De príncipe azul y lobo feroz a bestia.
¿A dónde Dios envió al diablo cuando quería deshacerse de él? Fácil, a la tierra. Así comienza esta conversación en medio de tintos y cigarros sobre lo bueno y lo malo, lo cortés y descortés y en especial sobre el tema más controversial en la vida de una mujer de 32 y un hombre de 26 etarios y unos 33 mentales; ¿las mujeres prefieren un príncipe azul o un lobo feroz?
Desde que el mundo es mundo (para hacer esto más interesante) aunque realmente desde que Disney (o los hermanos Grimm) llegó a nuestras vidas con Blancanieves - para quien no sabe es un cuento plagado de referencias sexuales, conflictos edípicos madre-hija y padre-hija, de los “conflictos” del subconsciente entre el ello y el súper-yo, el narcisismo y todo lo relacionado con el psicoanálisis - “los príncipes azules” comenzaron a transformar la búsqueda interminable del amor y del hombre perfecto que a caballo y con espada en mano (cual guerra medieval) se enfrentara a tus enemigos (traducido en: miedos, dudas, sombras y hasta el baggage de nuestros ex) para luego salvarte y convertirte en la reina. Y no de cualquier Imperio, sino de su vida, y como en todo cuento de hadas; un final monótonamente feliz. (Al menos inconscientemente todas esperamos esto)
Por otra parte, tenemos al tan temido lobo feroz (Caperucita- vamos Disney ¡córtame el cuentico!) que se mangia a la abuela y luego va por Caperucita. Psicológicamente hablando, el lobo feroz no es más que el reflejo real de naturaleza persuasiva del hombre, que no tiene como último propósito devorarla por la fuerza, sino "convertir" a la mujer voluntariamente en su víctima. Es decir, aquel hombre “perro, latin lover, que está tan bueno pero (en alguna parte tenía que dejar la caca el perro) nos envuelve a tal punto que una vez que caíste en las redes, es imposible salir ilesa de ellas (o sufres o gozas y muy posiblemente ocurran las dos) y como de vez en cuando las mujeres ( y me incluyo) disfrutamos de un Lobo bien feroz, y a pesar que hace mucho tiempo dejo de ser el malo, para ser el que te come mejor, te huele mejor y hasta te coge mejor, Sabemos que no pasará más de un “ no eres tu soy yo” (por aquello de la comunicación, las bolas mal puestas y los hombres) y el ciclo de búsqueda comienza nuevamente, no sabes qué quieres exactamente, pero vas con todas. Y te das cuenta que el hombre mutó, ya no es ni príncipe ni lobo feroz (ojo de que existen, existen. Sólo díganme ¿dónde? para dejar el Luis XV con mi Instagram y mi Facebook para que me vaya stalkeando) ahora existe una nueva raza “los bestia”.
Mitológicamente hablando, los hombres bestias, son conocidos como minotauros; mitad hombre mitad toro que según cuentan, tienen una ansia constante de sangre caliente y carne roja. Sin embargo, volviendo a los cuentos de hadas, hago énfasis en la película que da justamente en el clavo La Bella y la Bestia (película que por ser la mayor de la camada, vi unas 30 veces) que dentro de lo “normal” sale del prototipo perfecto, mostrando a un hombre rudo que no por elección sino por consecuencia se convirtió en la tan temida bestia del pueblo. Pero que al darse el permiso de conocer, Bella se percató de; “Qué gran bondad se esconde allí aunque al principio rudo y malo lo creí. Ahora sé que no es así y me pregunto por qué antes no lo vi”. Este tipo de hombre, que se esconde tras sus capas conserva la esencia del príncipe azul, del hombre soñado y la rudeza del lobo feroz. Es un hombre que se ha topado con brujas, ha peleado con dragones y de vez en cuando se ha disfrazado de Power Ranger (por aquello de comer monstruos) pero aun así mantiene la convicción que ni princesa, ni bruja. Una mujer alfa, decidida, segura, con amplio espectro, visión futurista, divertida, algo soñadora, con grandes historias que contar y algunas por olvidar, con largos caminos y también con muchos atajos, de esas que no nos duele mostrar nuestras cicatrices. Encajaría perfectamente en el rompecabezas de su vida.
Los cuentos no son solo cuentos, son terapia para el receptor pues encuentra sus propias soluciones mediante la repercusión que la historia tiene en su propia vida. “No es un gallardo príncipe pero algo hay en él que antes no lo vi”. Exactamente, no es un gallardo príncipe, no es un lobo feroz es simplemente la consecuencia de acciones previas, de vivencias, de experiencias que lo han llevado a encontrar un equilibrio entre lo que fue y lo que no quiere ser, un punto perfecto de inflexión que influye de la forma más ecuánime en el poder de elección y decisión de la mujer.
Ni hadas madrinas, ni enanitos, ni espejito, espejito. Ni cuentos de segunda, mentiras piadosas, ni trucos de Houdini. Un hombre capaz de compartir experiencias, un hombre con las bolas en su lugar para decir cara a cara lo que busca, que disfrute el tiempo contigo y que te haga el amor como el hombre de las cavernas, ¿y por qué no? Te despierte con un beso, sin duda alguna es lo más atractivo que puede llegar a la vida de una mujer, que como yo aún espera a “Adam”, mientras que las princesas duermen y las brujas hacen de las suyas. Y si me preguntaran nuevamente ¿las mujeres prefieren un príncipe azul o un lobo feroz? Sin duda alguna diría que los prefiero Bestia.