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yhosung:
Un suave tono rosado se apropió del lóbulo de su oreja al no pasar por alto el sutil rose contra su pierna, el menor relamió sus labios antes de replicar. “Cualquiera se convierte en egoísta cuando se cansa de obtener a menudo la peor parte del trato” sostuvo con su sonrisa tonta intacta, como si fuese una broma más pese a que eran sentidas palabras las que acababa de decir, Hosung podía en la actualidad jactarse de ser capaz de ocultar sentimientos de molestia o viejos rencores con facilidad frente a terceros, sólo se permitía ser totalmente transparente frete a su familia. Y de verdad que quería golpearse mentalmente por estar recordando algunas vivencias innecesarias en esa situación mas se esforzó por regresar toda su atención a Rowen. “Ah ¿Así que eres posesivo…? Ten cuidado que suelo pegarme como garrapata a las personas así, tengo un muy mal hábito” confesó con gracia chasqueando su lengua, a la par que estiraba su brazo de manera casi perezosa para que el mayor le pasase una de las botellas. “¿Pero cuánto te dura, huh? ¿Hasta encontrar juguete nuevo, o eres de los habilidosos que saben repartir atención de manera equitativa a sus pertenencias? Porque en el caso de los últimos, nunca he conocido a uno que de verdad supiese administrar” si era honesto, algo le decía que en efecto él pertenecía al primer caso que mencionó.
Advierte el rubor sutil. Pasarlo por alto no es una opción cuando se es un observador como Rowen. Los pequeños detalles usualmente quedan registrados en su cerebro. Las reacciones, las palabras, los gestos… La sonrisa que él mismo esboza poco puede hacer para ocultarla cuando se sabe provocador. “Uhm… ¿Entonces, qué malos tratos te han vuelto a ti egoísta?” No debería estar preguntando, pero la curiosidad brilla en sus ocelos. Está probando qué tanta información puede obtener. Quizás salga algo interesante de jugar con los límites. Sin embargo, se permite reír. Las carcajadas son roncas, tintadas de la diversión que su mismo mirar revela cuando cambia la botella de manos y le entrega, gustoso, una. “Hosung, no me molestaría tener a alguien tan bonito como tú pegado todo el tiempo.” Está siendo sincero. El contrario para nada le desagrada. Es todo lo contrario. Está descubriendo pequeños retazos del rompecabezas contrario que le han dejado bastante intrigado. Se hace con una nueva botella para él y, finalmente, opta por hacer compañía sobre el colchón. Con la pared como soporte, sus piernas estiradas en todo su largo y el líquido tinto danzando en sus palmas, el búlgaro busca la mirada ajena cuando da su primer sorbo. “Eso hace que suene como una terrible persona.” Y Rowen posiblemente lo es. Ni siquiera consigue verse ofendido cuando lleva su diestra al pecho. “Lo intento… Lo de repartir atención aquí y allá. Sin embargo, no todo está en mis manos. Tampoco obligo a nadie a hacerme compañía o a permanecer.” Sus hombros se elevan con la indiferencia que realmente no siente. “Hasta las pertenencias se aburren de sus dueños.”
