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@purpurafrecuenciaa
by Sergey Garifullin
Hoy vi los recuerdos de Instagram y entre ellos una foto de hace dos años. No pueden haber pasado dos años. Corroboré dos veces la fecha. Cada día, cada mes, cada año me doy cuenta de que todo se acelera y no lo puedo frenar. El 2017 había sido de terror y por lógica el siguiente debería mejorar.
Durante tres meses sin parar recorrí calle Sarmiento, caminando por el empedrado y con pocos autos enojados porque ahora la calle es de un solo carril y la gente en auto es gente que siempre está nerviosa y a veces me río porque no pueden avanzar rápido. Por momentos hasta disfrutaba tener que hacerlo y en otros me daba culpa sentirme así. Entre tantas idas y vueltas en mi propio mundo, o el tuyo, divisé esa vidriera. Hacía frío, el otoño estaba instalado en la ciudad por lo que las tardes se hacían más cortas y anochecía más temprano. El local ya estaba cerrado y las luces frías blancas exponían los cuadros que parecían pedir auxilio gritando desde el interior. Cuando ya estaba pasando de largo ahí estaba, en el centro del gran ventanal, El beso de Klimt.
Lo contemplé unos segundos, tomé la foto y seguí mis pasos. Y en el camino me acordé de todos los besos con ruido bañados en perfume y puchos entremezclados que siempre me dabas. Y que el último que te di antes de irme veinte minutos atrás había sido silencioso, insípido y sin fuerzas. Todo había cambiado en esos tres meses, hasta eso y yo lloraba por dentro porque tampoco quería que me vieras así. Sin embargo a vos parecía no importarte decir incoherencias enfrente mío con total descuido y yo no entendía por qué un día dejaste de pronunciar mi nombre o no sonreías cuando llegaba a visitarte. Un puñal en la espalda dolería menos aunque sin aviso, en una ráfaga fugaz. Y yo no quería que te fueras fugaz.
Me costó entender que la felicidad de uno no siempre es la de otro y vos tenías que estar feliz. Al poco tiempo te escribí un poema que no pudiste leer, elijo creer que sí y todo lo que no pudiste decirme en mi interior ya lo sabía.
Ya casi no recuerdo el exterior
El aroma de los eucaliptos
El crujiente sonido del viento queriendo ahorcar sus ramas
El sol de las cinco de la tarde apuñalando las hojas plateadas con sus rayos
Sólo tengo una pequeña planta de menta encerrada en una maceta
que mi madre asesinará para preparar el próximo mate
Me apresuro a olerla antes que se cumpla su fatal destino
y los dientes del cuchillo de cocina la desangren
Es lo único para lo que puedo apurarme en estos días
Para todo lo demás el tiempo transcurre tan lento
que preferiría estar en el lugar de la menta.
El cauce correcto
Me acostumbré a muchas cosas en la vida
pero hay una que siempre me sorprende
Cada vez que miro el río se ve diferente
su esencia se mantiene pero nunca es el mismo
Debe ser que cada vez que me acerco
yo también estoy distinta
muto, germino constantemente
aunque por fuera me vea igual
Me trepo a una de las barandas
intentando buscar mi reflejo en ese espejo infinito
y recuerdo los días cuando éstas ni siquiera existían
paseando en auto asomados por la ventanilla
para ser los primeros en ver un pedacito de agua amarronada
a través de los frondosos árboles
Comprendo entonces cómo dejar esa niña atrás,
que siempre buscó su imagen plasmada
inquieta por poseer una identidad
ha sido el motor para atravesar el tiempo
y convertirse en la mujer que soy ahora
Cada rayo de sol encandila un espectro
de millones de gotas de agua alborotadas
en constante movimiento y excitación
como cada instante efímero de esta vida finita,
como la primera vez que fuimos al parque,
como la primera vez que vimos a Mi nave,
como la primera vez que dormimos juntos
el sol salió diferente esa mañana en plaza San Martín
Una ráfaga de viento sacude mi rostro
la realidad me golpea de repente
anticipando que algo nuevo se acerca
todavía no sé qué es pero me dejo llevar por la corriente.
