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Sorprendentemente, hoy Robert no tiene muchas ganas de tirarse a nadie (quizá influye el hecho de que va como una cuba), así que alza las cejas con una sonrisa en cuanto oye a Daisy–. ¡Oye, qué destapada vas hoy! Ten cuidado, que te nos vas a constipar. –dice con aire jocoso, soltando una gran carcajada.
Sonríe al encontrarse con Robert, bueno, si tiene que tirarse a alguien, más vale alguien conocido, ¿no? Pero en cuanto habla, él no muestra señales de querer, aunque eso sí, el aliento le apesta a alcohol. Levanta una ceja y se fuerza en reír un poco: -Hay que mostrar el material para poder ganarse el pan, ¿no? Pero gracias por la preocupación -dice dándole un toquecito en el brazo.
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Lleva toda la noche dando vueltas sin rumbo. Sus colegas se han quedado por ahí haciendo el canelo con tías o tíos que han pillado y se aburre. A él no le apetece pillar. Justamente hoy no. Está triste, casi melancólico. Ay, los cambios de humor. También lleva un buen rato observando a una mujer en la puerta de uno de sus locales favoritos. Está claro que es una prostituta. Pero es raro, no suelen ponerse ahí. De todas formas es guapa y no tiene otra cosa mejor que hacer en ese momento así que, cuando se le acerca, hasta le dedica una sonrisa.
-¿Qué tiene de bonita? Yo la veo igual que siempre -aunque sigue siendo igual de borde que siempre-. Sí, pero no de la forma que probablemente tengas planeada.
-Por ejemplo, no hay nubes, últimamente hemos tenido noches muy feas -dice encogiéndose de hombros. Aquel chico no pilla mucho las indirectas, ¿verdad? Alza un momento la ceja, al menos ha visto claras sus intenciones, pero está dispuesta a escucharle-. Ilústrame, me tienes curiosa con tus palabras.
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Como aún no se encontraba demasiado orientado en lo que a la ciudad de Nueva York respectaba, se encontró llegando a aquel local más por casualidad que otra cosa. Echó un vistazo a su alrededor, un tanto confuso, y al oír la voz de la mujer no pudo evitar hacer una mueca—. La verdad es que sería un poco más bonita si supiera dónde estoy… —comentó, rascándose la cabeza mientras intentaba discernir lo que ponía en las indicaciones hacia la pensión en la que vivía. Sin embargo, acabó por alzar la vista del papel y esbozar una sonrisa tranquila—. ¿Usted es de aquí? Tal vez pueda ayudarme.
-¿No sabes dónde estás? -pregunta bastante sorprendida Sarabi, aunque bueno, no es la primera vez que se encuentra a una persona desorientada en la ciudad-. Llevo unos cuantos años viviendo aquí, supongo que no me importará ayudarte -”total, es mejor que follarme a dos hombres”.
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Aún conmocionada por del despido, Sarabi sigue con la “amable propuesta” de Phoenix. Ataviada de forma sugerente, al lado de la puerta de uno de los locales nocturnos más transitados, acechando a su “presa” (presa tampoco, porque vamos, tiene que rebajarse a ofrecer sexo gratis, cosa que le carcome por dentro). Visualiza una imagen en su mente, dándole fuerzas y se acerca a la persona que parece que se ha estado fijando en ella: -¿Bonita noche, no? -sonríe encantadora-. ¿No quieres darle un buen final por hoy?
¡Buenas noches!
Se mereció aquella bofetada y más. Si hubiese sido otra persona la que se la hubiese propiciado, ya estaría matándola con sus propias manos, pero no, a Sarabi no se atrevía ni a darle un ligero empujón. Tensó con fuerza la mandíbula y se encendió un cigarro, elevando su mirada hacia el cielo nocturno. “¿A que esperas para irte? Te he dicho que te largues.”
Lo mira anonadada, esperando otra reacción por su parte, no aquella indiferencia que parece incluso forzada: -¿El chuloputas dejará que al menos recoja mis pocas pertenencias, no? -eso sí, por orgullo propio, dejará los diversos libros que Abel le había regalado a lo largo de su “amistad”.
¡Buenas noches!
Sarabi jamás le había rechazado y menos de aquella manera. Sintiendo como algo se rompía en su interior, respiró profundamente y apartó la mirada de ella, colocándose en medio de la puerta para que no entrase. “Estás despedida, búscate otro chulo.” dijo seriamente, controlando como podía su rabia. “Y ya tenemos cantante para esta noche, lárgate de mi vista.”
No se lo puede creer, al principio es como si solamente hubiera escuchado un ruido de fondo. Y así, no lo evita, y lo golpea con la palma de la mano en la mejilla: -Desconsiderado -es lo primero que sale de su boca-. Cuando te vuelvan a disparar o te encuentres sin un puto duro, no acudas a mí -dice más que seria y molesta, el daño ya está hecho.
