El aire serpentea entre gestos nerviosos hasta dar con aquel individuo. Hembra humana alrededor de 25 años de edad. Ajena a la tensión social del ambiente, curiosa se pasea por la sala, y desinhibida, se sienta frente al piano mientras comienza a tocar y tararear una melodía que no decifro (¿debería conocerla? ¿Ellxs la conocen?)
Las notas brotan del piano como en una escena de ensueño, vuelan por la inmensidad del ambiente distendiendo a los 5 seres que lo habitan ahora.
El piso de madera parece frío y viejo. Líneas agrietadas danzan al son de la música cuando se encuentran con unas pequeñas zapatillas deportivas acompañadas de un pantalón a juego, con una remera a juego, y la expresión dubitativa de un adolescente que probablemente piensa : "podría irme, estoy a tiempo".
Un silencio cautivante baña una dama, absorta en su lectura, calma y elegante, como quien espera teniendo la vida por delante.
Un giro rápido a la derecha, aquella sigue tocando el piano.
izquierda, abajo, izquierda: ojos negros contemplando el mundo sobre el suelo, fantasea despiertx, sueña, como un niño abre sus ojos haciendo una inocente mueca en señal de saludo cuando su observar se entrelaza con el de este chico. Tensión.
Un giro, la puerta se abre:
-Buenas noches, disculpen la demora.
Un hombre en sus 50, ligero, de semblante despreocupado, conserva los ojos de quien ha bailado con la muerte.
En un ruido unánime todos de pie:
- ¡Hola! ¿Todo bien, profe?
El libro se cierra, el piano deja de sonar, los celulares en la sala se apagan, y emerge un silencio absurdo, artificial y eterno.
En esa eternidad las miradas se cruzan, chocan, dan la vuelta, giran, buscan, se encuentran, rebotan, evaden y caen.
Las maderas rechinan muy fuerte, las luces blancas iluminan el lugar dándole un toque escolar, los pupitres se van acumulando uno tras uno contra una dejada esquina. Se amontonan las mochilas y los cuerpos se aglomeran.
Cada cuerpo emana calor, energía que se proyecta en el espacio que cada vez se vuelve más amigable, más cómodo.
Ojos atónitos ante la consigna, se miran en confusión, en complicidad, se preguntan si escucharon todxs lo mismo. La dama y el joven parecen coincidir sin mover los labios, la chica del piano vuelve su atención para encontrarse envuelta en un pacto silencioso, los cinco cuerpos se vuelven en círculo, se observan a los ojos, el ambiente se torna pesado.
Las miradas se convierten en una sola y asienten... sí.
Seguridad total, todos sienten lo mismo.
Esta energía formada en masa comienza a danzar al son del silencio, se traslada tan gentil y decididamente hacia este nuevo cuerpo, extraño y fresco que llegó sobre las agujas del reloj.
De repente 10 ojos se posan sobre él, se siente extraño, mira detrás de él, se vuelve y mueve sus labios a punto de formular una pregunta que no logra crear, inmóvil ante la situación, se reduce a devolver la mirada.
El viento susurra en el pasillo fuera del aula, se oyen pasos arrastrados, apresurados, voces indistintas y puertas que se abren y cierran. Nada de eso podría escucharse si no fuese porque en este aula, el silencio es ensordecedor.
Estos cuerpos se yerguen y alzan la voz en coro:
- Profesor, camine por el espacio.