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Noé no era un evangelista mundialmente conocido, tampoco dirigía la alabanza en su iglesia, no era un discipulador, ni siquiera estaba frente a un grupo. No poseía títulos de teólogo ni era un predicador que reunía multitudes. Quizá muchos (o la mayoría de nosotros) podríamos pensar ‘‘¡Vaya! Para sus 600 años de edad debería estarse enfocando en algún ministerio, puesto que, como seguidor de Jehová, era menester el encontrarse trabajando para la obra de Dios.’’ Pero claro, seguramente lo diríamos en nuestra naturaleza sin darnos cuenta de que realmente Noé estaba tan comprometido, más que con un ministerio, sino de una intensidad en que fue el único a quien Dios tomó en cuenta. Noé era alguien común.
Entonces ¿por qué Dios lo tomó en cuenta a él si era alguien común? Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová. (Génesis 6:8)
No fue por algo que Noé haya hecho, sino que, más delante, se nos dice que: Y así lo hizo Noé; conforme a todo lo que Dios le había mandado, así hizo. (Génesis 6:22)
Ciertamente, Noé pudo haber desobedecido y a Dios no le costaba nada escoger a alguien más, sin embargo, Noé permaneció en lo que se le pidió y cumplió.
Noé era un auténtico diferente, comprometido con la santidad de Dios. Él no se dejaba arrastrar por la corriente de sus amigos, familiares o conocidos. Y fíjate que ni siquiera se dice que su propia familia fuera como él; si Dios los salvó y los bendijo fue exclusivamente por la vida de Noé.
Como mencionamos anteriormente, Noé era alguien común pero el hecho de servir a Dios lo hizo diferente.
Ahora bien, ¿qué implica ser diferente?
Ser luz en medio de la oscuridad del pecado.
Tener fortaleza en las debilidades.
Poder decir NO a todo lo que corrompe (en cuerpo, mente y espíritu) y decir SI a todo lo que te permite disfrutar de la vida plenamente.
Defender la verdad de Dios entre tantas mentiras y falsificaciones.
Vivir sin pecado entre tanta pecaminosidad.
Sonreír y gozar auténticamente entre tanta falsedad.
Vivir en santidad.
Pagar el precio de no ser entendido por muchos.
Vivir haciendo lo que Dios quiere, pensando como Dios piensa y hablando como Dios habla.
Ser diferente es permitirle al Espíritu Santo gobernar nuestras vidas y que sus frutos se muestren en nuestra manera de vivir todos los días.
¿Estás dispuesto a ser un auténtico diferente?