Para Literatura en Flor. Septiembre 2019.
Los sueños se cuentan para que no se cumplan.
A veces pienso cuando tenga que volver sola del galpón después de estar tres horas parada viendo alguna bandita, esta vez sola, otras con amigas, pero sin vos.
Mi nave ya no existiría, por suerte están les bubis vayins y harían que me olvide un poco de todo, aunque cada vez que suena “A mí me gusta vivir con vos” en mi mente te la dediqué siempre.
Subir por Urquiza sin agarrarnos de la mano para bancar la pendiente aguantando el resabio amargo de la birra caliente en la boca acalorados por el viento en la cara.
Me pregunto
¿Las contraseñas de netflix se borran?
¿O se usan hasta que el otro las cambie?
¿Los libros prestados se piden de vuelta?
¿O terminaré en un grupo de compra venta en facebook esperando conseguir uno parecido?
¿O tácitamente firmamos un acuerdo donde los dos hacemos como si nada?
Pienso, en que ya no tomaría tanto helado de Américo porque no tendría sentido volver a casa con el cuarto derretido en el colectivo.
Y pienso también, en que todas las pizzerías y las hamburguesas que más me gustan quedan cerca de tu casa, alto monopolio en la división de bienes.
Ya no tendríamos que quejarnos tanto de las luces de las calles de pichincha y sus negocios aburridos todos iguales siempre llenos
y que ningún bondi me lleve hasta allá
y no aprenderme nunca sus recorridos
y no poder caminar por la vereda tranquilos entre gente que parece salida del clan kardashian
y desistir
y terminar pidiendo algo que tarde dos horas en llegar.
Me intriga sólo la idea de terminar como dos conocidos que un día se cruzan haciendo las compras en el super en la típica escena de peli donde chocan sus carritos y se presentan a sus nuevas parejas y se hace un silencio incómodo, porque ninguno dice “te presento a tal, yo cogía con él” pero todos igual se dan cuenta y cuando caés hasta te daría cierta repugnancia darle la mano al que ahora toca cada centímetro de piel que antes sentías tuyo.
Pienso que la movi me duraría más tiempo con carga, ya no tendría que esperar bondis de trasnoche gastando el último viaje plus, seguiría sin tomar taxis, eso siempre fue y será de cheto.
Podría estar dos días sin mirar el celular como antes porque no habría nada interesante para ver, las stories de instagram ya no son graciosas si no se las mando a nadie, al igual que todas esas imágenes de gatitos con frases gomosas.
Me permito, por lo menos, guardarme un par de fotos de tu mascota que alguna vez saqué mientras te bañabas para no aburrirme.
Pienso en las veces que de chica les preguntaba a mis viejos, ¿cómo podés dormir con otra persona en la misma cama? ¿no te molesta? ¿no te destapa de madrugada? Bueno, quizás era una cama demasiado grande para los dos y ellos no creían necesario rozarse durante la noche y sentir que el otro está ahí ni tener que calentarse los pies uno con el otro.
Quizás siempre pensé en la idea de dos cuerpos huecos, vacíos, envases helados que invadían sus espacios personales estorbándose entre ellos.
Me doy vuelta y te abrazo. Si hacemos cucharita parece que la cama es más grande. Pienso, qué fría es mi cama. Qué fría es mi habitación. Por eso no te insisto a quedarte aunque podés siempre, antes de que pase algo.
Otra vez la imagen de la pieza fría colándose por mis huesos. Esta noche voy a prender la estufa, la voy a poner al máximo, ¿qué me importa la factura de gas? ¿Qué me importa que el presidente me quiera hacer sentir mal por estar en remera en invierno?
Sí, sí importa, si no la pagás vos nena.
Vení, abrazame y te prometo que la apago.
Julio 2019, o por ahí cuando todavía era invierno.
