Cuando el mundo me asfixia sus besos me dan aire y cuando todo es caos su dulce voz sabe calmarme.
Tal vez no soy su "para siempre", pero no hay día en el que no pida estar para acompañarla en su viaje.
Y puede que suene loco mis deseos imperdurables, pero sus brazos me han sanado lo insanable.
No hay días en los que no muere por besar sus labios perfectamente incomparables.
Sus ojos posiblemente ya se han cansado de leer tantas letras, pero es que su mente me cautiva formando un anexo entre mi literatura y su arte.
Mentedesordenada.




















