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janevillanuevas:
What can I do?
¿Opiniones sobre las chicas del pueblo?, ¿alguna de interés en particular?
“Uff, hay demasiadas, ¿no? Tampoco conozco a la mayoría. Pero puedo decir que con Jemma he forjado una especie de amistad, ya hasta tiene memorizado cómo me gusta el café y eso lo valoro mucho. Porque podría olvidársele, ¿verdad? Tambien Gina me agrada, es una chica simpática y con la que es sencillo platicar. Krista, quizás por su formación policíaca, pero no me siento incómodo a su lado. Y a Alexane, la propietaria del ristorante, le agradezco que trajera una probadita de mi cultura materna al pueblo.”
¿Estarías con alguien menor?
“Le tendría que llevar cinco años de diferencia. Ese es mi límite y hasta eso, me lo pensaría mucho. Dirán algunos que la edad es solamente un número, pero yo no lo creo. Uno no vive en vano, ¿eh? Uno madura en base a los golpes que la vida te pone en frente y tarde o temprano la inmadurez de la otra persona va a contrastarse con las experiencias que tú has tenido. Además, por mi trabajo, yo necesito a una persona paciente y confiada de sí misma porque me daría flojera una mujer a la que tenga que estar cuidando como si fuera su padre.”
¿Me dejas tocarte? Te amo en secreto
“¿Qué tal no? Pero gracias, ¿supongo?”
¿hay quienes quieras besar en Wigston?
“Mira, cuando se es adolescente responder a estas cosas es más sencillo, te guías por lo físico y ya está. Hasta tu misma estupidez te arrastra a retos y esa clase de cosas. Y bueno, ¿qué puedo decir? No conozco lo suficiente a ninguna como para fantasear a ese grado. No negaré que hay algunas que me parecen atractivas, pero eso es todo. Tengo formación policíaca, no buscaría meterme con nadie de la que no me sienta seguro. ”
↖ is now accepting curious anons.
kristvh:
—Sin duda que sí, sé que superarás esto. Y si no lo logras siempre habrá un asiento disponible en el bar irlandés para que ahogues tus penas —afirmó entretenida, siguiendo un poco más su broma antes de acomodarse mejor en su asiento— Algo así… Hoy entró una al bar y fue un caos atrapar a la pequeña bestia. Al menos logramos sacarla cuando se lanzó dentro de la chaqueta de un cliente —aseguró jocosa al recordar aquel suceso— ¿y que hay de ti? Lucías frustrado recién, ¿tanto te afectan las ardillas o qué? —Preguntó curiosa mientras miraba fijamente al hombre.
No dijo nada, se limitó a esbozar una sonrisa de media luna. Con la carga de perder a ambos padres a una edad temprana, cualquier cosa que se le presentara en frente por mucho que le provocara algo, jamás sería en aquella intensidad. No se le daba llorar, era más de acciones. Y a pesar de que distanciarse de Mallory, el amor de su vida, fue una experiencia dolorosa, ya contaba con las herramientas necesarias para sobreponerse. Le gustaba beber y a veces, pero por el simple placer, por el sabor; nunca acudiría a un bar con un nudo en la garganta. Bueno, hasta la fecha no había sucedido. “Oh, rayos...” No pudo evitar reírse al escuchar a la mujer, sacudiendo la cabeza en negación. “Espero no haya sido del tipo de cliente fastidioso.” Hizo un mohín, volviendo a negar tras sus preguntas. “Qué va, Krista, las ardillas me dan lo mismo. A mi casa no se meten porque tengo perro. Estoy aburrido simplemente. No me veo aquí mucho más tiempo.” Llegó a Wigston en la búsqueda de lo diferente y aunque era consciente que era un pueblo, le pudo más la curiosidad. “Extraño el ruido. El movimiento y... el crimen, supongo. Por muy terrible que suene.”
victoricl:
apenas poco más de media hora tiene para abandonar el bar, quizás fumarse un cigarrillo, por qué no ver el atardecer, si es que llegaba a tiempo. ni siquiera se había tomado la molestia de cambiar su uniforme, vestimenta completamente negra abraza su figura. maldiciones en francés abandonan sus labios al momento en que cae en cuenta de la falta de encendedor, por lo que no duda demasiado en acercarse a la primer persona que ve, encontrándose con una escena poco inusual en los últimos días. “no esperes mucho, descubrí que no tienen modales.” broma que no llega a ser broma, ya que la tonalidad en su voz carece de diversión o burla, sino que se mantiene estable, neutral. “¿tienes fuego?” inquiere, enseñando el pequeño cilindro de nicotina que se balancea en sus dedos. se olvida de los modales, o del saludo que, si bien escuchó, parte de ella ignora como un acto reflejo.