chovee:
Auroras y soles de medianoche inundan su mente cuando llegan al auto, y es que la mención de ambas cosas serían suficientes para convencerlo de irse mañana a Bulgaria si se pudiera, pero no lo hace evidente. Su atención, también, se fija en el auto, tan llamativo como el dueño, y de pronto se cree ese dicho de sus amigos que decían que sus autos tenían que estar a acorde con su personalidad. Si lo viera sin saber que pertenece al búlgaro, se le hacía fácil creer que podría pertenecer a alguien como él. “Buen auto, muy bonito.” Comenta, pero sigue pensando en su conversación anterior y en cómo no cree rescatar nada sobre el otro de las palabras ajenas. Entonces suelta silenciosa risita y aborda el carruaje, como lo llamó su dueño, y espera a que él esté a su lado para continuar el hilo que toman sus pensamientos. Mientras, sus manos acarician el interior del auto, porque no cree nunca haberse internado en uno parecido en el pasado. No para andar en él, de todos modos, y mucho menos luego de que tomó aversión a conducir, adoptando traumas que ni siquiera le pertenecían a él, sino que a un pobre chico desafortunado del que probablemente nunca más supiera algo. “Así que sólo un año. ¿Cuánto ha pasado de ese año? Yo tampoco quería venir a Corea. De hecho, nunca se me cruzó por la cabeza. Mi hermano mayor me dio la idea, y luego le dio la misma idea a mi otro hermano. Así que, aunque me vine solo, ya no lo estoy. ¿Porque accediste a venir si no querías?” inquiere, con un pedacito de su historia metida entremedio. “Si hubieran auroras y soles de medianoche en Chile, seguramente no me venía ni aunque me obligaran.” bromea. “Es que… esas cosas simplemente no aparecen en cualquier lado,” y sí, puede que todavía no puedan abandonar sus pensamientos. “Puras cosas buenas, al parecer, salen de Bulgaria,” achica los ojos y le dedica tal mirada. Sí, tal vez decida salirse con la suya, y que el otro lo haya dicho hace algunos minutos le hace creer que ya comienza a conocerlo por instinto. Conocer de forma física, leyendo pensamientos a través de su lenguaje corporal. “No conozco la playa a la que vamos, pero tal vez cuando se haga de noche se puedan ver las estrellas del cielo coreano.” Apoya la cabeza en el respaldo, en aquel asiento que parece abrazarlo, y le dedica media sonrisa a su acompañante mientras casualmente se pone el cinturón.
“Gracias.” La sonrisa orgullosa pronto se alza, porque las cosas bonitas siempre han sido parte de su debilidad. Aunque no es muy apegado al vehículo, aun podía llamarle “su bebé” si con eso podía alegar ser igual de elegante y estilizado que el automóvil alemán. No tarda en cerrar la puerta, no sin espiar un poco antes de él mismo ingresar. Y descubre algo que pinta, ligera, una sonrisa en el lienzo que es su rostro: Vicente luce bien en el asiento de su auto. Su permite instalarse en el lugar del conductor y ajustar el espejo retrovisor antes de responder. “Unos seis meses… Llegué poco antes del verano.” Musita poco antes de ponerse el cinturón y, finalmente, echar el auto a andar. “Ah, tu hermano… Creo que lo he visto alguna vez, ¿Alexis se llama?” No es que lo conozca en realidad, pero había hecho una casual investigación sobre su acompañante. Preguntas por aquí y por allá le regalaron un poco de información. Pero la cuestión le provoca una contradicción que espera que su rostro no refleje. Le toma un par de segundos tomar una decisión. Quizás no echaría en cara todo, pero ¿qué daño hay en contarle una parte de su verdad? "Lo hice por mis padres. Ellos querían que me diera una oportunidad de "conectarme con mi sangre". Lo que me parece una tontería, si me preguntas. Pero quería darles el gusto..." No menciona que vino acompañado, que esa mujer fue la que rogó por compañía, porque quería reclamar un lugar que no le pertenecía. Lo omitió completamente, porque hablar de Hyuna era suficiente para revólver su estómago y ponerlo de mal humor. Su madre biológica era, simplemente, algo que prefería fingir que no existía. Además, explicarle a Vicente que lo desecharon como basura cuando nació tampoco es algo que le plazca hacer. Quizás es el hilo que sus pensamientos parece querer tomar el que le obliga a tomar consciencia del camino una vez abandonan la Universidad, pero está todavía más consciente de Vicente y sus palabras, simples, le hacen realmente sonreír. “No creo que Chile sea tan malo si tiene personas como tú. Tal vez yo también podría visitar tus tierras alguna vez…” Y la posibilidad le suena bastante atractiva, debe admitir. Sin embargo, la propuesta más próxima se le antoja aún mejor. “Acampar en la playa suena bien, ¿cierto? Ahora que me diste la idea, quizás intencionalmente trate de retenerte hasta que oscurezca y no podamos volver. Espero que no te extrañen mucho si te secuestro por una noche.”
meinicole:
Era una completa ilusa y de eso estaba completamente convencida. Durante el movido viaje, Nicole simplemente apoyó su espalda en el dedo del más grande, esperando a escuchar cuando finalmente habían llegado a su destino. Cuando sintió el ruido de la puerta, Nicole se puso de pie nuevamente, más esto no le duró demasiado puesto que rápidamente volvió a caer sobre la palma de él. La inestabilidad fue demasiada. ‘ ¿Ya hemos llegado? ‘
El trayecto se vuelve corto. La verdad la dichosa habitación no estaba muy lejos, pero Rowen había decidido tomarse su tiempo. Por eso cuando la cuestión de la menor llegó, él ya estaba plantado frente a la puerta que, esperaba, fuera la correcta. “Hmmm... ¿supongo?” Libera una de sus manos, para que la contraria pueda echar un vistazo y confirmar el lugar. “¿Tienes una llave o tengo que tirar la puerta?”
