Tras el anunciado cierre del Gobierno de iniciar la tramitación en el Congreso de los Diputados del anteproyecto de ley que supondrá el cierre del Consejo de la Juventud de España y dejara a al país como único estado en la UE sin esta institución, no poca gente han sentido curiosidad por el CJE, por lo que es, lo que hace y la utilidad de ello. Generalmente cuando se habla de la utilidad del CJE hacemos referencia al impacto y beneficio que su labor aporta a la persona joven como individuo.
¿Para qué sirve la democracia participativa?, ¿Por qué es importante tener una sociedad civil organizada y con redes establecidas? Dar una respuesta sencilla y breve a estas preguntas en un post es sin duda complejo. Afortunadamente, y en ello internet y los medios de comunicación han tenido un papel determinante, la ciudadanía se desentiende cada vez menos de la gestión pública, de las decisiones políticas que les vinculan. La democracia no es sólo cosa de emitir un voto cada cuatro años sino que hacen falta mayores canales de participación, incidencia y fiscalización
Más allá de ala participación directa en los partidos políticos, uno de los pilares para impulsar sistema más democráticos son por supuesto mecanismos de democracia directa como referéndums, consultas, ILPs etc. que puedan permitir a la ciudanía expresarse en cuestiones vitales y trascendentes. Pero es necesario un mayor número de canales y mecanismos que permitan a la ciudadanía participar de la vida política en la sociedad en la que viven.
Es vital mencionar aquí otro gran pilar a través del cual trasladamos nuestra opinión, la reivindicación, a través de manifestaciones, protestas o cualquier otra actividad en este sentido. La ciudadanía participa en el proceso político de toma de decisiones haciendo ver al legislador o a la administración su desacuerdo con las posturas adoptadas.
Sin embargo en un sistema democrático medianamente decente la administración debe preocuparse por conocer cómo afectan las medidas que adopta a los intereses y necesidades del sector de la población a las que van dirigidas así como cuáles son sus necesidades y sus propuestas. Para ello en el ámbito empresarial han creado todo un ejército de grupos de presión o lobbys que hacen este trabajo, una actividad que en principio no debería ser negativa siempre que se limite a informar y no a imponer , chantajear o corromper al ejecutivo para sus propios intereses económicos y empresariales. Ahora bien, ¿acaso no tenemos derecho los ciudadanos a organizarnos temáticamente y defender nuestros intereses? Eso es lo que han hecho desde hace años todo tipo de colectivos: Asociaciones de Vecinos, Asociaciones de Mujeres, Asociaciones de Estudiantes, Sindicatos de Trabajadores y un largo etc. Una sociedad civil organizada permite impulsar mejores políticas desde las instituciones o desde la reivindicación, para ello es vital que exista un interés común y canales de participación interna.
Pues bien, uno de los colectivos más implicados y que más duramente está siendo afectado es el de los jóvenes. Un colectivo que posee un tejido asociativo con ciertas peculiaridades, por un lado no tiene una misión común, es decir, existen multitud de asociaciones juveniles que trabajan por y para la juventud desde la propia juventud pero generalmente su misión de trabajo suele ser una cuestión concreta muy distinta: la educación para las asociaciones estudiantiles, el tiempo libre para las de TL, la mujer joven para las feministas, cuestiones de índole espiritual para las religiosas, el trabajo para los sindicatos y los jóvenes empresarios, política general para las partidarias, etc.
La gran amplitud de aspectos e intereses que envuelven al colectivo de la juventud, tan diferente y plural a su vez, hacen que la misión de una entidad como la del CJE sea percibida con menor fuerza o claridad que otras asociaciones de colectivos e intereses mucho más definidos. Las propias organizaciones juveniles carecen de una identidad propia como puede ocurrir con las asociaciones de otros colectivos como las de mujer. A esta circunstancia le sumamos la inexperiencia propia de la juventud y el alto índice de rotatividad, al tener un horizonte temporal la participación en este colectivo, convierten a este un sector per se en un sector frágil.
