8. “Aún te quiero”
Me encontré con mi ex. Esa noche no la saludé, ni la miré a los ojos, pero tomé tanto que lloré, obvio que no frente a ella, porque puedo estar curá, pero siempre digna.
El siguiente sábado la volví a ver, esta vez con su polola. Y la seguí viendo en todos los carretes, pero no me acerqué ninguna vez, hasta que me escribió por whatsapp para pedirme la chaqueta (esta parte de la historia, ustedes ya la conocen).
Llegaron las fiestas patrias, que aunque no celebro para nada, decidí salir de todos modos y con mi hermana fuimos a la casa de un amigo de ella, mi hermana le preguntó si iría mi ex, él le aseguró que no la había invitado y que no creía que iría porque hace mucho que no hablaban, lamentablemente ella apareció de todos modos y yo la weona, apenas la vi, me paré y me fui al baño (aunque no me crean, tenía ganas de hacer pipí, pero lo más probable es que todis en el carrete pensaron que me había ido por ella).
- Hola - me saludó frente a todes cuando salí del baño, sin webear, lo gritó. Sólo le sonreí y moví la mano por la vergüenza.
El resto de la noche fue incómoda a cagar, al parecer ella estaba empecinada en arruinarme el carrete, o al menos, hacerme sentir incómoda.
Durante la canción yo tomo vino y cerveza (creo que así se llama), gritó tan fuerte “maraca culiá”, que llegué a escuchar desde donde yo yacía sentada, a esta altura del carrete yo ya estaba curaita y más cansada que la chucha. Quizás no lo gritaba por mí, pero weón??? pensé que ya estaba obsoleto gritar esa parte de la canción a esta altura de la vida.
Terminó el carrete y a pesar de lo desagradable que había sido, le envié un mensaje y le pregunté si quería hablar conmigo. Me preguntó qué en dónde y le dije que una cuadra detrás de su casa. La esperé un ratito y llegó en el auto de su papá, venía conduciendo a pesar de haber consumido alcohol durante la noche (irresponsable a cagar). Ambas nos sentamos en la acera.
Me habló de ella, me habló de sus amigxs nuevos, me habló bien de algunxs, pero mal de otrxs. Me habló de su polola, me dijo que estaba enamorada, me dijo que estaba bien de salud, que ya no le daban ataques de pánico ni dolores al colón como cuando estaba conmigo, casi dándome a entender que la culpable era yo. Finalmente, fue mi turno de hablar, le dije que aprendí a hacer fideos, que yo también me enamoré y no resultó, y que algún día le devolvería las cosas que ella tanto quería y yo aún conservaba.
Me dijo que se tenía que ir, así que nos despedimos, se subió al auto y se fue. Pensé “me queda un largo camino hasta mi casa”, ya todes se habían ido y eran casi las cinco de la mañana. Me levanté de la acera y empecé a caminar, mientras pensaba en todo lo que habíamos hablado y en que quizás, sólo quizás, aún sentía cosas por ella.
- Súbete, yo te llevo.
Una voz interrumpió mis pensamientos, era mi ex desde su auto. Hice caso y me subí, pues aún quedaba mucho para llegar a mi casa y me daba miedo caminar sola a esas horas de la madrugada. Cuando llegamos finalmente a mi casa, nos quedamos en el auto y seguimos hablando un par de horas más.
- Aún te quiero - admití. - Y no te quiero por los recuerdos o por el tiempo que ambas pasamos juntas, sino que te quiero por lo que eres, por tu forma de ser, por lo que emanas y por lo que entregas.
Patética.
No recuerdo que respondió, pero definitivamente no fue un “yo también”.
Su mamá la había llamado unas veinte veces y ya se le había apagado el celular, era señal de que se tenía que ir.
- ¿Te puedo abrazar? - le pregunté antes de bajarme del auto.
- Prefiero que no.
Mi corazón se rompió.
- Está bien, adiós.














