El impulso dado por el nacimiento del movimiento "Ni una menos" en 2015, colectivo que surgió para denunciar la violencia contra las mujeres a raíz del feminicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada por su novio, promovió, junto al trabajo permanente de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, una nueva ola feminista en Argentina. Cada vez más mujeres de diferentes edades, contextos sociales y económicos, se animan a formar parte de la llamada "Marea verde" y salir a las calles a exigir la ampliación de nuestros derechos, la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, erradicar los feminicidios, implementar la educación sexual integral, denunciar las violencias de género y reclamar por equidad laboral, temas centrales que se han hecho presentes en las cientas de marchas multitudinarias comandadas por las mujeres a lo largo de estos años.
Y yo aprendí a ser una más dentro de esa marea. Porque nos vimos y nos reconocimos, en lo roto, lo vivo, los sinsabores de un camino compartido, la lucha, el llanto, las vidas perdidas, las dudas, los sueños, los días de sol, en las escuelas, las charlas inesperadas, en el frío, en las violencias, en las zapatillas mojadas y en las caras de otrxs que se hicieron presentes sólo sostenidxs por nuestras manos. Nos buscábamos en todo eso y en tantas cosas más, pero sobre todo nos buscamos y nos supimos encontrar en las calles que juntxs habitamos. Ahí, amuchadxs, vimos cómo cada parte de ese lugar se transformaba en algo nuestro, un grito, un fragmento, mensajes de amores colectivos. Se gestaron emblemas de respeto, compañerismo, valentía, solidaridad, se abrazó al dolor que moviliza. Ahí, cada gesto se hizo carne, porque esas calles eran nuestras y lo sabíamos.
Lo supimos cuando nos miramos con ojos que saben ser sonrisas, cuando no necesitamos de nombres ni palabras para cuidar y ser cuidadxs, cuando caminamos de las manos, cuando compartimos la comida, tomamos, reímos y bailamos, cuando confiamos.
Las calles fueron nuestros esos días en el que fuimos muchas.
Ahora no nos quedan dudas que, sin importar la fecha ni la hora, las calles son nuestras, y las que todavía no lo son, pronto lo serán.