🍋🍯
chovee:
“Me gustan los planetas, los asteroides, los satélites naturales— si con eso te refieres al cielo, entonces, sí, me encanta el cielo. Deva–devetash-tashka. Lovech,” suelta aquellos nombres con la sola intención de oírlos de su propia boca, queriendo imitar la pronunciación como salía de los labios contrarios. Le hacía gracia oírlo de sus labios, sin embargo, y se ríe fugaz, muriendo las carcajadas en degradé. No se le escapa a Vicente esa mirada nostálgica, siendo tan detallista en cuanto a leer personas se trataba, y le vienen recuerdos de su propio país aunque la nostalgia no alcanza sus rasgos. “¿Cuál es punto de interés más recomendable del guía? Yo también quiero saber cosas de ti, Rowen.” Logra notar el puchero, y le enseña sus dientes en una sonrisa, mismos que luego se aferran a su labio inferior. “Dije que no prometía que lo haría, no que no lo haría. Son dos cosas muy diferentes,” pero sí, quería hacer trampa, le había pillado con las manos en la masa. Sentía ganas de soltar esas manos y dejarse llevar por el momento que vivían en ese segundo, y de hecho aflojó (aún más de lo que estaba) el agarre de sus dedos, pero aún así añadió: “Aunque, primero que todo, deberíamos llegar al auto.”
“Justo a eso mismo me refería… También me gustan esas cosas, pero, si te soy sincero, no he salido ni una sola vez a ver el cielo estrellado desde que llegué a Seúl. Pero en Bulgaria solía ver las auroras y los soles de media noche a menudo.” No sabe de dónde ha salido aquel ataque de pura sinceridad. Es casi normal y divertido como las palabras salen, revelando detalles que parecen irrelevantes. Y no pude disimular la risita que tiembla en sus labios. “Oye, tu pronunciación no es tan mala.” Alaba con un guiño, pues los vocablos extrajeron en boca contrario más se le antojan torpes y adorables. Tal vez intente enseñarle búlgaro alguna vez, sólo por el gusto de escucharlo hablar de nuevo. Aunque ha sido él mismo quien ofreció las revelaciones, en realidad no sabe que decir. Cualquier cosa que puede ofrecer sobre sí mismo o es muy poco interesante o terriblemente personal. “¿Principal punto de interés? Hay muchas cosas, no puedo escoger solo una.” Mentiroso natural, sonríe como un felino paseando en la noche. “Estoy estudiando psicología, creo que eso ya lo sabes. Mi intercambio solo va a durar un año y estoy becado en una universidad búlgara.” Suelta datos de manual que poco lo comprometen, sin embargo, decide agregar un poco más. “No quería venir a Corea, pero descubrí que no es tan malo, en realidad.” Y culmina con la insinuación plasmada en sus pupilas y su boca sonriente pronto es apresada. Aunque el tacto no es mucho, consigue robar el néctar de los labios ajenos en un beso antes de que la distancia se interponga. “Ya no debería sorprenderme. Siento que te vas a salir con la tuya aunque yo no quiera.” Fatalista, ni siquiera trata de fingir que aquello le molesta y, sin agregar más, le suelta y comienza el trayecto al estacionamiento detrás de los dormitorios. Son al menos otros cinco minutos los que le toma el plantarse frente aquel porsche azabache, destrabar los seguros y abrir la puerta del copiloto a su acompañante. “Su carruaje está listo, señor Cho.”
