Regresé después de 2 años a mi ciudad natal, Cali. Me encontré con un montón de cosas que no conocía. Percibí el crecimiento. Pude recorrer nuevamente las calles que tanto añoro, los árboles que recordaba, los atardeceres anaranjados que abrazan a las montañas; pero sobre todo, me reencontré con mis amigos, con mi familia. Pude volver a sentir el calor de mi madre y mi hija —que ahora es toda una adolescente—, sentir esos abrazos que venía necesitando tantos meses atrás. Pude conectarme de nuevo con la naturaleza, pero no con una naturaleza cualquiera: la que me vio nacer. Compartí y recibí tanta sabiduría de mi madre y mi primo, que quedé agradecido por demostrarme que mi ausencia les importa, y desean lo mejor para mí. Gracias a mi primo —que es como mi hermano—, un ser que se esmera porque cada día sean un día especial, y que no es egoísta en compartir el camino que lleva recorriendo hacia la felicidad y la autosanación, me enteré de la existencia de Alejandro Jodorowsky, un personaje polifacético muy lleno de conocimiento. Para mi sorpresa, Jodorowsky, es entre tantas cosas cineasta, y deseo empezar a ver su obra iniciando con la película Santa Sangre, cuya sinopsis me llamó mucho la atención. Quiero compartir un pequeño fragmento de recuerdos que capturé en mi amada ciudad natal.