"Convengamos que en el plano del discurso todos tenemos bien claras las convicciones y los principios."
Abel Arbeola, La Mutación

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"Convengamos que en el plano del discurso todos tenemos bien claras las convicciones y los principios."
Abel Arbeola, La Mutación
Aquello fue como una revelación, pues él nunca había sentido, en toda su vida, algo parecido: era una sensación tan intensa que dolía, una alegría tan sorpresiva que le hacía daño.
Galeón que viene, Galeón que va
Muchas mujeres pueden presentarse como ejemplo de que el amor tiene por continuación el sufrimiento. Quiero evitar los dos, para que nunca me pueda suceder una desgracia. -Crimilda, El Cantar de los Nibelungos
¡Aquí está todo el daño! ¡En las palabras! Llevamos todos por dentro un mundo de cosas, en cada uno el suyo propio. ¿Cómo es posible que nos entendamos, señor, si en las palabras que yo digo incluyo el sentido y el valor de las cosas tal como yo las considero, mientras quien lo escucha, las asume inevitablemente con el sentido y el valor que tienen para él, de acuerdo al mundo que lleva en su interior? Creemos que es posible entendernos, ¡pero no nos entendemos nunca!
El Padre, Seis personajes en busca de un autor
Fragmento de la obra de Pirandello: “Seis personajes en busca de un autor”
EL PADRE. (Interrumpiendo con vehemencia.) ¡Eso es! ¡Muy bien! ¡A seres vivos, más vivos que aquellos que visten y calzan! Menos reales, quizá; ¡pero más verdaderos! ¡Somos de la misma opinión! Los ACTORES se miran entre sí, sin entender. EL DIRECTOR. ¿No entiendo? Pero si antes dijo... EL PADRE. No me interprete mal. Lo decía por usted, señor, que nos ha gritado no tener tiempo para perderlo con locos, cuando nadie mejor que usted sabe que la naturaleza se sirve de la fantasía humana como instrumento para continuar, a un mayor grado, su obra creada. EL DIRECTOR. Está bien, está bien. ¿A qué quiere llegar con eso? EL PADRE. A nada, señor. Sólo a demostrar que se nace a la vida de diferentes maneras, y en muchas formas: árbol o piedra, agua o mariposa... o mujer. ¡Y que también se nace como un personaje!
La revolución llegó como llegan el sol o la luna, como llueve o hace hambre. Hay que levantarse, o acostarse. O cubrirse del agua, o comer. Así. Yo nunca supe de dónde surgió, pero una vez que estuvo allí, había que entrarle al toro.
La región más transparente
No había rabia en sus caras, ni siquiera odio. Sólo había hambre, algo así como nacer o echarse la bendición antes de morirse, que ya ni quien lo evite
La región más transparente
El pasado ya no existe. Nunca volvemos a ser lo que fuimos.
Marta, El árbol
«Pero mira, Luisa, me dijeron mis compañeras, si alguna vez sientes que los pecados te doblan las piernas y te vacían el estómago, vete al campo, lejos de la gente; busca un árbol frondoso, abrázate a él y dile todo lo que quieras. Pero sólo cuando ya no aguantes, Luisa, pues eso sólo se puede hacer una vez».
Luisa, El árbol
La vida del pobre no es el baile, sino las caminatas sobre las piedras y el hambre.
Luisa, El árbol
El miedo es muy ruidoso, Martita
Luisa, El Árbol
Se hizo mi amigo porque un día nuestras sonrisas fueron iguales.
Cartucho, Nellie Campobello
El dinero hace a veces que las gentes no sepan reír.
Cartucho, Nellie Campobello
¿Será que la tristeza nos hace empequeñecer?
Claudia Celis, Donde habitan los ángeles.
Jeremiah de Saint-Amour amaba la vida con una pasión sin sentido, amaba el mar y el amor, amaba a su perro y a ella, y a medida que la fecha se acercaba había ido sucumbiendo a la desesperación, como si su muerte no hubiera sido una resolución propia sino un destino inexorable.
Gabriel García Márquez, El amor en tiempos de cólera
Mucho tiempo atrás, en una playa solitaria de Haití donde ambos yacían desnudos después del amor, Jeremiah de Saint-Amour había suspirado de pronto: “Nunca seré viejo”. Ella lo interpretó como un propósito heroico de luchar sin cuartel contra los estragos del tiempo, pero él fue más explícito: tenía la determinación irrevocable de quitarse la vida a los sesenta años.
Gabriel García Márquez, El amor en tiempos de cólera
"Cada quién es dueño de su propia muerte, y lo único que podemos hacer, llegada la hora, es ayudarlo a morir sin miedo ni dolor"
-El amor en tiempos de cólera, García Márquez