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“La verdad creo que la corona hace mejor tu atuendo, además eres la futura reina ¿no? Tienes todo tu derecho a usarla” asintió suavemente para después verla con toda la atención del mundo, sonriendo ante sus palabras. “Vaya, eso fue muy inteligente”rio mientras aceptaba la galleta que le brindaba, ella adoraba lo dulce. “Ahora se de quien debo permanecer cerca en la fiesta, tendrás el mejor trato de todos” hablo divertida antes de darle una mordida.
“Eso si... pero aún falta mucho para que mis padres dejen el trono, no te hagas ilusiones” agregó con una sonrisa divertida, ahora alcanzando su copa y bebiendo un poco de esta “En teoría a todos deberían tratarnos bien, supongo” encogió los hombros, estaba más que acostumbrada al buen trato de los trabajadores “Pero una sonrisa nunca va de más, eso es seguro”
Princesa Hanna. — saludó cordial, agachando la cabeza levemente en una ligera reverencia. — Bueno, puedes tomarlo entonces como un ‘extra’ a mi agradable compañía, entonces. Aquí estará por si lo quieres. — ofreció con un tono de broma, aunque dudaba que al terminar su propio trago quedara el otro intacto. — ¿Qué tal la está pasando?
“Bueno, muchas gracias igual” levantó un poco la copa, bebiendo al menos un trago de esta “No puedo quejarme, la fiesta parece bastante agradable” encogió los hombros “O sea, me gusta conocer a las personas y después de un par de estos ---agitó un poco la copa--- créeme, me pongo mucho más parlanchina de lo normal” añadió entre ligeras risas, ahora prestándole su entera atención al príncipe “¿Qué tal usted?”
❛ ¿mhm? ❜ cuestionó, y sus ojos azules se achicaron mientras el príncipe se dedicaba a pensar. Segundos después chasqueó la lengua y negó con lentitud, sin idea alguna de como responder la pregunta. ❛ te confieso que no presté atención a nada… ¿Tal vez un primer ministro? ❜
“Bueno, ahora el primer ministro de cualquier lugar nos odia, felicidades” añadió divertida observando a su acompañante, jugueteando un poco con sus dedos después “Es solo que son... tan aburridos” añadió “No sé cómo hacen para aburrir a las personas tan rápido”
—¿Hielos? Claro…— asintió una vez, apenas percatándose del error en que había caído al no colocar un par de ellos en la bebida. A fin de cuentas, era lo que veía en televisión también: esos actores interpretando el papel del héroe, siempre ordenando un whisky en las rocas. —Gracias,— comenzó, antes de escuchar con atención las palabras de la morena, una expresión que dejaba en claro que estaba procesando cada palabra pronunciada con la importancia que algún alumno le da a una clase difícil en la universidad. —Más experta que yo, parece,— halagó con una sonrisa en egipcio, buscando recordar la identidad de la mujer que tenía ahora como acompañante. Algún lugar de Asia, si su memoria no fallaba. No obstante, no iba a arriesgarse a pronunciar un nombre que, tal vez, ofendiera a la otra. Llevó el cigarrillo a sus labios, proporcionándole una calada. —Aunque algo me dice que cualquiera aquí es más experto que yo…— se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. —¿Qué tal la fiesta allá?—
“Es increíble como un par de cositas tan pequeñas hacen la diferencia, ¿Huh?” añadió con una sonrisa delicada, asintiendo a las palabras del contrario “Mi padre es muy bueno con el alcohol-- o sea, no me refiero a que sea un alcohólico ni nada por el estilo pero... ya sabes, disfruta de la bebida” encogió los hombros “Siempre quiso que su pequeña conociera de todo antes de que las fiestas y los peligros comenzaran o algo así” aunque para ella seguía siendo algo demasiado exagerado “La fiesta está bien” exclamó encogiéndose de hombros “O sea, música, comida, bebidas” rodó ligeramente los ojos “Todo lo normal”
— La respuesta corta es sí. La larga es que hay fiestas y fiestas, y aunque haya en todas gente, comida y música, siempre preferiré cualquiera para la que no tenga que vestirme formal, ya sabes —aunque su definición de formal fuese bastante más informal que la media—. ¿Y tú? Y déjame decirte, por cierto, que estás increíble con ese vestido.
“Oh, pero si te ves muy bien vestido así, con tu camisa ficticia y todo” agregó con diversión mientras observaba el atuendo del contrario “Pero entiendo, a veces las cosas informales son mucho más divertidas” accedió asintiendo ligeramente “Muchas gracias, me emocionó bastante que tuviera barbas” agregó jugueteando con los adornos de su propio vestido “Simplemente creí que era algo divertido”
—Sí, bueno, tal vez deberías hablar con la municipalidad para que eviten los fuegos artificiales también. —se burló, obsequiándole una media sonrisa a la morena. —Pero como quieras, en realidad no estoy aquí para discutir de estas cosas con alguien que no conozco, así que… puedes ir a disfrutar de los fuegos afuera, ya veré la manera de conseguirme un encendedor.
