Se imagina que el trabajo en cocina debe ser arduo, que puede ser complicado tendr la cabeza fría entre los gritos de sale tal platillo para la mesa tal, o el típico voy. Y cuando fallan las cosas también debe ser muy difícil, ahí cuando se pierde un anillo dentro de una salsa y debe tirarse el contenido de la olla, o cuando uno se pasa de sal por estar desconcentrado, pensando en el siguiente movimiento. Le sonríe a la contraria. — ¿Qué has traído hoy para tu almuerzo? —Indaga, curiosa. Quiere saber si prepara sus propias viandas con días de antelación o si prefiere algo sencillo para hacer valer el tiempo. Salomé se olvida de seguir calentando el cuerpo, queda con los brazos en jarra y la respiración controlándose en un vaivén de nariz y boca. Se siente poca cosa en las biker y el top sencillo, el pelo atado, cosa que sólo se ve en eventos como estos pues no le gustan sus orejas. —Cuando salgo de Azure Acres, donde vivo, es para venir aquí o a la playa. —Sin contar, claro, los eventos obligatorios. Fuera de eso, ¿por qué elegiría salir? Se explica: —Tengo vista al lago artificial por lo que no suele apetecerme ir a otro lado, teniendo esa panorámica. —Es artificial, pero es agua, a Salomé le parece majestuoso por ese simple hecho. Mueve el pie para despejar una piedrita del camino, si bien no se mueve en lo absoluto. —Trato de hacerlo. —Responde entonces, sin levantar la vista. Está condensado su cerebro en Malibú. Ahí se encuentra ahora, respirando el oleaje salado y observando la vista desde el jardín trasero de su casa, hogar que ha vendido y que aun así no puede dejar atrás. Ya no se sentía segura en él, por eso se mudó aquí y puso el hogar en venta, pero, ay, cómo echa de menos los ventanales que daban al océano y los otros que daban a la colina, las demás mansiones perdidas entre el follaje mediterráneo de Los Angeles. —Es un lindo lugar, aquí. —Sigue. —Me pregunto, igualmente, si está bien estar alejada del mundo, pues Aurelia Hills es muy seguro y no te cruzas a nadie que no conozcas de antes. Yo vine por eso también, no sólo para acompañar a mi familia. —Una pausa. —En todo caso, ellos me acompañan a mí. —Admite esa realidad, frunciendo un tanto los labios. —Pero siempre he sido muy casera, por lo que nada de eso me molesta. —Es muy unida a su familia. —Cuando estaba de gira y no me acompañaban mis hermanas, me largaba a llorar. Extrañaba a veces mi habitación y a mi perro. —Y se ríe. Igualmente, nunca canceló ninguna gira ni ninguna fecha por esas razones, las cuales siempre consideró tonterías de una chica demasiado sensible. Verborrea total, sí, pero quiere saber una cosa: — ¿Te llevas bien con tu familia, aun trabajando con ellos?