meinicole:
‘ ¿Qué estás haciendo? ‘ Nicole exclamó al ver como las manos del contrario se acercaban a su pequeño cuerpo. ¿En qué momento se le ocurrió hacerse pequeña para intentar escapar del contrario? En el momento en el que no pensaba de la manera correcta, claro está. La morena comenzó a patalear dentro de la pequeña jaula echa por el contrario, finalmente rindiendose y sentandose con las piernas cruzadas sobre la palma de él, cruzando sus brazos por delante de su pecho mientras un pequeño puchero aparecía en su labio inferior. ‘ La quince. ‘
“¿Qué no es obvio? Te estoy cargando hasta tu habitación.” Las pequeñas pataditas, aunque no eran dolorosas, sí provocaban que sus dedos amenazara con dejarla en libertad. Así que afianzó sus garras en aquella fortificación improvisada y atravesó el umbral del edificio. “¿Quince? Muy bien, pequeña tinkerbell.” Sin entretenerse demasiado, dejó que la sonrisa fluyera de manera natural mientras se encaminaba a las escaleras. Estuvo tentado a tomar una desviación cuando la puerta de su propia habitación le sonrió en el primer piso, pero estaba seguro de que con aquello solo asustaría más a la castaña. Si quería ganarse su confianza, aquella sería la peor de las maneras.
meinicole:
Nicole subió con dificultad hacia la parte de arriba de aquella banca, poniéndose de pie en el lugar para dirigir luego su mirada al que en aquel momento era al menos mil veces más grande que ella. ‘ Mi habitación está allí, Oppa. No tardaré nada en llegar. ‘ Apuntó con su diminuto dedo hacia la ventana del edificio que estaba atrás de ella, dirigiendo su visión una vez más hacia el moreno. ‘ Estaré bien… ‘
“Hmm.” Con ambas palmas simulando una pequeña jaula, no dudó ni un segundo en enclaustrar a la pequeña. Tuvo especial cuidado en no apretar demasiado para no terminar lastimándola por error y, sin más, se la acercó al rostro para poder observarla entre las aberturas de sus dedos. “No discutas. Además, yo también iba a los dormitorios.” Y, sin más, comenzó a caminar, intentando que la cadencia de sus pasos fuera rápida. “¿Cuál de todas es tu habitación?”
meinicole:
‘ Estaré bien. ‘ Nicole asintió un par de veces con su cabeza, chasqueando sus dedos para, así mismo, usar uno de sus poderes para hacerse en miniatura. Tal como Tinkerbell en Peter Pan. Sus piecesitos se encontraban sobre la banca en la que se estaba apoyando hace un par de segundos atrás y su voz se volvió diez veces más aguda que antes. ‘ Me confundirán con una mosca o algo así… estaré bien. ‘
Los orbes caramelo del mayor siguieron los sutiles movimientos y casi se hubiera sentido impresionado de verla encogerse si la visión de la verdadera forma de las hadas no le fuera conocida. Aun así, colocó ambas manos sobre sus caderas. Aquello era más complicado de lo que esperaba. “¿Tú crees que son tontos? Digo, por supuesto que lo soy, pero cualquier cazador que goce de al menos un poquito de respeto, podría reconocerte sin problemas.” Estaba bastante tentado a atraparla entre sus manos.
onnottoko:
“¿Tomar nota? Mmmmmmm quizá, no lo sé. De vez en cuando suelo salirme con la mía.” Quiere hacerse la interesante, pero la verdad es que esas ocasiones puede contarlas con los dedos de sus manos. Por lo general lo más que consigue es salir a escondidas de sus padres y uno que otro trato por parte de personas que la consideran la cosa más tierna del mundo, pero de ahí a aprovechar oportunidades como su oppa, nunca. No tiene ese nivel de astucia todavía.
“Eso no lo pongo en duda, pero seguro no es por tus méritos, corazón.” Soltó burlesco el mayor. Por supuesto que sabía que Ryusei era lo suficientemente adorable para obtener cosas sin siquiera pedirlas, quizás por eso se sentía decepcionado de que la pequeña no sacara provecho de eso. “Pero no te preocupes, Rowen oppa te a va enseñar todos sus trucos para salir venciendo en la vida.” Con un guiño, terminó por cruzar las puertas de la cafetería. Tal vez de manera inconsciente ya había adoptado, de alguna manera, a la japonesa.
