Negó rápidamente, riendo levemente. —No, para nada. De hecho, me gusta tu tutú. —aseguró, divertida. —Conozco chicas que matarían por verse como tú en rosado.
--No tienes idea de lo extraño que fue pedirle a mi vecinita su tutú-- Rió ya que básicamente tuvo que rogarle para que le prestara su tutú de práctica de ballet. --Me harás sonrojar, gracias. Pero apesta tener que caminar por ahí con un tutú.