“Por eso prefiero a los perros.” Simple retórica salió de entre los labios masculinos, esbozando una especie de sonrisa después. Para ser honesto, se sentía más cómodo sin tanta formalidad, acostumbrado desde que se volvió policía a las conversaciones superfluas, sin esperar gran cosa de sus contrarios y él tampoco sin exigir, a menos que, claro, se tratara de un sospechoso y su trabajo dependiera de ello. Meneó su vaso de café segundos antes de elevarlo para darle un par de tragos, achicando sus orbes en el instante que se giró a ver a la joven una vez más. Depositó el vaso sobre la banca, con su diestra rebuscó en el bolsillo de su camisa y una vez que fue invocada la flama, Renzo se lo entregó a la castaña.
xainslie:
iba pasando por ese lugar cuando vio la escena que hablando un poco su corazón y eso solo lo podían hacer sus alumnos. “En su modo te dijo gracias.” le respondió eso antes de saludarlo y le regaló una pequeña sonrisa. “Buenas tardes, Renzo.” lo recordó de aquel día de la fiesta en la piscina. “Estoy bien, vengo del trabajo ¿Y tú? Al parecer estar divertido socializando con las ardillas del pueblo.” bromeó riéndose con suavidad.
Tras las palabras de la cobriza, los ojos masculinos se entrecerraron con sospecha, girándose en busca de la figura animal, por si acaso aún se encontrara a la vista, pero no fue así; tal vez ya había trepado uno árbol. “Yo más bien vi que escapó como un rufián.” Arrugó la nariz, asintiendo. Llevó su vaso frente a sus labios y le dio un trago. “Algo así.” Suspiró con resignación, ladeando la cabeza brevemente. “Hay días demasiado aburridos en Wigston para un detective, ¿sabes?”
lindbcrg:
— ¿en qué otro lugar podría presenciar un acto tan noble? el rey de las manzanas acarameladas dándole de comer a uno de súbditos reales — Cecilia se saltó los saludos cordiales, sobretodo porque ella misma no era una persona cordial, en su lugar, sacó un foto de la ardilla alejándose a brincos, con la galleta entre sus dientes, con la cámara fotográfica que termino descansando en su pecho luego de que la usara — ya en serio, no deberías darle galletas a las ardillas, se volverán adictas, robarán más, quedarán gordas y morirán, entonces tendremos un problema de verdad — dramatizó un poco, pero nadie podría adivinar por la expresión seria en su rostro, sus ojos se mantenían clavados en los ajenos y sus cejas se arqueaban levemente en un gesto escrupuloso.
Movió las cejas, sin inmutarse a las primeras palabras de la castaña. Recordaba que fue lo opuesto, ella se portó más emocionada con las manzanas el día de la feria y si la intención de ésta era fastidiarlo, podía esperar sentada. “Pero en algo sí tienes razón: Soy un rey.” Agregó con un deje ironía, girando los ojos. Estaba lejos de su etapa adolescente, aquella en la que respondió a las comodidades brindadas por su familia y que por la costumbre y la falta de límites llegó a caracterizarse por un ego alterado y una cuestionable conducta. “Es la primera vez que ofrezco algo a una ardilla. Y de tirar los restos de galleta a regalárselo a un animal hambriento, no hay mucho qué pensar.” Dio un par de tragos a su bebida caliente y se encogió de hombros. “No entiendo porqué tanto escándalo con las ardillas. Convivimos a diario con animales más infecciosos como las cucarachas y las moscas, y no veo el drama.”
zxeymiller:
Hacía unas cuantas horas que decidió dejar la comodidad de su hogar para salir, aunque la gran cantidad de ardillas podía ser abrumador, también era un buen panorama para algunas fotos. No le gustaba tanto la fotografía, pero sí tener algo de inspiración al momento de pintar por simple ocio. Su dedo presionaba el botón que disparaba el artefacto cada pocos minutos, y entre esas tomas, logró captar al hombre que alimentaba a una de ellas “Eso fue dulce” comentó, sonriendo, mientras se colgaba la cámara sobre el hombro “Buenas tardes” lo observó durante breves instantes, tomándose la libertad de sentarse a un lado de él “Probablemente vuelva por más, y llegue con amigas o amigos.”
“No, era la galleta la que estaba dulce.” Aseguró con tintes sarcásticos, asomando al instante una breve sonrisa. El ítalo-germano prefería galletas de nuez o de almendras, si acaso de arándanos, pero en la cafetería sólo encontró de chispas de chocolate. El masculino sacudió la cabeza en negación tras escuchar el resto de vocablos impropios, sus orbes fijándose en la de hebras claras. “Estas ardillas vienen del bosque, generalmente no son sociables. Pero, vaya, quién sabe, hemos afectado tanto a la naturaleza que no es de extrañar el comportamiento atípico de los animales.”
daphneclh:
A pesar de no ser una persona fanática del deporte, a Daphne le gustaba dedicar al menos media hora al día para pasear al aire libre y así hacer algo de actividad física. A veces prefiere trotar un poco, pero eso casi nunca ocurría; hoy, extrañamente, sí. Al termino de su recorrido decidió comer una fruta y estirar otro poco. Justo paró detrás de la banca y desde allí alcanzó a ver la escena. “Estas pequeñas criaturitas” empezó a decir mientras rodeaba la banca para sentarse un rato, “son muy maleducadas”, terminó diciendo con un deje de diversión. “Hola… ¿estás aquí solo o esperas a alguien?” Preguntó curiosa, sacando una manzana del bolso que llevaba atado en la cintura.