meinicole:
Nicole puso un par de mechones de su cabello tras sus puntiagudas orejas una vez que el chico volvió a aparecer a un lado suyo, más sin embargo, tomó la mano ajena para dejar su brazo a un lado de su cuerpo, negando un par de veces con su cabeza. ‘ Está bien, Oppa… Digo… para eso tengo estas. ‘ Apuntó a su espalda y una vez que se aseguró que nadie los estuviera viendo, sacó sus pequeñas y cristalinas alitas de la chaqueta. ‘ E—estoy bien. Estaré bien. ‘
Su mano quedó volando en el aire, cuando la contraria, una vez más, se alejó de él. “¿Por qué siento como si me estuvieras rechazando?” Creo firmemente que deberías tomar mi oferta.” Su brazo terminó por volver a su costado y descansar ahí. No pudo evitar que sus orbes caramelo le miraran incrédulo, cuando las pequeñas alitas hicieron su aparición. Puede que en esos momentos estuvieran solos, pero había un montón de peligros ahí fuera si alguien más descubría la naturaleza sobrenatural de la castaña. “¿Me estás diciendo que vas a irte a los dormitorios volando? ¿No prefieres gritarle de una vez a los cazadores que eres un hada? Digo, si estás tan ansiosa por que te cacen, creo que eso es más eficiente.”
chovee:
“De alguna manera” repite y recalca con cierta gracia pintada en la sonrisa y en el tono de su voz. “Hago montañismo desde mi adolescencia, justo después de creer que la astronomía iba a ser mi carrera ideal. ¿Cuevas de cuánto? Suenan llamativas, pero tendrás que hablarme algo de éstas cuevas antes de que me decida por las vacaciones—- Algo de eso, o del guía turístico. ¿Conoce otros puntos de interés de Bulgaria que le podría llamar la atención a un estudiante de Geología?” le mira de reojo. Una nota mental se le graba automáticamente: Aprender más de Bulgaria, porque de repente se ve curioso y queriendo saber más, o tal vez fuera que considerara las palabras ajenas. Recibe el abrazo por la espalda y con la sorpresa se le escapan unas risitas, pero termina mordiéndose el labio inferior cuando la voz llega hasta su oído, enviando una electricidad por toda su espina. Sus manos se posan sobre los brazos ajenos, y gira la cabeza en un intento de su mirada por encontrar al otro. “No lo sé. ¿Puedes? Podrías intentarlo, como un reto. Aunque no puedo prometer que yo vaya a hacer lo mismo.”
“De Devetashka.” Repite con diversión el nombre que sale natural de sus labios. “Son enormes, del paleolítico, creo, y tienen lagos subterráneos dentro. A los geólogos los vuelve locos. Seguramente contigo no sería la excepción. Si vas a Lovech, quizás ni siquiera quieras volver... Lovech es donde vivo.” Y no lo pretende, pero su sonrisa es casi nostálgica. Ni siquiera había notado que extrañaba tanto su lugar de origen. “Entonces... ¿también te gusta el cielo?” Se encuentra de nuevo con la curiosidad cosquilleando su lengua, principalmente porque mencionó la astronomía. “Conozco muchos puntos de interés, tanto de Bulgaria como del guía. Si tienes curiosidad, solo pregunta.” El descenso de sus manos se ve impedido, pero él termina por dejar que estás reposen plácidamente sobre el estomago ajeno, presas de las manos contrarias. Y pronto puede ver su reflejo en las pupilas contrarias, que, burlescas, le retan e incitan a entrar de lleno en aquel juego en que ambos se han vuelto especialistas. Y Rowen no duda un segundo en participar, pero hace un puchero para mostrar su descontento ante las reglas. “Así no es como funciona. ¿Por qué yo soy el único que tiene que intentarlo? Suena a que quieres hacer trampa.” Y juguetea con el corto espacio, consumiendo el aire compartido, humedeciendo sus labios para, así, hacer contacto casual con la piel contraria.
meinicole:
Las palabras no pudieron salir de su boca por un par de segundos, atinando únicamente a retroceder la misma cantidad de pasos que el contrario avanzaba hacia ella para alejarse. Tragó saliva fuertemente y negó con su cabeza. ‘ No, Oppa, ya no quiero saber… ‘ Nicole sentía que se iba a desmayar allí mismo. Tuvo que apoyarse en una de las bancas para que aquello no sucediese. ‘ No me siento bien… voy a ir a mi… a mi habitación a—-ahora. ‘ Asintió una única vez, dandose una vuelta un tanto torpe con intenciones de finalmente salir del lugar. Se sentía mareada, aquello no era correcto.
