Diciembre 3, 2020
En realidad lo que voy a contar no es exactamente del día de hoy, sino de un día como hoy pero de hace 10 años: El estreno en México de Las Crónicas de Narnia: La Travesía del Viajero del Alba.
Y es que fue un día muy memorable porque experimenté todas las emociones, pero iré por partes. Todo comenzó con un Jack estudiante que obviamente había comprado los boletos desde el momento que ya estaban disponibles en preventa.
Decidí comprar mis boletos y los de mi amiga Aidé, quien es narniana también y daba la casualidad de que estudiábamos en la misma escuela (nos coocimos por internet), pero no podíamos entrar a la primera función porque estábamos en clases. Lo que podíamos hacer era entrar a la función de la 1:30 (nosotros salíamos 1:10 y los cines nos quedaban a 10 minutos, así que el tiempo estaba limitado) porque no queríamos esperar a la próxima función de las 3 de la tarde.
El plan era sencillo: Salíamos a la 1:10, corríamos hacia la plaza, ahí nos cambiábamos el uniforme en los baños, entrábamos al cine y disfrutábamos la tercera (y sin saberlo, la última) película de Narnia estrenada en la pantalla grande.
Lo primero que sucedió es que Aidé salió más tarde, entonces cuando llegamos a la plaza donde estaba el cine, los trailers seguramente ya habían empezado, pero no nos alarmamos; a fin de cuentas, siempre son como 10 minutos de trailers. Corrimos al baño tal como quedamos, nos cambiamos y salimos corriendo hacia la dulcería. Compramos palomitas, refrescos, etc. Después de eso solo quedaba entrar a la sala y ahí empecé a revisarme todos los bolsillos del cuerpo: No encontraba los boletos por ningún lado, ni en mi uniforme ni en los bolsillos de mi mochila. ¡Pero yo los agarré en la mañana y los tuve todo el día a la vista para que eso no ocurriera!
¿Dónde estaban? Pues tuve que correr de nuevo al baño, buscarlos por todo el trayecto en alguna parte del suelo, frustrado y con ganas de llorar. Aunque lo peor que podía pasar era tener que comprar otros y esperar hasta las 3, a nadie le gusta perder cosas, ni dinero, ni boletos, ni esperar y el mood definitivamente se iba a apagar. Regresé con Aidé, quien tenía la charola con palomitas y refrescos y estaba a punto de decirle mi plan B cuando de pronto recordé que ¡los habia guardado en una libreta! Así que rápidamente revisé mi mochila y ¡sí! ¡Ahí estaban!. La alegría regresó, así como un profundo alivio, y entramos a la sala 9 (Sí, aún recuerdo qué sala fue).
Justo estaban apagando las luces, por lo que no nos habíamos perdido nisiquiera el logotipo de 20th Century Fox.
Dato adicional: Vimos la película en 3D y presumiblemente esa fue la primera película que vi en ese formato. Disfruté los primeros 15 minutos de la película antes de que la niebla verde llegara a arruinarlo todo, así como la extraña adaptación que fue. Estaba empezando a ponerme furioso porque yo exigía mucho más que ahora a las adaptaciones.
"¿Por esta película lloró la Reina de Inglaterra?" pensé. Sin embargo, la escena final me hizo entender el llanto de la reina. Todo había valido la pena. Hasta la fecha, cuando veo esa escena, sigo llorando, por cierto.
Pero sí, así fue un día como hoy hace 10 años. No pensé que sería la última vez que vería una película de Narnia en el cine.






