Daniel Bazán Vera: "Voy a quedar en la historia por llevar a Almirante Brown a Primera División"
Por Matías Navarro García
Daniel Bazán Vera se abre: recuerda su infancia, confiesa intimidades y hasta se postula a presidente de su amado Almirante Brown. Un Indio auténtico.
Bazán Vera es ascenso. En cualquier parte del país, desde los mapuches que pueblan la Quebrada de Humahuaca hasta los faulkers que habitan las Islas Malvinas, cuando se refieran al “Indio” lo relacionarán, inmediatamente, con las categorías menores del fútbol argentino.
Ese grandote peleador que se ve en el verde césped dista mucho de su forma de ser en la intimidad. A este animal del área no se le cae ningún anillo cuando le toca admitir cosas que seguramente en otros causarían vergüenza: “Vengo de comprar las entradas para ir a ver a Justin Bieber. ¿No me creés? Mirá”, y saca del bolsillo el par de tickets para el ídolo juvenil.
Todo tiene una explicación, y el mismo hombre que genera miedo en la defensa rival, hace lo imposible por su familia: “Es para acompañar a mi hija Candelaria (14). Podría mandarla con alguien, pero yo soy el que quiere ver su alegría. Su sonrisa es una de las imágenes más lindas. Por su felicidad hago cualquier cosa, hasta mato”.
Dice no conocer nada de Bieber. Sorprendentemente, tampoco de su propia carrera, porque él se enfoca en otras cosas: “No sé ni cuántos goles tengo. Mi hermano lleva la cuenta y dice que 300, pero no lo sé. Es más, si me pedís que te responda rápido, ni me acuerdo en qué equipos jugué”.
Cuando no se logra el objetivo grupal, es mejor irse. Tuve la suerte que los equipos que me contrataron casi siempre lo hicieron para pelear campeonatos, y me fue bien. No es fácil volver a un lugar que dejaste si no dejaste un buen recuerdo.
Es un futbolista especial. A pesar de disfrutar el juego, sus prioridades son otras: “Uno siempre jugó al mejor postor. Por ahí al decirlo así uno queda como un mercenario, pero es un trabajo corto y hay que aprovecharlo al máximo. Cuando terminás, si no hiciste las cosas bien no podés vivir del recuerdo de los goles”.
En su dura infancia aprendió a valorar el dinero. De hecho, no llegó a Primera porque siempre que lo fueron a buscar “llegaron ofertas mejores del ascenso”. Nacido en Corrientes, no había cumplido dos años cuando su familia se mudó a Buenos Aires, a Isidro Casanova, donde conoció y se crió junto a su Almirante Brown querido, club al cual abrazó y del que nunca más se despegó.
“Yo no soy hincha porque me tocó debutar ahí, soy por mi mamá y mi papá, que me llevaba a la cancha desde que soy chiquito. Es más, cuando comencé a jugar, él dejó de ir porque dijo que no toleraría verme jugar mal un día, y que me insulte la gente del cuadro que ama”, explica, con una risa risueña, pero con un dejo de dolor.
Desde chico fue una pieza fundamental de su familia. Apenas terminó la primaria tuvo que ir a trabajar. De panadero, de albañil… esa obligación de colaborar en casa casi le pospone cumplir el sueño de patear la pelota: “Empecé de grande. Un hombre me vio jugando en el barrio con mis amigos, le gustó y me llevó a Almirante. Me dijeron que fuera al otro día, y lo hice. Al tercero ya no pude ir, porque tenía que trabajar sí o sí. Imaginate que jugaba descalzo, porque no quería romper el único par de zapatillas que tenía, así que el empleo era fundamental”.
Pero, mientras él se concentraba en la fábrica Grimaldi (“se había instalado frente a la Villa Palito, donde yo vivía, así que trabajábamos ahí”), el busca talentos tenía otros planes para él. Siguió insistiendo y lo convenció de que fichara para Almirante. El sueño del pibe estaba en marcha.
“Todo lo que tengo lo hice trabajando, nadie me regaló nada. Ahora estoy lesionado y Tristán Suárez quería pagarme igual mi sueldo. Les dije que no, yo no cobro si no trabajo”, confiesa, y agrega: “Al que tiene plata le molesta que un pibe de barrio busque algo y tenga serias posibilidades de ganar, con un 80 o 90% de aceptación. No hice el curso de DT, no me interesa. Yo estoy tranquilo, mi desafío es otro…”.
Estás hablando como candidato a presidente…
Estoy convencido de que lo voy a ser en 2016, y que voy a quedar en la historia por llevarlo a Primera División. Cuando entre voy a decir lo que tengo, yo nunca voy a robarme ni un peso de Almirante Brown.
Babington en Huracán, Passarella en River… ¿No tenés miedo de perder el cariño de la hinchada?
No, porque voy a hacer las cosas bien y claras. Además, muy poca gente quiere a Brown como yo. Cuando me fui en el 95 no cobré nunca, y cuando volví en el 2000 rompí los pagarés. Fui el único que no reclamó, porque si no el club iba a entrar en convocatoria. Y eso que ahí no tenía ni para comer, eh. Los últimos tres partidos del año pasado jugaron en Tristán Suárez, y el alquiler lo pagué de mi bolsillo.
