Cuentos para dormir de Isac Herrod.
PLAYA
Capítulo 1
Olivia dormía en un camastro en la playa, su alarma sonaba, era medio día y debía volver a casa antes de quemarse la piel con el sol de la tarde, dobló su toalla la metió en su gran bolso de palma, retrajo el camastro a su tamaño portátil y salió de la playa como siempre con la mirada al frente.
Sus lentes oscuros cubrían sus ojos azules todo el tiempo, su rostro serio solía esbozar una ligera sonrisa cuando se encontraba con alguna conocida, aveces se preguntaba porque seguía haciendo lo mismo cada día, pero no había nada que la motivará a cambiarlo.
Olivia era una rubia de 1.75, su cabello largo hasta la cintura, piel ligeramente bronceada gracias a sus siestas diarias en la playa con mucho bloqueador solar encima, piernas torneadas, cintura pequeña, vientre plano, ombligo perfecto, senos moderados.
Parecía modelo de revista, y en la playa sus admiradores siempre estaban atentos a ella, sobretodo el guardavidas, era tan perfecta, tan linda que para ellos era un regalo divino tenerla por unas horas ante sus ojos.
Olivia llegaba cada mañana puntualmente a las 10 para irse al medio día, traía consigo todos los días su gran bolsa de palma y su camastro desde su casa, un bikini diferente para cada día del mes y una ligera bata semitransparente arriba.
Todos sus admiradores habían intentado hablarle, la habían invitado a salir alguna vez, pero Olivia o la "diosa rubia" como la denominaron nunca los miro o contesto.
Olivia vivía a escasas tres cuadras, nadie la había seguido a su casa, las casas de la zona eran mansiones de gente adinerada, había cámaras escondidas y vigilancia privada en las calles, no valía la pena si ella volvería al día siguiente.
Olivia caminaba siempre tranquila a casa en donde dejaba su camastro a mano cerca de la puerta para continuar al edificio que llamaba hogar.
Sus muros eran altos y sobre ellos había mallas para evitar que los vecinos vieran el interior de su casa desde el segundo piso, tampoco había visibilidad desde la calle al interior.
Al pasar el portón un sendero te guiaba directamente a la gran mansión, el frente era todo de cristal azul claro para admirar el hermoso jardín decorado con flores coloridas y exóticas de diferentes tamaños.
El garaje había sido mimetizado para no ver el horrible edificio donde se guardaban solo dos vehículos ambos de Olivia
Al entrar a la casa lo primero con lo que uno se topaba eran las escaleras de mármol italiano blanco con barandales de vitrales lujosos llenos de detalles en oro y plata real que llevaban al segundo piso donde el balcón era continuación del barandal.
Una gran sala de estar frente a un televisor empotrado gigante era todo lo que había a mano derecha, un feo cuadro gigante de arte moderno colgaba en la pared desde el piso de arriba.
Bajo las escaleras había un medio baño, después un gran bar forrado en madera y la enorme cocina con una isla gigante hacia la sala y sin bancos, unas puertas francesas dejaban ver el patio trasero.
Una gigantesca piscina semi techada era lo que se veía, acompañada de pasto y dos grandes palmeras, varios muebles para la piscina y un asador grande con ruedas.
Olivia llegaba directo a la cocina, aventando su bolso en la sala hasta el día siguiente, se preparaba algo de comer y se llevaba el platillo junto a una jarra de agua a su recámara.
Había un elevador de comida al segundo piso instalado en la cocina pero Olivia cargaba todo en sus brazos, no deseaban tener que entrar de nuevo a esa recamara.
Pasaba todo el día encerrada en su cuarto, leía a ratos, ejercitaba en sus varias máquinas de ejercicios ahí dentro, veía televisión o pasaba algunas horas navegando en internet sin hacer nada más hasta que el sueño la golpeaba.
Braxton tenía una importante entrevista de trabajo, se había preparado toda la semana para ese día, cumplía con todos los requisitos y se había esmerado en lucir formal con un saco prestado y su mejor ropa de vestir.
Se presentó a la entrevista, era el trabajo de sus sueños, en una gran empresa multinacional, tenía mucha confianza en sí mismo, lo único diferente entre él y los demás era el dinero.
Era evidente que los otros candidatos vestían trajes caros, todos lo veían de manera despectiva aunque él esperaba siempre lo mejor, dudaba mucho que esos chicos ricos tuvieran la mitad de sus capacidades o experiencia laboral.
Braxton respondió todas las preguntas de su entrevista pero sintió desde que llegó que había un poco de rechazo de parte del entrevistador hacia él, aún así fue lo más positivo y acertivo que pudo.