Hasta siempre Mi Nave
Un día con Martina nos dimos follow en twitter Nos seguimos por Frusciante y porque hasta ese momento era la única persona que conocía (todavía virtualmente) que también usara last.fm. Dentro de su perfil me encontré con un mini universo desconocido de música hasta que un día no aguanté y le pedí con vergüenza que me recomiende algunas bandas, algo así como una transmisión de conocimientos. Necesitaba cambiar de aires, entre horas y horas de My Chemical Romance y John ya me había provocado varios cortocircuitos emo darks lml 666. Entonces un día Martina me hizo una listita de bandas rosarinas para escuchar. Y otro día me dijo “tenés que escuchar a Mi Nave”. Y le hice caso porque me llamó la atención el nombre. Hasta ese día solamente existían los discos Brillante y Estela, y menos mal, porque si hubieran habido más los hubiera recontra desgastado igual que a esos dos; poco a poco se instalaron en mi vida cotidiana y encima hola acá la intensa que una vez que se engancha con algo lo escucha hasta para dormir. Un día salió Tristeza y todo fue una sensación extraña. Parecía que se habían metido en mi mente y con pinzas me habían sacado meticulosamente cada pensamiento para hacerlos canciones. Con Martina nos abrazamos en el galpón cuando lo presentaron porque 1) lo tocaron en orden y entero y 2) los truenos también habían sacado Bronce. Un día (y varios más) después de eso la tristeza me invadió por ráfagas que parecían no acabar nunca, y el disco que lo que menos le encontraba era tristeza era lo que más me ayudaba a sobrellevarla. Un día a la semana de conocerlo le dije a Fabrizio “tenés que escuchar a Mi Nave” Escuchá Tristeza, escuchá Trinchera, Escuchá la parte de adorno con oro las heridas así de lejos se verán Sentí a ver si sentís lo mismo que yo Un día después de insistirle mucho pero mucho, Giulia me manda un mensaje diciendo que estaba escuchando Mi Nave y que empezaba a gustarle <3 Un día Mi Nave tocó en el Macro, bah una de varias, y ahí apareció Camila uniéndose al grupo que a esta altura ya se sentía una reunión de autoayuda. Un día, años después, nos volvemos a abrazar con Martina, con Fabri, con Giulia, con Cami y con un montón de personas más, pero esta vez el abrazo tiene un poco de verdadera tristeza porque Mi Nave anuncia que se separa. Llegó el divorcio, la división de bienes que nadie quiere atravesar, aunque cualquier mili me diga que hay que #soltar, no es tan fácil. Con mezclas de alegría y nostalgia Con desconcierto de no saber qué va a pasar Con la sorpresa de escuchar dos días seguidos Trinchera. Cómo, ¿no era que no la tocaban nunca más? ¿Y hoy la hacen de nuevo? Mi mente se confunde y no confía en esa afirmación que ni ellos cumplieron con apenas veinticuatro horas de diferencia. Entonces no puedo creer que sea la última vez que la escucho en vivo. Me niego a soltar ese pedacito de esperanza de que en unos meses, o años vuelvan a subir a un escenario y empiecen a tocar esos acordes otra vez. Ojala pudiera atrincherarme yo en la puerta de ese lugar horrible que eligieron para despedirse lleno de columnas y paredes desgastadas que no dejan ver nada y humo y cervezas caras y no dejarlos salir, aunque hayan hecho dos bises a pedido de su gente. Al menos nos quedan sus discos para seguir gastándolos por mucho tiempo. Feliz viaje Mi Nave <3
Resurrección
Reabrió uno de mis lugares favoritos de la ciudad donde vivo. Ciudad de la que me quejo todos los días pero al fin y al cabo es mi hogar.
La Biblioteca Argentina fue por años un sitio desconocido para mí, hasta que un día mi madre me mencionó que cuando era chica le gustaba ir a estudiar a un lugar “viejo, todo de madera, y con muchos libros alrededor como en balconcitos”.