“Bueno, por mucho que quiera salvar al mundo de la contaminación y la ruptura inminente de la capa de ozono, creo que eso me calificaría como la peor heredera al trono existente” añadió pensándose bien aquello, ladeando un poco el rostro mientras observaba al muchacho “¿Y crees que me quedaré con la información ahora? En mi país nos tomamos muy en serio los objetos inflamables, si debes saber”
—No tienes que ser ninguna experta, —entrecerró sus ojos, dudaba exactamente que existieran eruditos en bromas adolescentes, aunque ese comentario lo dejó precisamente para él. —Y no, no es peligroso, no pondría en riesgo mi vida o la de mis hermanos. Sólo es un poco de sana diversión.
“Cualquier cosa que involucre fuego y aceleradores es potencialmente peligrosa” quiso dejar aquello en claro, normalmente la morena no se entrometía en esa clase de asuntos, pero bueno, ahí estaba ahora “Además, ¿Cuál es el beneficio de encender eso? ¿No es mejor ver fuegos artificiales o algo así? Digo, están en el exterior y el único mal que provocan es contaminación y bueno, es malo también pero---” aclaró la garganta “El punto es que no deberías tener esa botella en tus manos”
Le miró con curiosidad, ladeando levemente la cabeza hacia su izquierda al tiempo que batía sus pestañas. ❝No tiene por qué entrar en ridículo. Ser de menor estatura no le hace inferior a los demás, señorita.❞ Comentó monótono, bebiendo un poco de ponche de su propio vaso antes de continuar: ❝Pero, si usted desea emplear su preciado tiempo en compañía mía, no pondré ninguna queja.❞ Asintió suavemente con la cabeza y tomó esta última acción como pie para realizar una leve reverencia ante la princesa, recibiendo sus ojos una vez más tras un par de segundos. ❝¿Cree que haya pizza en alguna de las otras mesas?❞
“Eso es lo que tu crees, pero hay que ser realistas, acá todo es un juego de poderes” exclamó despacio, las ideas de su padre ya estaban en su cabeza desde chica, era casi imposible el ignorarlas “El más grande va por el más chico y cosas así, supongo” la idea comenzó a perderse entre sus pensamientos, culpaba a las copas que había tenido antes pero también al hecho de que no le interesaba mucho entrar en ese tema “Mi tiempo no es preciado, así que yo encantada de quedarme aquí” asintió, llamando luego a uno de los meseros “Podemos pedir pizza justo aquí, ¿No crees?” sonrió de lado, discretamente desabrochando las tiras de sus tacones por debajo de la mesa, solo un rato para estar más cómoda.
Aquel nombre hizo que levantara la cabeza en un acto reflejo. Se quedó mirando a Hanna por unos cuantos segundos hasta asentir, aún con la sorpresa en el rostro. “Eso suena bien” respondió con la voz pequeña, asintiendo una y otra vez para convencerse de que había escuchado bien. “Yo también tengo un frasco, pero…” no supo cómo decir lo siguiente sin sonar sospechoso. Su última recaída grave había sido hace meses, él pensó que estaría bien, pero la presión había sido más de lo que esperó y eso solo dio como resultado que la mente de Taeil colapsara. “No puedo tocar mis propios medicamentos si no tengo a alguien al lado” susurró esperando que no lo escuchara. Decidió que ya había dado demasiada pena, así que se incorporó y sacudió sus brazos para dejar de estar tan tenso. “¿Crees que podamos ir ahora?” cuestionó intentando no sonar muy desesperado, pero supuso que sería en vano si ya lo había visto así.
La morena apenas y pudo escuchar las palabras del contrario y tuvo que esperar unos segundos para poder comprender lo que sucedía y es que ella jamás había necesitado las pastillas, no realmente, pero las tomaba para sentirse mejor, para poder salir a la calle y mostrar una sonrisa como era debido. Ahora, tampoco pensaba dejar a Tae solo, así que simplemente asintió y tomó la mano de su acompañante “Anda, vamos, la fiesta no es tan buena después de todo” añadió “Además, siempre podemos pedir que nos preparen una pizza o algo” ofreció con esa pintoresca sonrisa, esa que existía solamente para ayudar al muchacho a sentirse un poco mejor, si e que eso era posible. Hanna estaba curiosa del porqué necesitaría tantas pastillas, pero no quiso preguntar, no era el momento indicado y quizás la vietnamita no era la persona indicada para obtener dicha información.
— ¿De veras? Entonces he acertado a medias, tengo mi parte de mérito —conseguido su objetivo y con una sonrisa traviesa en los labios, se robó el bocadillo para sí—. Me gustan las flores, pero estoy bastante seguro de que no soy yo. Pero puedes quedarte a hacerme compañía hasta que encuentres a alguien a quien sí.