Sin embargo a pesar de estas cuestiones, el tejido asociativo juvenil ha tratado de organizarse en una plataforma que es el Consejo de la Juventud de España, algo que no es innovador porque es lo mismo que hacen otros colectivos como las organizaciones que trabajan en infancia en la POI, las asociaciones de mujeres en el Consejo de la Mujer, etc. Este consejo que en España empieza a tomar forma en cuanto se inicia la reciente etapa democrática, existía ya en otros países europeos con mayor pasado democrático.
Las instituciones democráticas recogieron el testigo y legitimaron al CJE como el interlocutor de las asociaciones juveniles en nuestro país, reconociendo su papel y su valor en la ley 16/1983. Algo que ha sucedido en cada uno de los países de la UE, así como con otros consejos, federaciones, colegios profesionales etc. La administración reconoce que estas plataformas de asociaciones son el interlocutor de referencia para un determinado colectivo.
Una vez explicado esto, bastaría con lo expuesto anteriormente para justificar la existencia e importancia del CJE existencia, una plataforma democrática, abierta y plural que recoge a los colectivos que defienden los intereses de los jóvenes y que está reconocida por la administración. Pero desde 1983 han sido muchas las iniciativas llevadas a cabo. La gran mayoría de ellas no son demasiado mediáticas, ha sido un espacio de discusión donde las distintas organizaciones han podido aprobar posicionamientos comunes, un espacio de encuentro donde organizaciones desde Nuevas Generaciones del Partido Popular a Juventudes Comunistas, pasando por sindicatos, jóvenes empresarios, cruz roja juventud, lgtb,scouts, y un largo etc. ha podido debatir y llegar a acuerdos. Estos posicionamientos han sido trasladados a todas las instituciones con las que el Consejo de la Juventud tiene una relación fluida como el Consejo de Europa, Comisión Europea, Parlamento Europeo, Naciones Unidas, Ministerios, y todo tipo de instituciones. Con la mayoría de instituciones europeas mencionadas esta relación no se basa en meras reuniones informales, sino que existen canales claros de participación donde a través del Foro Europeo de la Juventud, u otros espacios propios el CJE junto con otras organizaciones y consejos de juventud europeos pueden incidir en la legislación o programas europeos que afectan a la juventud.
Pero estos posicionamientos que se debaten en el seno del CJE, no sólo permiten trasladar posturas a las administraciones sino también mejorar e incidir en el discurso de las propias organizaciones. Tener un espacio donde entidades tan distintas opinan, genera que estas aprendan de unas y otras y hagan suyo ciertas posturas. Este debate de posicionamientos, de entendimiento, constituye un auténtico laboratorio de ideas en torno a las políticas de juventud. Un think tank de juventud, único en nuestro país.
Los responsables del CJE, elegidos democráticamente, son responsables de defender también estas posturas antes los medios de comunicación, u entidades del tercer sector etc., generando también una sensibilización a la sociedad y abriendo debates que de otra manera nadie se sentiría capacitado para iniciar.
Por supuesto el CJE no realiza sólo este trabajo, sino que también, al ser una plataforma de entidades juveniles trata de facilitar su trabajo, a través de formación específica para las mismas, capacitación, la prestación de servicios gratuitos, y un largo etcétera. Servicios e iniciativas que deciden las propias organizaciones juveniles, y que cubre aquellas cuestiones que ellas no pueden plantearse de forma individual. Así mismo se trata de fomentar el asociacionismo juvenil para que más jóvenes se asocien y busquen sus propias organizaciones para incidir.
Igualmente esta plataforma ha permitido que se lancen campañas conjuntas en temas concretos, para fomentar la participacion juvenil en elecciones, denunciar la situación de la emancipación, hablar del drama del desempleo juvenil, concienciar sobre la protección ante ETS, potenciar el uso del preservativo, fomentar el respeto y la tolerancia etc.
