Las fiestas se acercaban, lo cuál quería decir que pronto se cumplirían tres meses desde que habían huído de casa y casi dos desde que decidieron casarse en la noche de Halloween, sin que las familias de ambos lo supieran.
No había sido una decisión precipitada claro está. Mientras el resto de su clase pensaba en cuál sería el siguiente paso en su carrera, Scorpius y ella no dejaban de darle la vuelta al asunto de sus familias. Sus padres eran demasiado testarudos como para siquiera considerar el tratar de ser civilizados el uno con el otro y lo que sus respectivas madres dijeran no haría nada para convencerlos. No lo harían apenas terminaran las clases, necesitaban tiempo para empacar y encontrar el lugar al que llegarían. Ir lo más al Norte, lejos de la ciudad y de cualquiera que pudiera reconocerlos rápidamente sonaba como la mejor idea.
Pero una noticia completamente inesperada terminó por adelantar sus planes. Apenas y le dirigía la palabra a su papá, por lo que salir con ellos para ir a casa de su abuela no era una buena idea. En su lugar, aprovechó el tener el lugar para ella sola y confirmar de una vez por todas si sus sospechas eran ciertas. No pasaron ni dos horas entre el resultado que no esperaba obtener y el haberse aparecido con Scorpius cerca de Inverness, a una corta distancia del pequeño hotel muggle en el que se hospedarían hasta encontrar un lugar para quedarse, aunque definitivamente no cerca de la comunidad mágica de la zona si querían pasar desapercibidos.
Estar lejos de cualquiera que pudiera reconocerlos era primordial en sus circunstancias. Después de pensarlo, discutirlo e incluso analizarlo, decidió que conservaría al bebé. Aunque había hablado con Scorpius al respecto y cómo se sentía con ello, entendía que al final la decisión era únicamente de ella.
Las navidades se acercaban, al fin habían encontrado un lugar para mudarse, mismo que decoraron con algunas cosas que habían conseguido incluída una pequeña bota para la chimenea para el bebé pero no podía evitar sentirse extraña. No había un solo año que no pasaran las fiesta en La Madriguera, algo que no cambió ni siquiera cuando sus primos y ella misma comenzaron a ir al colegio. Todos volvían durante las vacaciones para quedarse en casa de sus abuelos que había sido ampliada con el paso de los años para poder albergar a la familia que parecía que nunca dejaría de crecer.
Lo que desconocía en ese momento era que solo sería el inicio de Navidades poco usuales. Apenas un año después de que Jace naciera Artie llegó para hacerle compañía. El resto de sus hermanos llegaron casi en años consecutivos. Con el paso de los años las celebraciones volvieron a ser escandalosas y llenas de gente. Después de la incertidumbre creyó que todo mejoraría pues incluso sus padres tuvieron que aprender a ser civilizados el uno con el otro por sus nietos. Pero por supuesto no contaba con que las estupideces de Albus y la existencia de Sebastian Kyle fueran a cambiar su realidad.
Ese sería el tercer año que su hija no estaría para celebrar. El primer año pudo entenderlo, la verdad que habían pasado casi veinte años ocultando les explotó en la cara, los niños estaban molestos y Valerie no fue la única que se había ido de casa por esa razón. Pero a comparación de sus sobrinos, sus primos no tenían que preocuparse por la cercanía con el chico Kyle y lo terrible que era para ella.
El segundo año fue, probablemente, el más complicado. Después de haber sido llevada al hospital tras ser atacada y que se le comenzara a señalar como traidora junto con el chico Kyle, él había tenido la audacia de llevársela del hospital. Pasaron semanas antes de tener noticias y saber que ella se encontraba bien, aunque esas noticias nunca llegaron a ella por comunicarse directamente con su hija. El día en que se la llevara del hospital fue la última vez que la vió. Había estado a punto de coincidir con ella el día de la boda de Jace, pero cuando volvió a casa después de dar un paseo con Brienne para distraerla, ella ya se había ido.
— ¡Mamá! — Josie entrando abruptamente a la oficina que tenían en casa la hizo volver a la realidad. No se veía herida o algo parecido, pero definitivamente algo había pasado a juzgar por su tono de voz y lo agitada que se veía.— No lo vas a creer, mira.— Le extendió la publicación, abierta por la mitad, justo en el momento en el que Scorpius entró corriendo también. — ¿Qué pasa? — Pasó la mirada de una a la otra, buscando algo en su lenguaje corporal que pudiera indicarle por qué los gritos, pero nada lo hubiera podido preparar para eso. No era exactamente una novedad ver a alguno de sus hijos en esa clase de revistas pero nunca, ni en un millón de años se imaginó que terminaría encontrándose con algo así.
Una fotografía que ocupaba toda la página dejaba ver a Valerie saliendo de un hotel en otra ciudad, lo cuál no sería un gran problema de no ser por la persona que la acompañaba, y lo que se dejaba ver en una de sus manos. Trataría de buscar una explicación lógica para eso, pero de alguna manera esa revista había conseguido acceder a los documentos oficiales. Hace casi un mes se habían casado, y por lo que explicaba, había sido una ceremonia sin invitados, solo ellos dos.
— Está bien, está bien… Son unos niños y es una tontería. Quiero decir, para eso existe el divorcio, ¿No? — Si ella sentía que estaba perdiendo la cabeza, Scorpius probablemente se sentía diez veces peor. — Josie, ve a tu habitación por favor.— Definitivamente debían hacer algo, pero no podían hacerlo con su hija en el lugar. Se sentó en el borde del sillón, buscando cómo ordenar sus ideas, pero había algo en específico que no dejaba de rondar su mente.— Creo… Creo que tengo que ir a ver a mi madre.— Irónicamente, una de las pocas personas que seguramente entendería cómo se sentía, era a quien le había hecho algo parecido tantos años atrás.








