¡Exacto…! Quién debía de decorar las paredes de la ciudad era el Jóker, o Dos Caras o el Espantapájaros… O la mismísima Harley, pero no, y bajo ningún concepto, la abogada de las causas perdidas pero justas, Dinah Lance. ¿Es que el mundo se había vuelto loco de repente…? ¿Estaba al revés? Cada vez aquella vivencia en Nowhere City parecía más una pesadilla y menos una realidad a la que aferrarse.
-Es un error, lo creas o no… Lo es. Un momento… ¿Iba a ponerse a discutir aquello con semejante lunática? Debía de estar muy desesperada por creer que iba a encontrar algún tipo de consuelo y ayuda en la arlequín. -Dinah jamás haría algo así… No es como tu Puddin. Se podía imaginar que no estaba hablando de su postre…
-Y… Quizás podía sacar de ese encuentro casual… Algún tipo de información… -¿Y no sabes dónde está… tu Puddin?
Harley esperó, esperó a que la chica respondiera su pregunta, mientras golpeteaba con sus manos el bate que la acompañaba ¿en algún momento abandonaba aquel bate? Definitivamente no…
–¿Dinah?- preguntó mientras su entrecejo se fruncía y movía su cabeza de lado, meditando el nombre que había dicho la chica, tratando de unir las piezas del rompecabezas –¿Ella conoce a mi Puddin?- preguntó la rubia, tal vez esa tal Dinah, sabía donde estaba su Puddin –¡NADIE ES COMO MI PUDDIN!- aclaró Harley con orgullo, porque claramente había que estar orgulloso que nadie podía compararse al sentido del humor y hermosura de Mistah J.
El rostro de Harley se adornó con un gran puchero, antes de responder con tristeza –No se donde está mi Puddin- y miró al piso desanimada, ya que tenía semanas buscando a su amorcito –¿TÚ SABES DONDE ESTÁ?- preguntó brincando en ideas de un momento a otro, así como de emociones, algo común en Quinn, sobre todo si se trataba de algo que podía darle esperanza de encontrar a su Puddin, tal vez aquella chica sabía algo y por eso le preguntaba por su adorado Mistah J.