No se necesita tener oído para percibir ruido.
De pronto me senté y me observé, aparte los pensamientos y estaba todo quieto y en paz. Me causó asombro porque el mayor ruido no era el de los coches transitando o los niños del kinder aledaño jugando, era mi cabeza, los pensamientos e incluso la repetición de una canción recién escuchada, toda mi cabeza trabajando sin cesar y sin un propósito fijo.













