ryujaee:
Septiembre 16, no iba a olvidarlo. Si bien Ryu no cuenta con una memoria excepcional, es bueno manteniendo presentes fechas y situaciones que, bajo su criterio, se consideran importantes. Y, tomando en cuenta la magnitud en importancia que ha tomado el otro en su vida, definitivamente aquella no es una fecha que vaya a permanecer empolvada en algún rincón de su mente. Después de todo, se trata de ChungHo. El hombre que, sin demasiado problema, logró meterse hasta en la médula de su alma para quizás permanecer más tiempo del que es capaz pensar. Y ahí, entre sus brazos, al pelinegro no le queda duda alguna de esto al ser ahora plenamente consciente de como escalaron las cosas entre ambos. Como, de ser simples conocidos por las calles de Yeonsan, terminaron enredados en piernas y brazos, compartiendo un íntimo y bello momento.
Mantiene sus párpados caídos, con la frente apoyada todavía en la del mayor. Sin embargo, el momento que se da para embriagarse en su aroma y recuperar el aliento, no dura demasiado. Son efímeros segundos los que transcurren, antes de que una vez más las manos de ChungHo se encarguen de aproximar su rostro, en una colisión de suaves y rosados carmines que inician un nuevo beso. Su boca no tarda en amoldarse a la ajena tras un jadeo de sorpresa, por la necesidad en la que ni él se a reparado que tiene por sentirlo todo el tiempo de esa manera. No se queja ni mucho menos, sino que decide simplemente dejarse llevar hasta que su cuerpo y pulmones se lo exijan. Si ha de morir incluso, sobre los labios ajenos, lo hará sin problema. Por ello, sigue el pausado y lento ritmo impuesto esta vez por el mayor; mano diestra abandonando su postura contra su plano y duro pecho, acomodándose suavemente sobre su mentón y parte de su mejilla. La otra, se mantiene haciendo fuerza sobre el cojín, evitando aplastarlo con todo su peso.
Saborea con gusto su lengua y la longitud de sus perfectos fauces, cayendo en la definitiva cuenta de que podría pasar toda la vida haciendo eso. Viviendo de sus besos, de la simple existencia de ChungHo a su lado. Al escuchar sus palabras uno par de momentos después, finalmente es que sus ojos se abren paulatinamente, para fijarse en la mirada que el otro posa sobre él. Una sonrisa casi inmediata, sin permiso, se cuela por sus labios y se alza hacia la derecha, feliz. Él tampoco quiere irse y bastaría solo un par de palabras, para que el otro pueda convencerlo de quedarse de quererlo así. “Yo tampoco quiero irme…” Susurra, quedito. Con ayuda de su mano sobre el cojín se impulsa un poco y cobra una mejor postura, para verlo con más claridad y sin problemas. “Es posible que me lleve un regaño pero — valdrá la pena, si sigues besándome así.” Sus mejillas se encienden de un ligero color carmesí bajo su piel apenas tostada, imitando casi el mismo tono que han cobrado sus labios por los besos compartidos. “Podría decir que estoy con Minkyo ahora. Que me lo encontré en el camino a casa, ellos no van a dudar en creerme.” Propone, esperando en el fondo que eso ante los oídos del oficial no suene como una colosal mentira.
“Solo tienes que decirlo… y lo haré, o acaso ¿no quieres que me quede?” Contrario lo que el oficial hubo confeso tan solo dos minutos antes, esa última pregunta brota de sus labios en un tono meloso e infantil, acompañado de un abultado puchero en sus labios y una mirada de cachorro tomando lugar en sus pequeños y oscuros ojos. “Dí que si.” Despacio, esta vez es él quien deja un beso corto en los labios ajenos. Un toque apenas, dulce y casto.
Apenas el menor comentó sobre sus deseos de quedarse, un cosquilleo recorrió las paredes estomacales del oficial. La idea de que este realmente pasara allí la noche, por más prematuro que se escuchara, despertaba en él ansias por que se concretarse. Con el sonrojo del menor en sus ojos, comenzó a planear todo en su cabeza: qué prendas le prestaría a Jaehyun, en dónde le propondría dormir, a qué hora se levantarían, lo que desayunarían. Pero la vida no era un cuento de hadas, y esto quedó claro para ChungHo en cuanto el otro continuó, mencionando a Minkyo como excusa en vez de decir la verdad a sus padres. Había pasado por alto y prácticamente olvidado aquello por un instante, Ryu era menor de edad. Apenas esto llegó a su cabeza, aquellas cosquillas en su estómago fueron reemplazadas por un firme nudo que siguió hasta su garganta.
Entreabrió sus labios para negarse a la propuesta pero entonces las palabras del otro volvieron a hacerse presentes, insistiendo en que bastaba con que él lo pidiera para que este accediera a llevarse aquel regaño. —Ryu, yo…—Desviando su mirada, recibió aquel corto beso mientras reflexionaba con los ojos ajenos fuera de su visión, pues de no ser así lo más seguro era que acabaría por ceder. —Sí quiero que te quedes. —Reiteró, aunque su tono indicaba que aún no terminaba de hablar. Sus manos dejaron el rostro del otro para pasar a hacer uso de ellas como soporte mientras tomaba asiento en el sofá.
Tenía que poner reglas claras, por lo que se forzó a verlo a los ojos con seguridad simulada, aunque su expresión continuaba luciendo suave. —Pero no hay manera de que te deje mentirles así. —Esbozó una sonrisa entristecida, pues se había llenado de ilusión ante la idea de apenas unos segundos atrás. —Si les dijeras la verdad, por mí no habría problema…pero Yeonsan es un sitio en exceso peligroso; lo hemos vivido juntos. —Su diestra alcanzó el cabello del otro y repartió suaves caricias en este, apoyando su barbilla donde mismo posteriormente mientras su brazo libre lo rodeaba. —Y de ocurrir algo inesperado, si un día ya no aparecieras por ejemplo, ellos deben saber el último sitio en que estuviste. —Explicó su forma de ver las cosas, esperando que el otro no lo odiara por ser un aburrido. Simplemente no podía pasar por alto lo que creía su deber. Si bien hacer lo correcto no solía significar un problema para él, esto comenzaba a hacerle las cosas difíciles.











