Querido primer y único amor:
No es la primera vez que miro tu perfil en estos años, pero últimamente te recuerdo con tanto cariño que no pude evitar entrar una vez más y que, esta vez, se me cayera alguna lágrima al volver a vislumbrar tu sonrisa, aunque sea en fotos.
Muchas veces soñé con que volvías, que me podías volver a querer como antes lo hacías porque, si bien estoy segura de que no me amaste como hubiese querido, me quisiste en muchos sentidos y eso, en lo que a mí respecta, es suficiente.
Me acuerdo cuando comenzamos a ser amigos: los dos apenas entrábamos en la adolescencia y, si bien ya teníamos lo que se podría decir ‘’un pasado’’, quería que supieras que la única persona de la que me enamoré -o por lo menos, de la que sentí esos enormes deseos de ser felices juntos- fue con vos. Sí, aunque hayan pasado los años y sepa que estás felizmente emparejado, yo nunca volví a sentir lo mismo por nadie.
Nunca más supe lo que era sentir mariposas en el estómago, estar triste porque esa persona especial no pudiera acudir a verme ni tampoco la emoción como la desesperanza que se puede sufrir en el amor. Y sé que vos no sentías eso conmigo, lo tengo asumido y hoy por hoy -tras muchos años- ya no me duele, porque después de mucha reflexión aprendí que el amor no se fuerza ni se obliga.
También recuerdo todos los errores cometidos por ambos. Yo tan celosa, insegura y triste de que pudieras encontrar a alguien con más cualidades que yo... y lo hiciste, lo cual me dolió, porque eso demostraba que mis inseguridades no eran meras imaginaciones mías: vos eras tan hermoso, un ser tan especial, lleno de desenvoltura y alegría mientras que yo, poco a poco, me convertía en una sombra, observando cómo te marchabas pero al mismo tiempo sin poder dejarte ir, lo que volvió todo más complicado. Estaba tan enamorada que prefería verte con otras personas a alejarme de vos, derivando en un fantasma triste, esperando que, algún día, supieras que aceptaría cualquier cosa con tal de recibir migajas de lo que yo llamaba amor.
Pero claro, las discusiones eran cada vez más pronunciadas. Pese a ser una sombra y por ratos un fantasma, muchas veces no soportaba no tenerte y eso hacía que, literalmente, me volviera loca. Te gritaba, lloraba, me rompías el corazón y luego, como nuevamente no podía tenerte lejos, nos perdonábamos. Sí, los dos, porque ambos nos equivocamos.
Un día, un año o dos después de que esto comenzara, yo misma te pedí que te fueras de mi vida. No querías y, sinceramente, yo tampoco, pero fue la mejor decisión de mi vida porque, pese a que a veces te extraño, a que quisiera saber qué es de tu vida, si de vez en cuando tus pensamientos se trasladas hacia mí, me parece que fue sabio cortar esa dolorosa relación. Nos liberó a ambos de sufrir innecesariamente por algo que, al fin y al cabo, parecía que nunca iba a funcionar, ya que te amaba demasiado y vos me amabas a mí, pero de otra forma, una forma que realmente no aceptaba.
Y a pesar de todo, te doy las gracias. Gracias por enseñarme lo que es el primer amor, el cosquilleo de que esa persona a la que amás te dé la mano, te bese la mejilla... pero que también te enseñe valores que nunca vas a olvidar, porque el primer amor nunca se olvida, menos si es el único. Y ojalá algún día vuelva a amar a alguien tan maravillosamente como te amé a vos, pero de una forma más natural, y entienda que el amor no se ata, no se obliga ni se manipula. El amor es libre.
Gracias, primer y único amor.