Pero más que lo que hace, es quien lo hace. Se trata de una plataforma plural, abierta que está legitimada a dar opiniones no manipuladas o partidarias o afines a ningún gobierno. Eso permite que sus estudios sean tenidos en cuenta, estudios como el Observatorio de Emancipación, Observatorio de Empleo Joven, de Vivienda Joven, sobre educación no formal, becas, etc. Han permitido conocer la realidad de la juventud y denunciar sus condiciones de vida.
Probablemente mucho del trabajo que se realiza no se ve, ni se identifica, ya que gran parte de la labor que día a día se acomete desde el Consejo se basa en potenciar y capacitar el trabajo de sus organizaciones, generar discurso y debate político, incidir en multitud de espacios. La gente que ha pasado y participado sabe que las organizaciones juveniles españolas no serían las mismas sin el CJE, que sus dirigentes no serían los mismos sin el CJE y que las políticas de juventud que se han propuesto o llevado a cabo han tenido mucha influencia de ideas del CJE. Esa es su labor, ser un think tank, un laboratorio de ideas, un defensor de los derechos de la juventud, y un ejemplo de cómo gestionar una plataforma pública entendida desde la participacion y la democracia interna así como un canal para aquellos que se quieran organizar en asociaciones puedan incidir.
Pero como esto para algunos no serán más que cuestiones subjetivas difíciles de valorar intentare dar ejemplos concretos aunque reitero que serían demasiados. El CJE fue un pieza clave en potenciar que el servicio militar dejase de ser obligatorio, que se pusieran en marcha la Renta Básica de Emancipación, en la denuncia de la burbuja inmobiliaria y sus efectos para los jóvenes con campañas como las “Kelly finder” o “ayudaviviendajoven”, en denunciar el poco peso que se daba a los jóvenes en las campañas electorales con campañas como “referéndum plus”, en las campañas por el uso del preservativo como el “condoneate” o “seducción redonda”, en incidir en la construcción de políticas públicas de todo tipo por concretar el que exista un “Convención de Derechos de la Juventud en el ámbito iberoamericano”, en los programas europeos como “Erasmus Plus”, o en programas más recientes como la “Garantía Juvenil” o el futuro marco de calidad de becas y prácticas que si todo va bien se aprobara en Marzo. Ha incidido en el tercer sector, abriendo el debate en que las organizaciones juveniles sean más democráticas y empiecen a tratar cuestiones que no tenían en cuenta como el género, la inclusión de minorías, la transparencia etc. Ha fomentado que grandes organizaciones empiecen a considerar el techo de cristal que tenían sus jóvenes, empiecen a trabajar sus problemas o incluso creen espacios propios para los mismos. Ha sido un espacio innovador una institución siempre a la vanguardia de la defensa de los derechos como el matrimonio igualitario, los derechos LGTB, los derechos de la mujer joven etc.
Por supuesto que el CJE tiene mucho que mejorar, al igual que las organizaciones juveniles que lo forman o incluso los propios jóvenes. El CJE tampoco pretende ser el único espacio de participación que existe en una democracia para la juventud, sino que pretende ser un espacio más, un espacio institucional, asociativo y con su particular idiosincrasia. Deberá avanzar en mejorar cuestiones que ya ha detectado pero es un espacio irrenunciable e insustituible. Un espacio que cada vez más países han incorporado por su alto beneficio en la mejora de las políticas juveniles y en potenciar una sociedad civil fortalecida y organizada. Puede que muchos jóvenes que no han participado en una asociación o movimiento juvenil no sepan qué es el CJE y por tanto, ignoren los beneficios que su labor les reporta y no sientan lo que se pierde si desaparece el CJE pero quien sí pierde es el país en su conjunto. Un país cada día más pobre democráticamente cuyas políticas de juventud se las lleva el viento como a las palabras tan manidas de que la juventud es el futuro. Es difícil saber cómo sería una sociedad sin Consejo de la Juventud, o sin cualquier otra organización social, pero prefiero vivir en un país cuyos gobernantes no cuestionen su existencia. Prefiero no pensar como sería un mundo sin sociedad civil organizada.