No hay tiempo para reflexiones sin trascendencia
4:03 pm, como de costumbre se me ha hecho tarde, agarro el morral y salgo de casa como un trueno, al menos se le parece el ruido que he causado al cerrar la antigua puerta de metal. Una vez que estoy sobre la bici empiezo a pedalear rumbo a mi destino como si no hubiera un mañana, al llegar a la avenida me recibe una sinfonía de bocinas de coches y rugidos de motocicletas, la tarde está soleada y las palmeras en medio de las vías contrarias hacen que el trayecto sea formidable. Me detengo con la luz roja y observo morbosamente a los descerebrados para los que la palabra prudencia no existe, esos que ven las señales de tránsito como meros obstáculos que hay que encontrar la forma de evadir.Verde, no hay tiempo para reflexiones sin trascendencia, debo adelantar o darle ventaja al camión de adelante que funciona con diésel si quiero conservar mis pulmones, cof, cof, sigue derecho y aprovecho para cruzar en la esquina, ya me falta poco y me paro en los pedales para apurar el ritmo, faltando poco menos de una cuadra oigo a lo lejos un timbre muy molesto, casi imperceptible pero se me hace familiar, con cada pedalazo se oye más fuerte hasta llegar a ser insoportable y tengo que levantarme de la cama para apagar el (fucking) despertador por tercera vez esta mañana, 8:30 am, sí que se me ha hecho tarde y ya estoy cansado de pedalear.










