“Un solo minuto” Capítulo 1
Caminé en silencio por los pasillos de mi instituto. Iba solo, pues mis amigos se habían apartado de mí.
Teníamos a Charlotte, cuya era la única mujer del grupo.
Luego estaba Tomas, el cual era divertido y extrovertido, de hecho, era novio de Charlotte.
Y por último estaba Luke. Su nombre en español era Lucas, pero él venía directamente de Inglaterra, y con mis amigos nos acostumbramos a llamarle así.
Hoy era mi cumpleaños, y nadie en mi hogar se había acordado.
Mi familia no era la clase de personas que hacen fiestas sorpresas o cosas así. De hecho, mi madre las encontraba absurdas.
Así que descartaba las opciones de que me hubieran hecho un cumpleaños sorpresa. Solo se habían olvidado...
“¡Derek!” - sentí un grito a mis espaldas. Me voltee extrañado y entonces observé a la chica que se encontraba frente a mí.
Ésta, lucía agotada, y de hecho su respiración indicaba que había corrido o algo por el estilo.
No logré descifrar por qué sabía mi nombre, ya que jamás en mi vida la había visto.
“Soy Dalia. Es un feo nombre, lo sé. Pero lo decidieron mis padres, así que...” - se encogió de hombros restando importancia. “¡Oh sí!” - rió levemente. “Que tonta soy... bueno, soy amiga de Charlotte.”
No dije nada, estaba atento escuchándole.
“Y... ¡Ah!, ¡Me da tantos nervios hablar contigo!” - chilló, volviéndose con su rostro rojo de repente.
“¿Por qué?” - fruncí mi entrecejo y la miré. Era la primera vez que le hablaba a ella...
“Olvídalo. Charlotte dijo que después de clases te vayas directo a casa y que no pases a la casa de Miranda” - al fin explicó ella.
“Uh... okay...” - asentí algo incómodo y confuso.
“Adiós, ten un buen día y...” - titubeó durante unos segundos. “¡Feliz cumpleaños!”
Corrió hacia mí y plantó un dulce beso en mi mejilla.
No me dejó reaccionar, porque se fue al segundo después.
La miré embobado cómo se alejaba. Debía admitir que era hermosa, y no sabía como no le había visto antes...
Aunque yo tenía novia, Miranda, no podía mirar a nadie más.
Bueno, tenía ojos así que... vamos, esto nadie lo sabría.
Pero en un libro que había leído hace poco decía que todo comienza con un simple pensamiento...
“No te quedes parado ahí, estúpido” - escuché una burla, proveniente de los “bromistas chistosos” de mi instituto...
Entonces caminé por el pasillo, decidiendo llegar a mi salón correspondiente.
Cuando llegué, estaba completamente vacío. Elegí un asiento de atrás y me instalé con mis cosas. Mientras las clases aún no comenzaban, estudié para un examen que tendría.
Yo siempre me preocupaba de mis calificaciones, aunque había estudiado en la casa, el repaso nunca estaba demás.
Cuando llegó la hora de comienzo de clases, el profesor entró después que los alumnos. Una chica se sentó a mi lado, era desconocida, pero me era indiferente lo que pasara con ella.
Puse atención a la clase y luego realicé el examen, que en mi opinión, estaba fácil.
Finalmente tocó el timbre indicando el término de clases. Al fin, hoy era viernes, por ende, lo aprovecharía mucho.
Y por aprovechar me refería a que me acostaría tarde y comería muchas cosas deliciosas, como golosinas.
Después de todo, era mi cumpleaños y ya que todos lo habían olvidado, era lo mínimo que merecía...
Salí con mis cosas en mano y cuando iba por mitad del pasillo, escuché la voz que se me hacía familiar...
Me voltee encontrándome con la chica, efectivamente. Ella sonrió, logrando que yo también lo hiciera.
“¿Qué ocurre?” - pregunté curioso.
“Charlotte me ha dicho que te lleve conmigo, porque no iremos a tu casa...”
Fruncí mi ceño, esto era demasiado extraño.
“No me secuestrarás, ¿verdad?” - bromee. No era algo gracioso, pero a ella pareció darle risa.
“Si tienes suerte, no lo haré” - me siguió la corriente.
“Creo que llamaría “no tener suerte” a si no me secuestras...” - murmuré divertido.
“Bueno, veré que puedo hacer” - negó con su cabeza divertida.
Miranda, mi novia, jamás se reía con mis chistes. Era genial que ésta chica lo hiciera.
“¿Vamos?” - asentí. La curiosidad me mataba, así que solo la seguí. “Tenemos un solo minuto, apresúrate” - sonrió, caminando más rápido. Copié su acción.
“Bueno, en un minuto podemos lograr muchas cosas” - murmuré divertido, más en broma que enserio.
“¿Cómo conquistar el mundo?” - sonrió de lado.
Ya estábamos en el estacionamiento, y al parecer iríamos a no sé donde, en su auto.
“Como conquistar el mundo” - reí, como si no le estuviera dando importancia y solo fuera una simple broma.
Pero por dentro, mi teoría de Un solo minuto, estaba siendo aprobada, y de hecho, así fue como nació...