Tenía tantas preguntas en su mente, tanta era su confusión que ni siquiera tenía fuerzas ya para interrumpirle en busca de respuestas; tan solo suspiró con pesadez y alzó la mirada sin aún hacer contacto visual, dedicándose a mirar el cielo intentando forjar algo de compostura. ¿Por qué siempre era su posición como príncipe la que le antecedía a todo? ¿Por qué simplemente no podía ser él, Hon Seonggi antes que nada y así ahorrarse todos esos problemas? ¿Por qué le obligaban a entrometerse a una guerra que siquiera era suya?
Aun cuando no quisiera, sabía que sea cual fuera el ganador de aquel eterno conflicto, uno de los dos tendría que empuñar la espada y acabar con el otro. Y es que eso era lo horrible de la verdad, le había hecho consciente de que aquellas tardes eternas conversando en el parque, dando vueltas por la ciudad como simples jovenes sin inquietud alguna, todos esos momentos especiales en los que por fin respiraba tranquilo y sonreía con honestidad… Todo eso quedaría en nada.
Otro suspiro se hizo escuchar en el silencio del momento. Su diestra tomó la espada enfundada que los reyes siempre le hacían portar. Y, sin dudarlo, la dejó caer al suelo. Si alguien debía blandir su espada y acabar con todo, ese definitivamente no sería él.
— ¿Y tú? ¿Me odias ahora que sabes la verdad? — Finalmente, ahora que se sentía en paz consigo mismo al tomar su decisión, fue capaz de mirarle a los ojos una vez más. Que aquellos tiranos dijeran lo que quisieran, ya se las arreglaría — Oculté todo para no involucrarte con los asuntos reales, no quería que te abrumara todo ese embrollo. Pero resultó que lo estuviste todo este tiempo… — Se estuvo ahogando en un vaso de agua durante tanto, mas no era la culpa de ninguno de los dos. Si tan solo estuviera en sus manos el poder de acabar con la guerra… Mas, por ahora, solo era un simple príncipe que debía agachar la cabeza ante los que aún llevaban la delantera.
No se sentía traicionado ni mucho menos decepcionado, solo confundido y sin saber cómo actuar al respecto; esto de verdad le conmocionó...pero no en el mal sentido, solo no podía entender el cómo sucedió todo esto; los secretos, evasión de información personal y el hecho que ambos eran enemigos. Inclusive si ambos estaban enamorados, el haberse encontrado de distinta manera, sin saber la historia del uno al otros era una confianza...que no pocos poseían y ellos habían decidido quemarse las manos y aventurarse en algo casi prohibido, como enamorarse y esconder información; era como si estuvieran traicionando a su propia familia. Había decidido en guardar silencio, solo quería escuchar lo que Seonggi tenía que decir, él había decidido en no interrumpir; de verdad no quería arruinar nada con sus palabras y por ende, prefería escuchar y entender todo, digerir.
Quería volver a lo que una vez fueron, a esas tardes llenas de charlas y risas; donde nada importaba y lo que sí importaba, eran ellos dos y nadie más. Un suspiro se ahogó y para su sorpresa, no supo reaccionar una vez el contrario soltaba su espada, ese sonido metálico aún retumbaba en el salón de su castillo. Había entendido una cosa: Seonggi no quería derramar sangre y compartía lo mismo, mas no sabía que hacer en ese preciso momento. Con duda en su rostro, sus acciones fueron apretar con mucha más fuerte la espada que él portaba, estaba demás decir que su cuerpo comenzaba a temblar y de manera gradual; odiaba ser en parte inseguro, siendo que su único deseo era terminar esto y sin llegar a la violencia.
--- Sabes que nunca podría odiarte. --- Se sentía raro el ser mirado una vez más, de forma directa y casi decidida. --- Tampoco quería involucrarte, siendo que los reyes son de una ideología diferente a la de los demás. De haber sabido, no dudaría en protegerte y aunque fueses normal, igual lo haría. Eres importante para mí. --- Mencionó con cierto nudo en su garganta, a veces maldecía el ser tan emocional en momentos poco adecuados. Trató de mantener la calma y de pensar en un plan para que ambos terminases beneficiados, huir no era una de esas. Sin pensarlo mucho, SangKyu desvió la mirada y sus pasos para dejar la espada justo la lado del trono de sus padres.
-- Yo no puedo hacerlo. No quiero herirte...deberías huir antes que alguien llegue.