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Le dolían las piernas por una caída tonta que se dio mas no impidió que la pelinegra continuara removiendo sus pies como si no existiera final. Es entonces, cuando se envuelven contra otras personas que la remueve a un sitio y bendita la persiana que las tapa. Respira de manera irregular y una sonrisa algo nerviosa fluye por sus pétalos “De maravilla. Ofú, no corría tanto desde que mi abuela hacia el campeonato de la zapatilla”
Le había preocupado la caída contraria, por lo que aprovechó el momento de calma para observarla, frunciendo el ceño para tratar de analizar mejor las piernas de la joven. “¿Te hiciste daño?” quiso saber, con curiosidad sana. Una leve risotada brotó de sus labios, asintiendo de acuerdo con su comentario. “Estoy segura de que nos va a estar buscando toda la velada. Qué miedo.”