¡Buenas noches!
“Sí pero es una situación totalmente diferente. ¡Yo soy tu jefe!” exclamó ciertamente irritado, aunque acto seguido se frotó el rostro y volvió a mirar a Sarabi. ”Disculpa mi tono.” no le importaba degradar a los demás, pero con ella no se atrevía, le respetaba demasiado. “Si no queda otra, vamos a mi cuarto.” añadió, confiando en que él fuese uno de los clientes de esa noche.
-¡Ya lo sé! -contesta ella también alzando un poco la voz, bastante nerviosa por lo que tiene que hacer, por lo que significa. Aparta la mirada cuando le dice que vaya a su cuarto y niega con la cabeza-. No, no vamos a ir a tu cuarto. Tú mismo lo has dicho. Eres mi jefe, no un cliente.
¡Buenas noches!
Le alegró encontrarse a Sarabi, quería hablar con ella desde hacia varias semanas pero ambos habían estado tan atareados que apenas coincidieron. ”Buenas noches, Daisy.” dijo con cierta burla, intentando no ponerse nervioso. La situación ya no le hacía mucha gracia pero lo que salió por la boca de su amiga le dejó totalmente helado.”¿Es broma, no?”
“Ojalá lo fuera” piensa en sus adentros, pero debe hacer lo que Phoenix le ha indicado: -No, ¿por qué iba a serlo? Eres tú el que ha decidido invitar a gente así como así, ¿no? -no quiere discutir con Abel, pero últimamente no ha pasado las mejores semanas de su vida tampoco.
¡Buenas noches!
“¿Qué hace a estas horas por la calle? Venga, le invito a mi local.” dijo de forma no muy animada, pasando un brazo por los hombros del viandante. ”Todo gratis.”
-Justamente de eso quería hablarte, Abel -ni ella misma se cree que vaya a decir lo siguiente, pero lo tiene que hacer sí o sí-. Que yo también pienso ofrecerme gratis, un día es un día, ¿no? -al menos son solamente dos personas.
Pecadora que no se esconde. Sería admirable tu sinceridad si no fuera porque es otro el pecado que ocultas. Si no deseas que sea desvelado deberás rebajarte y ofrecer tus servicios completamente gratuitos a al menos dos personas distintas. Comunica tu decisión a tu jefe, pero él no puede estar entre tus elegidos. Espero que disfrutes de aquello por lo que nunca te deberían de pagar. — Phoenix
Sarabi “Daisy” Freeman tiene 30 años, es originaria de Nueva Orleans, es cantante y prostituta en la ciudad y forma parte del grupo de los Blues Souls
• Historia:
.Los antepasados de Sarabi habían sido esclavos que vieron una oportunidad de prosperar tras la Guerra de Secesión en la ciudad de Nueva Orleans. Su padre Demond era algo parecido a un médico en esa época, mientras que su madre Shani servía en una casa de blancos. Obviamente, la mayoría de los pacientes que acudían a la casa de la familia Freeman eran personas negras por los problemas raciales que todavía persistían a pesar de la abolición de la esclavitud del país. El hombre siempre se preocupó por que su única hija (su hermano mayor Elroy murió teniendo un año de vida debido a una enfermedad) tuviera una buena cultura con la que se pudiera comer el mundo. En cuanto tuvo conciencia de sus actos, Sarabi ayudaba en la “clínica” de su padre puesto que su madre pasaba día y a veces incluso las noches en la casa de los señores a los que servía. Por eso mismo, Sarabi forjó una relación más estrecha con su padre Demond.
Pero la vida para una familia como los Freeman no iba a ser siempre de color de rosa. El barrio donde vivían bien se podía considerar seguro debido a la casi entera población afroamericana, sin embargo, sufrieron durante varias semanas altercados de un grupo de blancos reticentes con su presencia en la ciudad. Demond murió en uno de esos altercados, dejando a la familia casi en la ruina puesto que el sueldo que ganaba Shani apenas les daba para comer. Sarabi enseguida tuvo que abandonar su vida “acomodada” (tal y como la apodó su madre) y comenzó a servir también en la misma casa donde trabajaba su madre. En esos momentos, fue cuando la joven sufrió el cambio determinante en su personalidad. Sentía repulsión, miedo, asco e ira. ¿Por qué tenía que estar sufriendo ella por el asesinato de su padre solamente por su color de piel? ¿Por qué otra chica solamente por tener una piel casi tan blanca como la nieve podía ser feliz?