Ni siquiera había hecho mucho, pero, al ver a la contraria, casi sintió que había pasado el limite. Sin embargo, la sensación duró poco. Podía, por supuesto, tan solo dejar a la contraria marcharse. Pero eso sería totalmente impropio para alguien como él. Así que siguió a la tambaleante chica y, al llegar a su lado, pasó su zurda debajo de los brazos, enredándose en las caderas ajenas, alejando, claramente, qué era para que ella pudiera detenerse en él. “Parece que te vas a derrumbar en cualquier momento. ¿y qué tipo de oppa sería si dejó que te caigas o algo por el estilo?”
meinicole:
Su respiración comenzó a agitarse sin remedio cuando notó que la presencia del moreno comenzaba a acercarse en demasía a ella, tensandose de inmediato en el momento en el que sintió algo húmedo rondar por la parte externa de su oído y se alejó de inmediato un par de pasos. El rostro de Nicole se encontraba completamente congelado, sus ojos lucían de al menos tres tamaños más grandes de lo que eran normalmente. Tragó saliva fuertemente. ‘ ¿Q—qué se supone que fue eso? ‘ ¿Dónde estaba todo lo que le habían enseñado sus hermanos? Nicole se encontraba en blanco.
Cuando la castaña saltó lejos, Rowen no pudo evitar sentirse un poco orgulloso. Una reacción, lo que quería. Al menos eso le confirmaba que no estaba perdiendo su toque. Como si fuera inocente de cualquier cargo, el búlgaro elevó sus hombros. “Te estaba enseñando. Pero, por supuesto, fue una pequeña muestra.” No pretendía que aquello le resultarse tan divertido, pero la sonrisa que tiraba de sus comisuras era complicada de ocultar. “No me digas que eso ha sido suficiente para ti.” Inquisitivo, el mayor no dudo en intentar acercarse de nuevo. Un paso a la vez.
meinicole:
¿Qué hacer? A pesar de que los pequeños toqueteos del contrario en su rostro la tomaron por sorpresa, Nicole era una persona bastante curiosa. Era como un pequeño gatito, interesado en saber todo y más cada día. Luego de un par de segundos, la morena asintió un par de veces con sus mejillas completamente enrrojecidas. Parecía una niña. ‘ Está bien, digo… puedes mostrarme. ‘ ¿Qué tan malo sería?
Ah, de verdad... ¿Inocencia, ingenuidad o estupidez? Posiblemente cualquier persona cuerda se hubiera alejado, pero la castaña ni siquiera se inmutó ante su toque. Lo cual, para él, era algo más bueno que malo. Así que sonrió, como el predador que ya tiene la presa en sus garras. Y bajó el rostro un poco, hasta que sus labios pudieran deleitarse con el lóbulo izquierdo. “Estamos en un lugar muy público.” Explicó a media voz, con la risita ronca coronando sus palabras. “... pero si conseguimos una habitación, te mostraré.” Y con eso, dejó que fuera su lengua la que trazara el contorno del oído ajeno. Húmeda, bajó con lentitud. Tal vez así la contraría podría captar un poquito de sus intenciones.
meinicole:
¿Nicole a caso podía estar más confundida? Pensaba que no era posible, sin embargo cuando el moreno finalmente nombró que especie era, la castaña comprobó que de hecho estaba en el limbo, completamente perdida. Negó de lado a lado. ‘ L—la verdad es que no… ¿qué es un nincubo? ‘
Decepción. Eso era la único que sentía en aquellos momentos. Seguía sin entender porqué ni siquiera las criaturas mágicas conocían a los Incubos. ¡Ellos eran una raza bastante genial! Seguramente si le hubiera dicho “demonio” la historia sería distinta, pero eso sería degradarse a sí mismo un poco. Así que el mayor se acercó, invasivo, colocó una de sus manos con suavidad en el rostro contrario. “Incubo.” Corrigió, dejando que el pulgar de su diestra se deslizara por la suavidad del pómulo. “Soy mejor para los ejemplos gráficos. ¿Quieres qué te enseñe?”