Ser un niño
Es muy extraña la manera en la que nos enfrentamos a la vida. De pequeña creía que los adultos eran realmente geniales caminando con mochilas y una postura única, siempre creí que sabían lo que hacían y yo deseaba eso, deseaba tanto entender el mundo como ellos.
John Green decía: “Los niños sueñan con crecer, pero nadie les dice que crecer es aprender a llorar en silencio.”
Y es que a medida que mi vida avanza más y más, año tras año; puedo darme cuenta que nunca sé lo que hago, la vida solo me pasa y yo sigo esperando que mis desiciones me lleven a un buen lugar pero en realidad nunca tengo idea de lo que sigue a continuación.
Ahora camino como aquellos adultos que miraba de pequeña, admirada de ellos, intento imitarlos esperando encontrar alguna pista de cómo llegar al lugar a donde van pero en mi mente solo se generan cada vez más preguntas y menos respuestas.
Es que en realidad nadie tiene idea de a dónde va, solo seguimos siendo niños encerrados en esos grandes y duros cascarones, esperando que algún día alguien nos encuentre.
Anhelando la travesía de volver a ser niños. No es que vivamos en el pasado pero hay momentos en los que uno de verdad extraña la sencillez de esperar un regalo de navidad o de comer un dulce sin que alguien se dé cuenta, la sencillez de imaginar a lo grande y confiar.
Es que camino en los años y me doy cuenta que es la única vida que viviremos y que jamás, jamás volveremos a ser niños de nuevo.









