1 de enero de 2012. Islas del Rosario. Cartagena de Indias. Colombia.
Ahí estaba yo, paseando por las islas paradisíacas del Rosario, después de haberme pasado toooooooooda la noche bailando por las calles de Cartagena de Indias de ron en ron y de aguardiente en aguardiente. De empalmón, nos subimos a un barco rumbo a hacer snorkel (poco recomendado si aun no sabes si sigues pedo o ya estás de resaca) y, después de quemarme con un coral (sí, yo tampoco sabía que el coral quema, pero quema como si te quemaras con un mechero, vamos), y hacer un poco el lagarto para volver a España más negra que el rimmel corrido que llevaba de toda la noche anterior, nos decidimos por dar un paseo por esa playa de arena blanca.
Cámara en mano, una buena dosis de crema del 50 y a hacernos fotos 100% postureo (aunque en aquella época aun nadie utilizaba esa palabra y los selfies se llamaban foto-tuenti).
Empezamos el paseito unos cuantos, pero poco a poco la gente se fue cansando y terminamos mi amigo J y yo descubriendo el Hostel MÁS INCREIBLE Y ALUCINANTE que hemos visto en nuestras vidas. Le hicimos un par de fotos y seguimos nuestro camino.
El sol se había tragado toda mi crema y en lugar de reírme de mis compis de clase, que al volver estarían moreno biblioteca, se iban a reír ellos de mi por mi rojo gambón de cena de navidad… Así que decidí meterme en el agua, que J me hiciese la última foto y volver donde estaba todo el mundo.
Cuando estaba saliendo del agua me di cuenta que no había ni un alma por esos lares… que nos habíamos quedado completamente solos y que si no volvíamos acabaríamos dándole la vuelta a la isla entera…
En ese pensamiento estaba yo mientras le gritaba a J que no me hiciese fotos ridículas saliendo del agua (nadie sale atractivo intentando luchar con el oleaje) a lo que vi, a lo lejos, tres mozos que venían hacia nosotros.
Primera reacción: “uis que miedo!!”
Un segundo más tarde: “no seas paranoica que no tiene por qué pasar nada”
Me acerco a J justo en el momento en el que uno de ellos saca UN REVOLVER y se lo pone a J en la cabeza.
"Denlos las cámaras y cállense la boca!"
Uno a la izquierda de J, el otro enfrente con la pistola y el otro a mi derecha… LÓGICAMENTE J ni lo pensó. Se sacó las correas de la mano y les dio las dos cámaras (la suya y la mía. Si somos tan gilipollas que nos fuimos a pasear con las dos cámaras en lugar de coger solo una). Los tíos siguieron su camino y J y yo, sin mediar palabra, nos pusimos a andar en dirección contraria.
Ninguno de los dos recuerda cuánto andamos, pero no fue hasta un buen rato después que nos paramos, nos miramos y nos abrazamos llorando como bebés.
Cuando volvimos donde estaba el resto de la gente, nadie se creía lo que había pasado. Años más tarde la gente de estos viajes me sigue diciendo “Ah, eras tu a quién la atracaron con una pistola? Lo había oído, pero no sabía quién era” Pues sí, era yo. Y la frase estrella es: “A lo mejor la pistola no estaba cargada”
A lo mejor la puta pistola era de mentira, QUE COÑO ME IMPORTA¿? si me llegan a pedir el bikini yo con mucho gusto habría vuelto con los demás en pelotilla picada, pero con vida.
Me jode porque perdí todas las fotos que había hecho, y que me quedaban por hacer, de aquel viaje inolvidable. Pero aun me jode más cuando alguien me dice: “Y por qué no le pediste la tarjeta de memoria?”
Vamos a ver, ALMA DE CÁNTARO… 3 tíos ENORMES están apuntando a mi amigo con un REVOLVER. Tu te crees que estoy yo como para pedir nada¿?¿?¿?¿?¿?¿? Si por poco no me meo encima!!!
Siempre digo que es una experiencia más, que que levante la mano al primero que no le hayan robado el bolso la noche de San Juan alguna vez, o que no lo hayan atracado en alguna callejuela de su ciudad. En esta vida de todo se aprende y, seamos sinceros, decir que te han robado con pistola y en una playa paradisíaca, pues como que tiene glamour, oiga.
En fin… que empezar el año así está de puta madre, porque sabes que a peor, no puede ir