Saga: Majestic Dragon, Tomos Oníricos.
Características: Ojos negros, en algunos se contemplan destellos y brillos parecidos al firmamento. Piel traslúcida, con un polvo níveo y de brillo sutil que viaja por todo su cuerpo. Su tez varía en tonalidades frías, de cromáticas tenues/pasteles. El cabello puede tener cualquier color, pero siempre en combinación con su piel. Su altura depende siempre del usuario. La piedra en la frente solo es concedida a la sangre real.
Datos: Los celestiales son considerados una raza divina, tocada por Dios. Encargados de mantener el orden y la balanza del universo en perfecta simetría.
Conocidos desde eones de tiempo, y vistos solo por quienes son considerados dignos.
Su fisionomía, a pesar de ser "perfecta", es considerada, por muchos, sinónimo de terror y excentrismo. Una mezcla no propia, que puede resultar grotesca, maravillosa, según de quien la vea.
Zadereen, hijo de Okarin, fue quien visibilizó a los celestiales en su máximo esplendor. No solo se consideraba un dios de su raza, sino el supremo creador y arrebatador, tanto de vidas, como de habilidades.
Fue el responsable de exterminar y extinguir a 100 razas en el pasado, para una mejor armonía para el presente y una nula peligrosidad para el futuro.
Su comitiva (o sus generales) era conocida como la mano de dios; diez guerreros con poderes sobrenaturales, más allá de lo conocido universalmente. Tenía el control sobre ellos, ordenando, amanzanado y aterrorizando a quien fuese.
Pero ¿Qué hacía especial a los celestiales? Bien era cierto que fueron tocados por dios, o, por lo menos, un representante lo suficientemente digno de tal título. No solo eran divinos, bellos e inteligentes, sino que albergaban un conocimiento avasallante. Eran eruditos, sabios, magnánimos conocedores de todas las habilidades concebidas y por concebir, replicándolas sin problemas, incluso, realzarlas a su máximo poder sin tener entrenamiento previo y sin que la raza copiada fuera conocedora de su propio esplendor.
Detallaban, con su vista, metros, razas, puntos débiles, puntos de quiebre, energías, sentimientos, sensaciones y miles de cosas más.
Eran capaces de almacenar ingentes cantidades de información, sin que se tuviera un final o alcanzara un alto. Su longevidad los hacía terriblemente peligrosos, pues no solo demostraban que el universo estaba de su lado, sino que su dureza era inigualable.
¿Qué pasó con ellos? ¿Cómo fue su creación? De la creación no se sabe mucho, pero, como toda mente que se ve tentada hacia la avaricia y el poder, su población, así como la inteligencia, fue degradando y mermando de manera incontrolable. Okarin fue el primero en permitir el casamiento entre razas distintas, creyendo que, después de ello, vendrían nuevas y mejores razas, suceso que nunca llegó, dejando únicamente a Zadereen y a sus tres hermanos como los más grandes e inteligentes del reino, reconociendo, al final, que solo un hijo era digno de su puesto, rezagando a Ultrex, Ad'rax y Rebuz al olvido.
Culminación: Sin embargo, el final de Zadereen fue muy diferente al que se tenía planeado. No solo mucha gente se reveló en contra (movimientos que perecieron por su poder), sino que, sus generales fueron desertando hasta quedar completamente solo, en contra de una corporación llamada: Majestic Dragon, única comitiva de guerreros que pudo hacerle frente y que, con el paso del tiempo, logró encarar a toda una nación de gigantes divinos durmientes, dueños del universo entero. No obstante, ambos líderes de la organización tenían un objetivo, una tarea designada para ese que los odiaba.
Zadereen era una fuente infinita de poder y conocimiento, perder su legado, perderlo a él, solo sería el comienzo de un fracaso, pese a ser él el último enemigo enfrentado —terrenalmente— por dicha corporación. Así que, bajo los astros y bajo las visiones de la oráculo, se encontró una única manera de tenerlo como aliado, y, una vez derrotado, tras incesantes años de combate, fue enviado a Réquiem, convertido en piedra.
En algún punto, el supuesto dios creyó que su plan estaba saliendo a la perfección, pero, dado sus excesivos reseteos de memoria (hecho que hacía para eliminar información y evitar cualquier incidente), no se dio cuenta de que, del ser arrogante y más despiadado de todos, no quedaba nada, despertando completamente distinto, pues convertirse en estatua, aparte de salvar su integridad y poder, también mermaba, poco a poco, parte de su identidad.
Su redención yace en Dichotomy, mi primer libro escrito y el primero de la saga: Majestic Dragon.