“Es una lástima, al parecer ambos estamos perdidos en este juego” agregó mirando de reojo al contrario, terminando el contenido de su copa en cuestión de segundos “Puedo quedarme aquí, claro que sí” asintió “¿Te diviertes?” se atrevió a preguntar luego “O sea... ¿Te gustan las fiestas?” explicó, ella no era exactamente una fanática, al menos no de verdad. Aunque sí había asistido a varias en los últimos años.
Le dio un gran trago a su bebida casi acabándose el líquido que había en su interior. “Ni yo soy buena bailando pero hago lo que puedo.” Dijo sinceramente, pero tenía demasiada confianza en ella misma para animarse hacerlo además con unas copas más de alcohol y ya no le importaría si bailaba bien o no.
“Bien, entonces vayamos a hacer el ridículo a la pista de baile, ¿Qué dices?” alcanzó la mano de la castaña, jalándola un poco hacia ella mientras caminaba por el gran salón “Además, admito que esta canción me gusta mucho” se vio obligada a elevar la voz, ya estaban más cerca de las bocinas y quería que la contraria le escuchara.
Observó a la contraria, quien definitivamente se estaba dirigiendo a él (sí, había tenido que girar hacia ambos lados para asegurarse de aquello), mientras oía sobre su velada. Esperó unos cuantos segundos luego de que finalizara de emitir sonido alguno para contestar: ❝Debería quitárselos si no contribuyen a su comodidad, señorita.❞ Comentó, para luego tomar un aperitivo de la mesa con su mano derecha, inmediatamente llevándoselo a la boca y devorándolo. ❝Mi noche ha concurrido tal como la suya, no ha de preocuparse. Además, sería ciertamente un desperdicio que nadie comiera esto, ¿no cree?❞
“Pero si me los quito me veré ridícula junto a todos esos príncipes y princesas con piernas kilométricas” si de por si ya batallaba con ese aspecto, contimas si se quitaba su pequeña ventaja “Así que es mejor quedarme aquí con usted y acabar por completo con estos pobres” asintió con una sonrisa, mirándole de reojo “O sea, tiene razón, si no comemos nosotros, probablemente nadie pueda disfrutar de todo este chocolate” añadió divertida.
“Fluoxetina, Fluvoxamina, Alpazopram…” murmuró contra su teléfono. Se relajó un poco con tan solo decir los nombres de sus medicamentos en voz alta, era una reacción pavloviana a los efectos que sabía provocarían en su cerebro apenas los tomara. Se había escapado de la fiesta cuando la música, las voces y las sonrisas lo agobiaron demasiado. Tenía que hacerlo bien, sus padres tenían expectativas en él y Taeil de verdad, en serio quería hacerlo bien, no podía darse el lujo de decepcionarlos otra vez. Pero no pudo. No se sentía bien, se sentía cubierto de un manto azul y frío que lo aplastaba y no le quedó más opción que salir y llamar a la dama de compañía de su hermana para que le llevara sus medicamentos antes de que alguien lo viera. Pero ella no contestó, así que terminó hablándole a nadie y eso solo lo hizo sentir más agobiado hasta el punto de dejarse caer para ocultar su rostro contra sus rodillas. “Fluoxetina, Fluvoxamina, Alpazorpam y un frasco completo de Loracepam” volvió a repetir como una cábala interminable.
La princesa había vuelto a su habitación por un cambio de calzado y es que sí, ella juró que soportaría el peso de aquellos tacones de aguja durante toda la noche pero simplemente no era así, ya con un par de copas encima sus pies estaban matándola, pero aún así decidió volver a la fiesta, asegurarse de encontrar a esa persona con las curiosidades que le habían dado, pero no pudo. No cuando escuchó aquellos nombres y la voz un tanto perturbada que le acompañaban “¿Taeil?” preguntó despacio, apenas acercándose al príncipe “¿Te encuentras bien?” era tonto preguntarlo, pero aún así no tenía otra manera para acercarse a él “¿N-necesitas...” otra pregunta obvia que prefirió no responder “Tengo un frasco de prozac en mi habitación” dijo después, despacio. No era algo que solía contar, pero esas pastillas podían ser de mucha ayuda para la vietnamita.
Con dos vasos de alcohol en vez de uno, como había pedido, consideraba que aquello había sido un pequeño golpe de suerte, o bien, se trataba de alguna estrategia para la dichosa actividad. Romper el hielo era el propósito, ¿no? Y tomarse ambos tragos seguramente estaría mal visto para la primera aparición pública. Se volteó entonces hacia la primera persona que vio, — Hey, tú. Hoy es tu día de suerte. — comentó, mientras ofrecía el cristal.
“Principe Anton” sonrió al escuchar su voz y tomó la copa sin dudarlo dos veces, observó el contenida de esta por unos segundos y luego volvió sus enormes ojos oscuros al contrario “No creo que el alcohol sea parte de mi suerte, si debo agregar” encogió los hombros un poco, había bebido ya lo suficiente y de hecho su cabeza daba un poco de vueltas “Pero la compañía no me molesta, para nada” añadió, no quería ser descortés.