El hospital olía a barniz, tela húmeda y medicina.
Todo era demasiado silencioso. Pero no un silencio vacío. Desde el otro lado de la puerta de Oliver llegaba el pitido exacto de un monitor cardíaco.
Sentada fuera de la habitación, apenas podía mantener las manos quietas. Las mirabas una y otra vez, esperando encontrar algo distinto en ellas. Algo que demostrara que no eras peligrosa.
Pero seguían viéndose igual. Tus mismas manos intactas.
Mientras Oliver y Rocky estaban destrozados.
Fue cuando escuchaste la puerta abrirse.
Veena salió lentamente. Sus ojos estaban enrojecidos y cansados. Por un instante pareció no haberte visto… hasta que levantó la mirada.
Y entonces su expresión cambió apenas te vio ponerte de pie de inmediato.
—¿Cómo está Oliver? —preguntaste rápido—. ¿Ya despertó? ¿Está—
La bofetada llegó antes de que terminaras.
El golpe giró tu rostro. No dolió tanto como esperabas. Pero instintivamente te llevaste una mano a la nariz. Al retirarla, viste la sangre en tus dedos. Más oscura de lo normal.
No de nuevo.
Todo tu cuerpo se tensó.
Veena no lo notó. Su respiración ya estaba agitada.
—Él no haría eso —dijo.
Parpadeaste, confundida.
—¿Qué…?
—Rocky no atacaría a nadie. Mucho menos a Oliver.
—¡Pero yo nunca dije eso!
—Entonces explícame por qué ellos dos terminaron así y tú no tienes ni un rasguño.
Su voz tembló. Estaba molesta. Pero era el miedo lo más grande, y eso fue peor.
—Veena, yo no—
—No te conozco —interrumpió, y por un instante se apretó el brazo, como si intentara contenerse a sí misma—. Oliver… él insistió en que te diéramos una oportunidad. Dijo que no eras mala, que solo estabas perdida. Confié en él y te creí.
Su voz se quebró mientras tragaba las lágrimas.
—Y ahora ambos están ahí dentro apenas pudiendo mantenerse unidos.
Sentiste un nudo subirte a la garganta.
—Veena, lo siento. Sé que… entiendo que me puedas ver así, pero por favor tienes que entender que yo no fui quien los lastimó. Rocky estaba intentando—
—¡Basta!
El pasillo entero quedó en silencio. Solo el pitido del monitor al fondo.
Sus pasos se acercaron.
—Desde que llegaste todo ha sido extraño. Sangras —señaló tu ropa manchada—. Tu apariencia es diferente. Y ahora ellos están heridos después de estar contigo. Dime entonces… ¿cómo no quieres que tenga miedo de ti?
Abriste la boca una última vez. Pero eras consciente que no podrías llegar lejos
—Oliver me protegió… él evitó que—
—No te atrevas a usar el nombre de Oliver para justificarte.
La forma en que dijo su nombre dolió más que la bofetada. Era como si cuidar de él fuera lo único que le quedaba entero.
—No te atrevas —advirtió Veena, con los ojos húmedos—. Porque él confió en ti.
Te quedaste callada. Porque tenía razón. Eras solo una desconocida. No tenías forma de demostrar que decías la verdad. Veena apartó su mirada y luego se fue sin decir nada más, y en el eco de sus pasos solo quedó ese pitido
Te quedaste sola frente a la puerta del cuarto de Oliver.
No pudiste entrar, simplemente ahí te quedaste, con la sangre negra secándose en tus dedos