“Conozco a personas mucho peores.” Torció los labios en una sonrisa de media luna, la atención de sus orbes de vuelta al frente. Hasta la adrenalina de tener al sospechoso dentro de la sala de interrogatorios echaba de menos, la incertidumbre de que nunca sabía con qué clase de monstruo se encontraría. Y tras escuchar los vocablos de la joven rubia, él sacudió la cabeza. “Solo, y no encontré mejor sitio para sentarme a terminar mi café.” Pudo quedarse en una de las bancas de la cafetería, desde luego, pero ¿entonces cuál era la gracia de residir en un pueblo tranquilo si no desafiaba a la rutina de vez en cuando? “¿Y tú, sales a ejercitarte a menudo?”
kristvh:
—Hola, Renzo —saludó con ambas cejas arqueadas tras observar esa pequeña escena del contrario. Tenía que admitir que se le había hecho graciosa y, por lo mismo, no se animó a interrumpir antes—. Estoy bien, gracias, ¿y qué hay de ti? Veo que acabas de ser rechazado por un roedor. Espero logres superar esa indiferencia —mencionó con aparente seriedad al masculino antes de sonreír y ocupar el asiento junto a él.
“Krista.” Saludó una vez que la reconoció, asintiendo con aires de solemnidad. “Ah, sí... Estoy devastado.” Inalterables su voz y semblante, palabras que emergieron desde el sarcasmo. “Pero me sobrepondré, soy un guerrero.” Giró los ojos, esbozando una sonrisa. Alzó su vaso de café para darle un par de tragos, su vista regresando a la mujer. “¿Y qué tal tú? ¿Muchos problemas de roedores?”
halecca:
Aunque no siempre le tocaba a ella cerrar, la verdad era que lo prefería. Estaba más segura si se encargaba de apagar cada uno de los hornos, saber que todos los platos estaban limpios, y que lo que había sobrado (y estuviera bueno) se guardara de la manera adecuada. Era estricta con su trabajo, pero así debía serlo para obtener lo mejor. O al menos eso decía. Cerró la chocolatería con su llave, luego de haber cerrado la anterior puerta, llevando bajo su brazo una caja con chocolate. No fue hasta que escuchó unas palabras que se dio cuenta que no estaba sola, y eso la hizo asustarle. “Oh, demonios.” Maldijo en el momento, apretando más su brazo para que la caja no se le cayera. “Lo siento, me ha asustado horrible” se disculpó, soltando unas risas por el momento. “Buenas tardes para usted también. Primero debo pasar el susto. ¿Qué tal usted?”
Subió una de sus cejas, extrañado de que algo tan simple provocara indicios de temor en la muchacha. Estaban en un parque, un área transitada finalmente; Renzo intentó hacer uso de la educación que le inculcaron en casa. Se encogió de hombros y parpadeó. “No fue mi intención. La vi cerca de la banca y pensé...” Ladeó la cabeza, invocando señas de confusión en sus facciones. “Bueno, realmente no importa. Yo me encuentro bien.” Sonrió ladino. “Imagino que caminaba ensimismada en sus pensamientos, ¿huh?” A veces le ocurría, pero muy contadas. El de hebras oscuras era un individuo que había aprendido a no bajar la guardia, siempre alerta debido a su profesión. “Podría sugerirle fijarse más a su alrededor, por si acaso. Y más si va sola. Wigston es un lugar tranquilo, pero nunca se sabe.”
Se llevó otro bocado de galleta a la boca y dio un sorbo a su ristretto. Ni siquiera tenía un caso de robo para el cual usar de sus habilidades, ¡no había nada! En ese pueblo no existía el crimen, al menos no al nivel que él estaba acostumbrado. ¡Con un demonio! Estaba tan aburrido el día que salió de la oficina para tomarse un respiro y entretenerse con los transeúntes desde una banca del parque. Suspiró hondo y meneó la cabeza. Al girarse, encontró a una ardilla en el espacio vacío a su lado, parada en dos patas, olisqueando. Renzo estiró su diestra y le regaló lo que restaba de su galleta, y después la vio alejarse. “Se dice gracias.” Murmuró divertido, esbozando una sonrisa. No pasó mucho tiempo para percatarse de que ya no estaba solo. “¿Qué tal? Buenas tardes.”
¡Hola!