Solamente aguantó como criada un año debido a que su comportamiento hacia los señores fue empeorando mientras pasaban los meses. Casi desesperada, se planteó incluso regresar a la tierra de sus ancestros: África, pero su nueva forma de ver el mundo le hacía ver que ninguna solución le haría verdaderamente feliz. Así, comenzó a viajar por todo el país, tomando trabajos de tiempo corto y miserables, sufriendo algunas violaciones, conociendo a todo tipo de gente y cantando para ellos (su padre siempre le había dicho la bonita voz que tenía). De esta manera acabó en la gran ciudad de Nueva York, que estaba viviendo su momento de gloria tras la Gran Guerra. Obviamente, no fue tonta, no se hizo falsas ilusiones y fue directa al grano.
Habló con varios dueños de locales, esperando que necesitasen camareros o cantantes, hasta que se topó con un señor que le ofrecía un trabajo casi innmejorable. Casi puesto que aparte de cantar todas las noches para el público derrochador, tendría que servir su “cuerpo” tras su actuación a los clientes que deseasen, vamos, prostituirse. El orgullo que Sarabi había ido ganando en su tiempo en Nueva Orleans se había fortalecido, sin embargo sabía que fríamente era su mejor opción para “triunfar” y se dijo a sí misma que aquello sería temporal. Acabó entonces trabajando para uno de los locales de jazz del señor Iñárritu donde lleva unos cuantos años.
• Personalidad:
✔ Ambiciosa | Prudente | Tenaz | Creativa. ✖ Solitaria | Introvertida | Desconfiada | Pesimista.
• Datos extra:
— Se hace la analfabeta aunque en verdad sepa leer y escribir. — Tiene una marca de nacimiento bastante curiosa en su hombro derecho. — Está aprendiendo a escribir sus propias canciones. — Tiene reputación de confidente y buena amante entre sus clientes. — Nunca ha tenido una relación formal con un hombre. — Adora el aroma del limón. — Dedica su tiempo libre a leer y a comprar libros.
OOC
Hasta nuevo aviso, voy a dejar a Sarabi en hiatus. La razón básica es que no me siento inspirada para rolearla y para llevarla sin ganas, pues como que no. Saludos ^^
Asintió varias veces. Aquella mujer no parecía mala persona, según Mabel, por lo que con una sonrisa burlona asintió —sólo es una canción ¿no?— rió levemente. Miraba a su alrededor, tratando de memorizar el camino, pues nunca había estado de ese lado de la ciudad.
-Claro, solamente es una canción -asegura Sarabi con una sonrisa cómoda. La chica parece confiar rápidamente en las personas, tiene suerte de que se haya encontrado con la afroamericana en vez de con otra persona. En cuestión de minutos, llegan al club de jazz-. Pasa, ahora mismo no habrá nadie, así que si quieres tomar algo dímelo.
-Haga lo que guste, no la invité a mi lugar de trabajo para pasar un mal rato. No te juzgaré, y espero que tu tampoco lo hagas conmigo. ¿De qué me sirve atacarte? Incluso te ofrezco un mejor trabajo. ¿Por qué me tratas de forma hosca?- Preguntó alzando una ceja, no comprendía su actitud. Pensó que todo se debía a que no pertenecía a los Estados Unidos. -Es de lo más normal ver gente de color. En mi país abundan. ¿No has pensado en probar suerte en otro lugar?- Cuestionó mientras caminaban juntas. ¿No te gustaría conocer París?- Le miró de reojo- Les pago un sueldo digno y cuido de su salud ¿crees que vas a encontrar algo mejor que eso en las calles?
-¿Un mejor trabajo? Me estás ofreciendo prácticamente lo mismo, no conoces las condiciones en las que trabajo, así que di las cosas como son: me estás ofreciendo trabajo, punto, no me intentes engañar -dice ya algo molesta. A ella no la van a tratar de tonta-. Claro que es normal, aquí también hay por doquier y eso no significa que nos traten bien -se encoge de hombros-. Si tuviera dinero como para marcharme, lo haría. Me hablaron de África, de donde supuestamente venimos, pero realmente no tengo lugar al que regresar... -rueda los ojos-. Ya he encontrado algo mejor que las calles, lugar por el que empecé, el club de jazz del señor Iñárritu. No sé por qué insistes que allí me tratan mal o cualquier otra cosa. Antes de intentar vender algo, muéstralo al cliente.
—¿A donde trabajas?— repitió. —Está bien— se encogió de hombros después de escucharla, no veía por qué no ir con ella, después de todo no tenía más que hacer.
-En un club de jazz -responde sin querer dar más explicaciones, obviamente a Sarabi no le gusta decir que es prostituta, por lo que lo esconde y simplemente se presenta como cantante-. Te fías rápido de la gente, ¿eh? -intenta bromear para continuar andando en dirección al club.