Salió de la entrevista directo a la sala de espera, ese mismo día les dirían quién quedaría, Braxton espero paciente, al final eligieron a uno de los otros, educadamente lo felicito y se fue aguantandóse la frustración.
Quería pensar que lo eligieron por sus capacidades pero algo en él le indicaba lo contrario, su enojo era demasiado, decidió ir a caminar por la playa para relajarse.
Braxton se sacó el saco, la corbata, se arremango la camisa y se descalzo en la playa, no había mejor sensación que la arena bajo sus pies escuchando el choque de las olas y su tranquilidad.
Era temprano, casi no había gente por la playa, Braxton caminaría a casa de todas maneras, prefería esa ruta para llegar, demoraría un buen rato en llegar pero no tenía prisa.
Estaba desempleado, era su último mes de renta, aún no sabía cómo resolver el problema, algo saldría se decía para esperanzarse pero temía equivocarse.
Braxton había sido huérfano desde los 16, sus padres lo guiaron lo mejor que pudieron y le dejaron una pequeña fortuna que gasto en sus estudios, de ellos solo sus recuerdos y fotos tenía.
La piel de Braxton era blanca pero dorada por trabajar bajo el sol durante años, trabajo de todo lo que encontró a su paso desde que quedó huérfano, no sabía que estudiar o que deseaba ser y se le hizo una buena forma de aprender y conocer todos los oficios posibles.
Ahora era todo un hombre, se dedicó a estudiar en lo que trabajaba, había logrado su maestría incluso pero no conseguía donde lo contrataran, esa entrevista era su gran sueño y también su última esperanza, podía trabajar en cualquier otra cosa, pero no era lo que deseaba.
Estaba algo cansado de no lograr ejercer su profesión, meditando en su camino a casa como mejorar su situación y su sentir.
Braxton caminaba distraído cuando llegó frente a un camastro, al inicio notó solo un cuerpo sobre él, después se dió cuenta de la hermosa chica recostada frente a él.
Ella talvez lo miraba bajo sus lentes oscuros que cubrían sus ojos, pero no le dijo nada, Braxton permanecía ahí embobado, había visto chicas lindas pero nunca sintió ese cosquilleo en su interior.
Braxton no era tímido para hablarle a una mujer, había salido con chicas lindas antes pero esta vez enmudeció de inmediato, se armó de valor y dijo un hola a buen volumen de voz pero ella solo giró su cabeza al otro lado.
Braxton no sentia que fuera su mejor día, camino hacia la cabeza de la chica y se fue caminando cabizbajo hasta que el guardavidas lo abordó unos metros más enfrente.
- Hey amigo, no te ofendas pero la diosa rubia no habla con nadie - dijo el Guardavidas.
- ¿la diosa rubia? - preguntó Braxton con asombro.
- así la llamamos por aquí - suspiró el Guardavidas.
- ¿quiénes? - preguntó Braxton curioso.
El Guardavidas río a carcajadas - todos los idiotas que estamos en la playa mi amigo, algunos debemos estar aquí, pero otros solo vienen a verla - dijo apuntando a un grupo de hombres sentados en lo lejos admirandola a distancia.
- vaya, ¿y nadie ha logrado hacerla hablar? - preguntó Braxton curioso
- no mí amigo, me llamo Esquiel por cierto - dijo estrechando su mano - tengo 3 años aquí y ya era una diosa inalcanzable entonces, todos hemos intentado al menos una vez acercarnos - dijo Esquiel suspirando.
- ¿sabes su nombre o algo más de ella? - preguntó Braxton curioso
- ella es puntual viene todos los días de 10 a 12, debe vivir cerca porque va y viene caminando, nadie la ha visto en la ciudad, ni en el supermercado, parece modelo pero no sale en revistas o pasarelas, la hemos buscado amigo - dijo Esquiel sin dejar de admirarla.
- ahora me interesa mucho más conocerla - dijo Braxton pensativo.
- te deseo suerte mi amigo - dijo Esquiel sonriendo.
Braxton le dio su saco, zapatos y corbata a Esquiel, se acomodó la ropa, volvería a intentarlo hasta saber al menos su nombre.
Braxton fue muy decidido y se paró junto al camastro - Hola - dijo muy seguro - Me llamo Braxton ¿y tú? -
La mujer no hizo movimiento alguno, ni le contesto tampoco, Braxton se quedo parado ahí un momento más y se fue hacia Esquiel que lo esperaba con los brazos cruzados y sus cosas en mano.
Braxton fue por sus cosas, era mejor volver a casa, había sido un verdadero mal día, Esquiel le dio sus pertenencias y Braxton se fue caminando pensativo, Esquiel continuó trabajando.













