Miró a la chica de pies a cabeza y wow, era sorprendente lo poco que cambiaba su atuendo. Asintió con una sonrisa y se quitó del camino de los demás estudiantes que se apuraban a sus clases —Eh, claro, es lo mínimo que puedo hacer por mi compañera de supervivencia —Por dentro era un tema completamente diferente y Damien se preguntaba porqué aún seguía con el acto de chico bueno si podía dejar de actuar y aún así conseguir que la gente le quisiera “Porque es más divertido así” le recordó una vocecita interior —¿Con qué necesitas ayuda?
Estuvo a punto de reírse. No con burla, ni sarcásticamente. Sencillamente aquel campamento había sido el peor de todos, y habían sobrevivido por poquito—. Bueno, el tema es el siguiente —comenzó a decir, señalando la dirección en la que estaba la biblioteca con el pulgar, sobre su propio hombro—. Alguien me jugó una broma, y colocó mis cosas en la parte más alta del estante —relató, aún esperando por saber quién había sido, para devolvérsela—. Y no puedo bajarlas sin tumbar todo lo demás —explicó. Prefirió omitir la parte en la que tuvo que subirse a una silla y, aún así, no llegaba. No era un dato relevante.









