana, 2017 (fotografía Hervé Couton)
Gallo, El jardín de los afectos, Alamar, La Habana, 2017 (fotografía Hervé Couton)
Héctor Pascual Gallo Portieles, Gallo (Campo Florido, 1924), de joven colaboró con el triunfo de la revolución y en año 60 se convierte en diplomático y viaja por distintos países. Después de su retiro, durante los años del “período especial”, Gallo no podía ganar lo suficiente y abandona su confortable apartamento en el centro de La Habana, para establecerse con su familia en el barrio de Alamar. Un sitio conocido por la Siberia, debido a los edificios de la década del 70, con diseños importados de la entonces Unión Soviética, en avanzado deterioro y de infraestructuras que nunca fueron terminadas. Allí, luego de la muerte de su esposa, la cotidianeidad se tornó compleja y llegó a valorar la posibilidad del suicidio. Fue cuando empezó a reutilizar objetos de desechos con una función estética, y su vida retomó un nuevo curso. Gallo recolectaba materiales para crear un jardín de esculturas e instalaciones que llamó el Jardín de las Afectos, en homenaje al amor y a la alegría. Mientras, en el interior de su apartamento, empezó a conformar lo que sería la Galería de los Afectos, cubriendo las paredes con aglomeraciones de objetos, que narran su historia personal. De barba blanca y espesa, cabello largo, brazaletes y cuentas, Gallo es un anciano con aires de profeta, que con una sonrisa ingenua, difunde sus aforismos; se confiesa portador de una filosofía humanista de la vida y pide sin pudor, ser enterrado al pie de un árbol del jardín, justo en el sitio de donde emana la fuerza vital de sus afectos. Tanto el jardín como la galería de afectos, son sitios reconocidos por SPACES como espacios de arquitectura brut en Cuba.
Misleydis de la Caridad Castillo, (Mayabeque, 1985) Nace en Güines, un pueblo cerca de La Habana. Durante su primer año de vida se le diagnosticó una sordera neurosensorial severa, disritmia cerebral y autismo. Desde entonces, su madre prefirió educarla por su cuenta, puesto que no existía un Centro de Educación Especial adecuado para su discapacidad. Cierto día Misleidys comenzó a dibujar grandes piezas de figuras humanas, que recortaba y pegaba en las paredes usando cinta adhesiva; representaba hombres y mujeres musculosos de expresivos rostros y aspectos monumentales, en posturas de pose y semidesnudos. Las representaciones también podían ser de cabezas en posiciones frontales o de perfil, y fragmentos de pies; Las figuraciones lo mismo las agrupaba en unidad de tres y cuatro o individualmente; los tamaños podían variar, pero siempre usando el mismo patrón al dibujar y al aplicar el color. La razón por la que comenzó a representar esta especie de héroes o gigantes, sigue siendo un misterio, aún para su madre; quien cree que pudieran tratarse de entidades protectoras. Quizás de todos los artistas antes mencionados, es Misleydis la artista brut cubana más conocida internacionalmente, al trabajar en estrecha colaboración con Riera Estudio, NAEMI y la Galería Christian Berst; esta última encargada de representarla en prestigiosas ferias y eventos internacionales de arte outsider.[10]
Yaysis Ojeda Becerra, investigadora y crítica de arte
(Madrid, diciembre, 2018)
[1] Apenas algunos artículos en la revistas Islas, Signos y Bohemia; o sendos capítulos en el Summa artis, Historia General del Arte, vol I, de José Pijoán (Madrid, Espasa-Calpe, S.A,1955, p.503-512), y de Pierre Roumeguère El arte de los enfermos mentales y de los niños, en el libro El arte y el hombre de René Huyghe (La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1972, p.80-83); ambos ejemplares desactualizados y con terminologías obsoletas. Es de tener en cuenta que en estos años, la búsqueda de materiales online era complejo, debido a las restricciones de la internet; y los libros en pdf de autores como Michel Foulcautl y Humberto Eco, pasaban fotocopiados de mano en mano.
