â Toda relaciĂłn goza, como mĂnimo, de un dĂa estupendo. Quiero decir que, por amragas que sean las cosas, siempre hay un dĂa especial. Siempre nos pertenece ese dĂa. Un dĂa que recordamos. Envejeces y piensas: bueno, por lo menos tuve aquel dĂa. SucediĂł una vez.â