Todavía recuerdo la primera vez que mi cabeza apenas sobrepasando el mostrador entregaba a la amable secretaria de anteojos exageradamente grandes una fotocopia del dni doblada al medio y una foto carnet con cara de dormida, mientras revisaba el papel arrugado en el fondo de mi mochila con los requisitos para ser socia y no haberme olvidado de nada. “Te tomo los datos” me dijo, y me sentí importante, como cualquier preadolescente. Para ese momento, yo ya no escuchaba bien qué me decía, sólo veía sus labios moverse y la puerta del montacargas del fondo me distrajo. Detrás de él apenas había una abertura de vidrio que hasta ese momento era la única conexión con la sala de lectura. Me veía como Alicia haciéndose gigante y queriendo entrar por esa pequeña puerta a un nuevo mundo.
Cada vez que entré a ese gran salón se sentía -y se siente aún- como la primera. Como en esos sueños donde uno vuela y puede sentir el vértigo mientras el viento te pega en la cara. La puerta doble se abre y deja al descubierto un espacio de otra dimensión. Mis ojos elevan la vista hasta el techo donde la luz natural baña las paredes blancas y me encandilo hasta las lágrimas. El silencio me abstrae de toda referencia temporal hasta que un crujido del antiguo piso de madera me devuelve a la realidad. Por fin descubro los “balconcitos” que decía mamá y los recorro hasta que algo me llama la atención. Las mesas inclinadas me incomodan un poco visualmente hasta que me ubico en una de ellas y descubro que mis ojos me engañaron una vez más. Como por arte de magia las sillas permiten posicionarse en un ángulo perfecto para apreciar el salón y sus columnas perfectamente distribuidas.
Por años me emociona el ritual de pedir libros, ver cómo los elevan desde el subsuelo misterioso y llevarme a casa un pedacito de ese lugar, hasta el día que los devuelvo y en el colectivo voy pensando cuál me llevaré esta vez. A veces los empezaba a leer en el momento para no tener que volver tan rápido al mundo ruidoso y contaminante que se apreciaba apenas cruzaba el portón de rejas sobre Presidente Roca. Otras sólo me desviaba de mi recorrido para entrar aunque sea por cinco minutos, respirar y sentir que pasaron cinco horas del mundo real.
Me entristece bastante que la reforma haya arrastrado con ella el jardín delantero, bueno tantas cosas lo hacen que ya perdí la cuenta, aunque esta es diferente porque no se puede volver el tiempo atrás. “Y si cuando me reciba propongo su demolición?” deliro. No, ya no sería lo mismo. Ese patio mayormente cubierto por las sombras de los edificios contiguos se llevó consigo tardes de lluvia y lágrimas que dejamos caer sentados en los bancos de cerámicos fríos y húmedos, en los otoños grises rosarinos donde la humedad disimula los llantos plasmados por años. Imagino la cantidad de declaraciones de amor -y desamor- que habrán sucedido y un poco lloro. Pienso en todos esos mensajes escritos con liquid paper en las puertas de los baños donde Gabriel le declaraba amor eterno a Fabiana allá por el 2007 y me pregunto qué habrá pasado con ellos. ¿Habrán construido algo sobre su amor hasta enterrarlo también? ¿Brian se habrá animado a decirle ese “tkm” en palabras a Bianca ese día en 2016 cuando vinieron a hacer un trabajo práctico de ciencias sociales? De cualquier manera, ¿para qué quiero volver el tiempo atrás? Todavía tenemos el jardín sobre Pasaje Álvarez.
Ahogo
Grito pero por dentro
cómo que no me escuchás?!
ah, claro
si vos sabés todo
no te hace falta, evitás
todo contacto posible
te duele, te incomoda, rozás
Rosas con espinas
lágrimas de sangre derramás
mientras tus manos las aprietan
más y más
La lluvia es roja pero no soltás
preferís mojarte, empaparte
para poder sentir algo
porque esa es tu verdad
las gotas resbalan, escapan
hasta cuándo, no vas a parar?
hasta cuándo
reaccioná!
Acá va un título cursi o algo así.
Aquí va el texto.
Fin.
