El campamento de los 40 años
El campamento de verano 2026 de mi grupo Niño Jesús de Praga en Santa Ni fue una experiencia inolvidable, llena de aventuras, aprendizajes y momentos que quedarán para siempre en mi memoria. Todo comenzó el martes 27 de enero, cuando nos reunimos en la capilla para emprender el viaje hacia el lugar del campamento. Desde el inicio, el ambiente estuvo cargado de entusiasmo y alegría. Durante el trayecto compartimos canciones, dinámicas y muchas risas que hicieron que el camino pareciera más corto. Al llegar, cada unidad comenzó a instalarse en sus respectivos rincones, organizando el espacio que sería nuestro hogar durante esos días de convivencia y crecimiento.
Esa misma tarde disfrutamos de uno de los momentos más esperados: entrar al arroyo que se encontraba en el lugar. El agua refrescante y el contacto con la naturaleza hicieron que todos pasáramos un momento increíble. En mi caso, tuve la responsabilidad de ayudar en la manada cuidando a los lobatos, asegurándome de que todos estuvieran bien y pudieran disfrutar de la actividad con seguridad. Después de salir del arroyo, regresamos para bañarnos y prepararnos para continuar con las actividades del campamento, ya completamente adaptados a la vida al aire libre y al espíritu scout que nos acompañaría durante toda la semana.
El miércoles fue, sin duda, uno de los días más especiales para mí. Ese día realicé mi caminata junto con Álvaro, acompañados por Lucas Moreno. Durante esa experiencia cumplimos el último paso necesario para poder realizar nuestra investidura como rovers, completando todas las misiones que se nos habían asignado. Fue un momento muy importante porque representó el cierre de una etapa de esfuerzo, compromiso y crecimiento personal dentro del grupo. Además, durante el camino, Álvaro encontró una horquilla, algo que terminó convirtiéndose en una anécdota divertida de nuestra caminata. Al regresar al campamento, realizamos la cocina sin elementos como parte de las pruebas finales, demostrando trabajo en equipo, creatividad y perseverancia para superar el desafío.
Por la tarde de ese mismo día tuve también la oportunidad de dar una charla a los scouts sobre la comunicación con semáforos. Fue una experiencia muy enriquecedora, ya que pude compartir conocimientos y enseñar de manera práctica algo importante dentro del escultismo. Después de la charla organizamos un juego basado en lo aprendido, logrando que todos participaran y se divirtieran mientras ponían en práctica las señales. El jueves estuvo lleno de juegos acuáticos que trajeron aún más diversión y compañerismo. Esa noche vivimos la esperada noche de talentos, donde cada unidad presentó espectáculos increíbles llenos de creatividad y humor. Por mi parte, ayudé al jefe Miguel a realizar varios trucos de magia, lo que hizo que la noche fuera todavía más especial y entretenida para todos.
El viernes vivimos el tradicional fogón, uno de los momentos más emblemáticos de todo campamento scout. Alrededor del fuego se presentaron muchos sketches y actuaciones muy divertidas que hicieron reír a todos y fortalecieron aún más la unión entre las unidades.
Finalmente, el sábado 31 llegó el momento de desmontar todo el campamento para regresar a casa. Aunque estábamos cansados, también sentíamos satisfacción y orgullo por todo lo vivido. Antes de partir, se realizaron varias ceremonias de pases en las distintas unidades y también ceremonias de premiación que reconocieron el esfuerzo y la participación de todos. De esa manera terminó esta increíble aventura, una experiencia llena de amistad, aprendizaje y recuerdos que siempre llevaré conmigo.
¡Hasta la próxima! Servir
Asunción mayo 2026











