Yo
Yo soy quien soy. Repleta de tonos interminables, algunos desgastados, otros sin descubrir.
Los primeros quisieran caer.
Caer como un líquido espeso sobre mi mesa, que suplica volatilizarse, y respirar, así, ligeros.
A los otros, no les ha quedado de otra que asechar mis zonas deshabitadas, y seguras. Con el fin de existir sin peros, ni porqués.
Zonas barridas, una y otra vez, como agua a contra corriente.
Barriendo ideas, sentimientos desarraigados, enquistados, barriendo a personas, el barrimiento humano es una de mis técnicas predilectas.
Usándola conmigo misma sin ningún tipo de complejo.
Dejándome tóxica y seca.
A la vista de ojos carentes de ilusión eternamente sentenciada a tal miseria.
Esos tonos que ni yo misma conozco, de ese sabor a incognito viajan por salvo conducto, algunos con miedo y lágrimas en los ojos.
Temen al dolor, al olor a azufre, que puedan penetrar por su piel consagrada a la verdad.
No quieren vivir así, pero sobre todo, no quieren morir.
También, hay otros que deciden ir con el pecho por delante, con el coraje de combustible.
Es curioso que hable de mí, nombrando los unos y los otros. Una división dual que le he dedicado mucho tiempo de observación, para acabar erradicándolo.
Quizás en el fondo, esta distinción siga viva en mi interior
O quizás, sea otra manera de castigarme por el hecho de ser quien soy.