[2] Con este título, también bautizó una prestigiosa revista que hasta hoy se mantiene; y publicó el libro Dibujantes y Pintores Populares de Las Villas (Editorial Universidad Central de Las Villas, 1962).
[3] Aclaración oportuna, Islas, números 28, Universidad Central de Las Villas, enero-marzo, 1968, p.258.
[4] En la década del setenta, en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, bajo la dirección del doctor Bernabé Ordaz (1921-2006), tuvieron lugar varias iniciativas culturales, que incluían exposiciones colectivas de pacientes y artistas dispuestos a compartir su Arte. Paralelamente en el Hospital Psiquiátrico de Santiago de Cuba, dirigido por Alberto Orlandini, se puso en práctica un proyecto de arteterapia encaminado al tratamiento del alcoholismo en pacientes mentales. Con posterioridad en el Hospital psiquiátrico de Camagüey se trabajó con los pacientes la cerámica, el psicodrama, la ludoterapia y la novela spress. En cambio, durante los noventas, en el Centro de Salud Mental de Remedios (Villa Clara) se creó una brigada artística, que animaba tanto a pacientes como a doctores.
[5] Los artistas participantes fueron: Aliegmis Bravo Cuan, Josué Bernal Escudero, Jorge Luis Sanfiel, Isabel Coello Trimiño, Eridanio Sacramento Ramos, Yolmis Mejías, Rachel Paredes, Anelys Valdés Castillos, Amilcar Chacón Iznaga, Frank Michel Johnson Pedro, y Clara Ortiz, entre otros; y los escritores: Yamil Díaz Gómez, Laritza Fuentes, Irina Ojeda Becerra y Jorge Luis Mederos (Veleta). Además de la colaboración de la AHS, Galería Pórticos, UNEAC de Villa Clara, Arche Galería, Fondo de Bienes Culturales, Museo Provincial de Historia, Academia de Arte Leopoldo Romañach, Galería Wifredo Lam de Sagua La Grande, Consejo de las Artes Plásticas y La Piedra Lunar.
[6] Vale destacar: dos muestras colectivas en la embajada de España en La Habana: “Ecos del inconsciente” (noviembre 2014) y “Encuentros” (marzo 2017), ambas organizadas por Juan Martín y Daniel Klein; Expo colectiva “Balada para Quasimodo” (febrero 2015), dedicada a la familia Ortiz García, y comisariada por Magdalena Rivas Rodríguez, Galería Luz y Oficio, Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño, La Habana. Proyecto “Museo de Arte Maniático”(MAM), serie de tres exhibiciones realizadas en Espacio Aglutinador, La Habana, entre el 2012 y 2013.
[7] Organización no lucrativa de beneficio público, creada con un enfoque internacional para el estudio, documentación y preservación de ambientes y actividades artísticas autotidactas.
[8] Aparte de las varias muestras que se organizan en Riera Estudio, es de mencionar las colectivas: “Efecto-Corrección”, Fábrica de Arte Cubano, La Habana, abril 2017; “Cuba Outsider”, Galería Hamer, Ámsterdam, nov-dic 2017; y “Dibujos de Cuba”, Museo Kunsthaus Kannen, Alemania, febrero-mayo 2018.
[9] Se tituló Cuando la luz de la Aurora, y se inauguró en noviembre del 2008, en el Museo Provincial de Historia de Villa Clara. La reseña de esta muestra “Arte bruto en Santa Clara”, por Yaysis Ojeda Becerra, fue publicada en Guamo, año 3, número 3, Santa Clara, enero 2009, p. 2-3.
[10]Resumen de las dos conferencias dictadas por la autora, durante el curso Art Brut: mundos paralelos. Brutalidad y sinceridad en el arte. II Edición. Facultad de Bellas Artes. Universidad de Granada, España, Abril 2018.
Once artistas frente a un contexto Hablar de arte outsider o brut en Cuba, resultaba extraño diez años atrás, cuando empecé mis investigaciones y noté la confusión que existía sobre tales términos.