Ahora nos chocaría ver solo a rubiales como el icono de la belleza y la felicidad, pero así era la tele, una continua película de Leni Riefenstahl.
Los anuncios de champús, cremas solares o productos de bebés nos vendían que la blancura y el cabello dorado eran el súmmum de la perfección.
Me alegro del cambio enormemente. La diversidad es vida.