Parte de la plata se la lleva la barra...
Al club la seguridad se la doy yo. Si tengo que pagar operativos de 50 o 70 mil pesos, lo hago. Arreglar se puede arreglar, sólo es tema de querer. Muchos dicen que si no estamos en Primera es por ellos, porque si se pelean en la B, ¿qué puede llegar a pasar si ascendemos? Igual no voy a fracasar, si tengo que pelarme y vivir bajo una autopista, lo hago.
Con indignación, como quien sabe que es un problema delicado de la sociedad, afirma: “Yo no negocio ni le doy plata a nadie. Me vinieron a pedir para los viajes y no les dí. Me amenazaron y les dije que a la salida lo arreglábamos. En Atlanta, por ejemplo, me vinieron a apretar al vestuario, me tiraron una puñalada. Por eso me fuí del club. A la semana justo jugaban contra Almirante Brown. Me subí al paravalanchas, pero nadie vino a buscarnos, eh”.
El hincha, a la distancia, ve en el futbolista una vida perfecta. Plata, lujos, mujeres… tienen todo lo que cualquier persona querría. Por eso, tal vez, es que descargan sus broncas semanales en ellos. Pero no todos son así. No, por lo menos, Bazán Vera.
Él se formó de abajo. Le tocó lidiar con la violencia de la villa, y aprendió a hacerse respetar: “No porque me haya criado en Palito soy alguien malo. Ahí el que trabaja doce horas no es el más respetado, hay leyes distintas. Al que labura lo tratan de gil, y no debería ser así. Mi familia nunca le faltó el respeto a nadie y se hizo respetar. También nos sirvió ser muchos varones (NdeR: son 11 hermanos), porque es la ley del más fuerte. Hoy puedo entrar a la villa a las tres de la mañana y nadie me hace nada”.
El lujo es vulgaridad, decía el Indio Solari. Este “Indio” sigue a rajatabla esa premisa. El único gusto “constante” que se da es en la comida. Principalmente rechazando un plato: “Lo que más odio son los fideos. Era lo único que teníamos para comer cuando éramos pibes. Siempre dije que cuando tuviera la posibilidad de dejarlo, lo haría. Ahora no los como ni en las concentraciones. Es la entrada y listo, nada más”.
¿Qué hiciste con tu primer sueldo?
Llevé a la familia a la mejor pizzería de San Justo y le compré una tabla de planchar y una plancha a mi mamá, cuando recién llegaban a Argentina.
La tenés muy presente a tu mamá…
Es la mujer más sagrada de la vida, la única que nunca te va a traicionar. Tu mujer puede irse con alguien que conoce en el supermercado, vos criás a tus hijas, pero se casan y se van, y tu mamá nunca. Lo único que me hubiera gustado es dar la vuelta olímpica con ella, pero falleció seis meses antes. Me quedo con lo que me dijo una mujer, que ella ya había cumplido su meta acá y había ido a tocarle la puerta a Dios para que cumpla el sueño de mi vida. La vida sigue, soy papá, abuelo… todo eso te va recompensando un poquito, pero muy poquito, casi nada.
“Tuve la suerte de estar con la gente más importante del país: Kirchner, Maradona, Tinelli…”, explica, orgulloso, el eterno goleador.
Nombrás primero al expresidente, ¿venís del peronismo?
No, soy kirchnerista, pero por Néstor, el mejor presidente desde que tengo memoria. Ahora tenemos que bancar la política de su mujer porque supuestamente es la continuidad, pero no es así.
Él era más político, más negociador. Fijate que Moyano estaba diez puntos con él, y ella apenas asumió, se pelearon. Dijo que no le iba a dar nada a los yanquis y cumplió, y eso que era difícil hacerlo en ese momento. Ella es diferente, y se lo dije.
Fácil, le expliqué que apoyaba el Gobierno por él. Textualmente, le dije: “Soy kirchnerista a muerte, pero por Néstor eh”, y ella me retrucó: “Está bien, me gusta tu sinceridad. ¿Mi política no te gusta?”, le dije que sí, pero que no era como él.
Para mí no es ni mucho TN ni mucho 678. Yo no veo ninguno, porque llega un momento en el cual no sabés cuál es la realidad. Para uno todo está mal, y para el otro bien. Mirá lo que le pasó a Casero. Opinó y lo salieron a matar, pero no lo invitaron para debatir. Entonces tengo que creer que algo de lo que dijo es cierto.
¿Qué va a pasar en el 2015?
Creo que los kirchneristas desapareceremos, je. Hay que ver quién sigue. Para mí, con Massa va a pasar lo mismo que con De Narvaez, es el político de moda, pero queda en la nada.
Entonces no te vamos a poder ver como candidato en la política nacional…
Si me llamaran me encantaría, quién te dice. Eso sí, no sería fácil, yo quiero ser creíble y no defender algo que no es verdad, por más que sea algo malo del partido al que banco.