No podía creer, ni por un segundo, que eso estuviese pasando. ¿Cómo era posible? ¿Cómo es que Rosalie tenía ese maldito radar en ella? Aún que no fueran amigas, aunque no le hubiese dicho a casi nadie de este proyecto, ¿Cómo podía llegar y apropiarlo? ¿Cómo podía su propio padre hacerle eso? Parecía mentira. Decir que Grace estaba enojada, era poco. Odiaba a Rosalie, y odiaba aún más a su padre. —Atticu– — trató de intervenir, pero el mayor no la escuchó. Rodó la mirada, tomó un respiro, —Papi.— desde hace semanas no le llamaba así. Perdía ese privilegio cada vez que metía la pata y cada vez que Grace se enfadaba con él. La miró, por un momento, pero era una mirada incomprehensible, no le transmitió nada. —Rosie, ya estás aquí. Sería un tonto en dejarte salir por esa puerta. Eres la cara que necesitamos para la primavera. Gracie no tendrá problema alguno, ¿Cierto?— por un segundo, su mirada volvió a su hija y ella no pudo hacer más que mirarlo, con odio pero también con resignación. ¿Qué podía hacer con su padre? Nada. Salir de la sesión sería poco profesional, además de que la publicidad no le venía para nada más. El problema era que ahora se sentía… Como si le hubiesen robado. –-¿Sabes? Amaría compartir un rato con R.— sonrió, de la manera más falsa. —Alístenla rápido, no hay tiempo que perder.— se quitó la capa que protegía su ropa, levantándose para cederle el campo a la contraria. —Si quieres te sientas en mi silla y que te maquille mi estilista, de paso. No veo que tengas problemas usando lo mío.— su expresión sólo denotaba desprecio.
Las palabras de Atticus eran todo lo que necesitaba para aceptar aquel proyecto, después de que él había dicho eso, no había manera de que Grace pudiera negarse, ni siquiera ella se atrevería a hacer un escándalo que pudiera afectar no solo la colección de su padre, sino su también su reputación si alguno de los trabajadores de ahí hablaban. Con una sonrisa asintió y aplaudió suavemente, dando a conocer su emoción. – En ese caso, no tengo más que decir, estaría más que encantada de ayudarte. – Su felicidad le duro poco, porque cuando escucho la voz de Grace, reconoció perfecto el tono de voz de la chica, pero era demasiado tarde para retractarse. – Muchas gracias Grace, tan amable como siempre, sabes que no me molesta en lo absoluto el tomar tus cosas, sobre todo cuando me las ofreces así. – La sonrisa que anteriormente era de felicidad y emoción, se había convertido en una burlona mientras le daba sus cosas al asistente que se había acercado a ella. Apenas se había sentado en la silla que Grace anteriormente había ocupado, cuando su celular le indico que un nuevo mensaje había llegado. – G ¿Serías tan amable de leer lo que dice? Estoy segura de que es GG, tan oportuna como siempre.