Otra ronda
Otro sueño, otra noche
Sobresalto al despertar
El mismo sentimiento
O si es posible hoy aún más
Otro día, otra noche
Todo gira en un espiral
Me mareo muchas veces
Pero el carrusel lográs parar
Juego eterno todos ganan
Aunque creo quieren más
El comodín nunca sale
Vas a tener que mezclar
A veces te juega en contra
Las sombras tienen el as
Mostrá tus cartas no temas
Todavía podés empatar
El mensaje llegó a tiempo
No te quieras preocupar
Más de lo que mi mente cree
Que es necesario enfrentar
Húmedo
El sabor mentolado de tu boca
aguardando que roce la mía
anticipa el momento
donde se funden en una sola
ni el agua de todos los océanos del mundo
ni todas las lágrimas derramadas durante años
ni la humedad de todos los trópicos
ni la del pavimento de las calles de Rosario
después de una lluvia primaveral
es suficiente comparación
el tiempo parece detenerse infinitamente
sin siquiera abrir los ojos
mi mente graba en hd cada segundo
en la nube de la eternidad
cada sentido de mi cuerpo se agudiza
cada poro, cada cabello,
cada centímetro de piel que rozan mis dedos
y provocan tu risa descontrolada
gigas ilimitados de imágenes que guardo
en la memoria interna de mi cerebro
No me quiero despertar
Centro
Esquina misteriosa
recurrente
contame tus secretos
te juro que no digo nada
como las promesas de colegio,
como las promesas de mejores amigas,
como las promesas de amor,
como prometí que no iba a tomar más
ni llorar al menos por una semana,
esta noche volviendo en el 116 no cuenta.
Carta a mí de algún febrero
no es enojo ni tristeza ni desazón ni nada es que a veces me frustra un poco no tener tiempo para hacer lo que quiero o estar haciendo cosas que no me gustan y empiezo a pensar en que si tengo que vivir toda la vida así no sé si la quiero tanto entonces y me asfixio y me ahogo y no veo la salida entonces esa limitación que de la nada aparece no la sé manejar y me desespera no tener el mismo tiempo libre que tienen todos y me maquino pensando que esas cosas las podrían estar haciendo conmigo y no ya sé que no pero a la vez no puedo reclamar nada sería injusto cargar con algo que no tiene que ver con vos y sí son miedos propios e inseguridades que cualquiera haría tratar con un profesional pero qué lástima no soy cualquiera
a veces tengo ganas de ser cualquiera
Chatarra
Ruido, ruido, ruido
esTÁS SORDO de tanto escuchar
pertenecés a la sensación más vacía
como el contenido de lo que mirás
sobreinformación, pseudoinformación
toma todo, absorbe todo
que nada quedará
igual que una hamburguesa
de local de comida rápida,
chatarra
la sensación de saciamiento,
hambre luego de un momento
QUIERO MÁS!
el falso conocimiento, la mente manipulada
la polarización de los hemisferios de tu cerebro
ya no sabés diferenciar
qué está bien, qué está mal
qué es mentira, qué es verdad
qué es real,
que no grITÁS
Gritar, gritar, gritar
no te vayas a borrar
si te distraés vas a pagar
pagar más a costa de qué
una hora más de rating
a cambio de tu mamá,
un minuto más de cable
se llevaron dos hijos más,
un segundo más de fútbol
te quitó la vida ZAS!
Ahora estás parado enfrente
de la bendita caja, maldita
a tu alrededor no hay más que muerte
pero vos crees que nada te quita
Todavía se resiste,
tu cerebro no asimila
que esos títeres dirigidos
te chuparon como a un zombie
Liquidación por traslado
Me voy bien lejos
A donde no me puedas ver
A donde la vergüenza de ser
Desaparezca y no tenga
Más que mendigar placer
Me voy para no volver
A donde logre olvidar el ayer
A donde no tenga miedo de creer
A darme cuenta de que en realidad
No sos quién aparentabas ser
Me voy pero no te olvides
A donde voy no podré caer
Por fin voy a pertenecer
Dejando atrás el rencor
De las cenizas voy a renacer
Hong Kong © Damien Gosset