Te platicaré brevemente cómo fueron esos días. Nosotros llegamos un poco tarde, ya habían abierto el lugar y muchísimas personas ya habían llegado. Nos costó trabajo llegar hasta el frente.
Sentía muchas miradas y creo que saludé a algunas que se nos acercaron. No se a cuántas, la verdad únicamente me acuerdo de Mónica, una amiga a la que una vez me llevaste a su casa a visitarla.
Al final pudimos llegar al fondo del lugar dónde alguien nos cedió los primeros lugares de la primer fila. De ahí ya no nos movimos, creo que es en este caso el lugar menos deseado.
Tu hubieras estado muy contento ahí. Hubo cientos de personas, la verdad no se cuantas porque estuve yo la mayor parte en la silla, pero desde que llegué a la Ciudad me habían avisado que la cantidad de personas era mucha.
La gran parte de tus amigos estuvo ahí, el Samuelón, Tavo, Germán, Luis, los doctores Monroy y sus hijos, el Tortuga, en fin, si me pongo a nombrarlos a todos, seguro se me olvidan muchos.
Hubo muchísima gente que no conocía, gente a la que tu conociste y les compartiste un poco de ti y eso bastó para hacerlos tus amigos.
No te puedo mentir, hubo momentos demasiado difíciles. Aunque no lo creas el ver a personas que yo nunca había visto, mujeres y sobre todo hombres acercarse a dónde estaba una caja gris y llorar y ver algo que no creían, que no se explicaban, no es algo que puedas entender.
Contigo hay muchas cosas así, que simplemente no se pueden entender.
Eso era adentro. En la “habitación principal”.
Afuera de ahí el ambiente era peculiar. Por momentos había olas de sentimientos que nos recordaban qué estábamos haciendo ahí, todos juntos, pero también empezaron a surgir los recuerdos y las miles de anécdotas que creaste.
Que la sopa de piedra, el cerro, los guajolotes que los corretearon, los ovnis, en fin. Hubo sonrisas.
La noche pasó. Poco a poco se fueron retirando todos. Hasta dejar únicamente a 3 o 4 personas ahí. Tratando de entender ¿por qué?
Las primeras horas de la madrugada llegaron. Para mi, el clima fue demasiado anormal. Un día antes llovió todo el día dónde yo estaba. Parecía que alguien más que nosotros estaba triste. Pero en la Ciudad donde estabas, el frío era anormal. Para mi era algo exagerado. ¿Por qué?
Con las primeras horas y el sol tal vez empezando a asomarse, llegaron las primeras visitas del día. Muchos solo pasaban a darse cuenta que era cierto eso que decía afuera.
Algunos insultaban, maldecían y lloraban. Otros simplemente estaban impávidos.
Poco a poco fueron llegando más personas que se quedaron a acompañar. Nuevamente hasta casi llenar el lugar.
Algo que pasó fue que llegó una persona a pedir permiso para orar ahí. Dijo que era enviada por el Padre Jeringas. Curioso. Dijo unas palabras muy emotivas.
Las horas siguieron su curso y llegaba el momento de salir de ahí. No sin antes pasar a la capilla a una misa de despedida.
El simple hecho de colocar una camisola a amarilla sobre una caja gris me costó un trabajo increíble. No tienes idea lo que pesaba eso.
Después de ese momento, la ceremonia empezó. Poco a poco fueron llegando más Hermanos y se ponían a los lados y al frente. Todo transcurrió hasta que llegó el momento que yo había escuchado que pasaba, cuando los Scouts están presentes en un acto de este tipo.
Fueron momentos muy, muy emotivos.
Después de que terminó esta ceremonia, fue la última vez que te vi. Fue mi despedida en la que solamente estuvieron presentes tres personas, dos de ellas desconocidas. Fue la última vez que pude tocarte. Aún recuerdo esa sensación. De ahí, partimos hacia un lugar que es tu morada actual. Te soy sincero, a este tipo de eventos solamemente había ido a dos, que yo recuerde. En uno de ellos estuviste presente tu.
Aquí hubo momentos cargados de mucha emoción. Creo que no podía ser de otra manera. Te dedicaron palabras muy bellas y emotivas, incluso te agradecieron por cosas que hiciste sin distinción para con otras personas. Al final así eras tu, no te importaba a quién le ayudabas, lo hacías desinteresadamente y sin esperar nada a cambio. Creo que ese es tu secreto para poder hacerte de tantos amigos.
Al final, el tiempo no perdonaba y teníamos que terminar a lo que íbamos. Tus amigos ayudaron a bajar esa caja al fondo y unos albañiles hicieron su labor de forma rápida, al menos eso creo yo. Creo que mi noción del tiempo no era la más sana.
Cuando ellos terminaron su encomienda, cuando yo creía que todo iba a terminar ahí, nuevamente tus amigos hicieron de la suya y con el cemento fresco, hicieron una decoración muy emotiva en el lugar. Hicieron algunas inscripciones en el sitio y para los que no te conocían, empezaron a explicarlas.
Uno creía que ya no iba a pasar nada, pero nuevamente surgieron tus anecdotas, el momento pasó a ser hasta cierto punto ameno. Platicábamos sobre alguna situación tuya que nos hacía reír aún al pasar de los años. Creo que son de esas joyas que nos quedarán para siempre. De esos regalos que tu sin querer, nos hiciste a todos y nos dejaron marcados indirectamente con tu esencia.
Así fueron esos dos días. Estoy seguro que te hubiera gustado estar ahí, platicando y conviviendo con todos.
Al final, se que nos acompañaste a tu nueva manera de estar con nosotros.
-Hay veces que necesitás leer, y volver a leer. Para tratar de comprender y entender lo sucedido.