¿cuántos girasoles son muchos girasoles?
Caminos rurales: Azucena - Barker

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@siempredeviaje
¿cuántos girasoles son muchos girasoles?
Caminos rurales: Azucena - Barker
Criadero de chanchos en la antigua Estación de Azucena
No supimos mucho de Aguiar. Sólo que nació en Entre Ríos y que trabajó muchos años en la estancia de los Blanco Villegas, lugar al que señaló con un gesto hacia un horizonte amplio. Confundimos su casa con la Estación de Azucena, pues vive a orillas de las vías del tren. Pero lo que supo ser la estación está poco más adelante en el camino. "Ahora te chocas con el criadero de chanchos", nos había advertido Aguiar, cosa que al final resultó ser cierta. Azucena parece tranquilo. "Aburrido", corrigió él, sin dejar de barrer el fondo su hogar.
Cruzando arroyos para llegar a Egaña.
campos tandilenses
Canción propia. #buenosaires #siempredeviaje #mariaignacia #vela #argentina #igersbsas (en María Ignacia Vela)
1ro de Enero en Gardey
Camino a Egaña.
“Esto adónde sale, en Crónica?”
Salamone está vivo y domiciliado en Rauch
Al menos así lo confirmó un vecino de dicha ciudad, ante la consulta de dos extraños que andaban en búsqueda de los edificios públicos del conocido arquitecto. “No sé qué edificios hizo, pero les puedo decir adónde vive para que lo vayan a visitar”, aseguró.
Absortos ante semejante afirmación, los extraños tomaron nota de las indicaciones, pusieron el auto en marcha y desaparecieron. Trascendidos afirman que huyeron despavoridos de la escena, un poco asustados por la perseverancia del lugareño, que los miraba fijamente e insistía en acompañarlos hasta el lugar.
El desenlace resulta incierto, pues al momento se desconoce el paradero del vecino y los extraños no volvieron a ser vistos en Rauch.
Llegamos a Rauch bien entrada la tarde, casi con los últimos rayos del sol. Un par de vueltas por la Plaza alcanzaron para que encontremos la Municipalidad salamónica rauchera y sacarle unas cuantas fotos. Sabíamos que no era la única obra del arquitecto en esa ciudad pero no estábamos seguros de qué otro edificio se trataba, así que el asunto no resultaba tan fácil como parar a un vecino y consultarle, por ejemplo, “donde está el antiguo matadero” o “cómo hacemos para llegar al hospital”.
Nos decidimos por lo más arriesgado y encaramos una panadería en diagonal a la Municipalidad, donde la dueña de un quiosco nos había sugerido que podíamos cargar agua para el mate. Fuimos por todo. La panadera nos atendió después de decepcionar a un par de clientes porque ya no había bizcochitos, las facturas también se habían terminado y le quedaban algunas palmeritas y nada más. Llevaba puesto un delantal con un estampado muy pasado de moda y un pañuelo haciendo juego atado en la cabeza. Tenía cara de estar muy aburrida.
- Hola ¿cargás agua caliente?
- Sí, pasáme el termo sin la tapa. Son 2 pesos.
- Dale. Una consulta, ¿tenés idea de si hay algún otro edificio en la ciudad hecho por el arquitecto que hizo la Municipalidad? – digo mientras apunto con el brazo hacia el edificio público.
La panadera se quedó varios segundos con la mirada sostenida hacia el monumental palacio municipal. Por un momento, pensé que estaba tratando de recordar algo.
- No. Yo soy nacida en Rauch, pero nunca me gustó mucho mi pueblo- dijo por fin. Su mirada quedó suspendida por lo menos unos segundos más, en compañía de nuestro silencio. De golpe bajó la vista, dijo que enseguida volvía con el agua y desapareció con el termo hacia algún lugar.
Nos quedamos con la sensación de que la hicimos enojar. O que la pusimos incómoda, como mínimo. Lógicamente que no era la intención. Es más: no saber quien diseñó las portadas famosas de los edificios públicos de tu ciudad no te hace más o menos arraigado. ¿Se habrá ido a pensar que somos dos bichos raros? ¿Estará mandando un mensaje de texto a su familia avisando que se va, para no volver nunca más? ¿Estará haciendo tiempo mientras se calienta el agua para que no la acosemos con preguntas incómodas? ¿Estará sola ahí atrás?
- Son 2 pesos
Reaccionamos, pagamos, agradecemos.
- Gracias a ustedes chicos, ojalá encuentren el edificio que están buscando.
Nosotros encontramos lo que andábamos buscando: agua para el mate y el Hospital Municipal. Ojalá a la panadera le pase lo mismo.
“Rotonda. Al lado de la GNC por colectora. Una cafetería típica con mucho vidrio a la calle. El mejor crudo queso de la 5ta Sección, ¡oh si!”, nos indicó Horacio. Así fue como llegamos a Balcarce, bajo la promesa de degustar el mejor sánguche de la zona. La hora del almuerzo había pasado hacía un rato, y desde lejos nomás pudimos divisar que las indicaciones nos guiaban hacia una casa tipo Chalet con todas las persianas bajas. Con ilusión de estar equivocados preguntamos en la GNC vecina, para que una señora nos termine de confirmar que estábamos en lo cierto: habíamos llegado a destino, pero parece que éste no abre los domingos. A uno lo puede terminar de acercar este peculiar interés gastronómico, pero las razones para visitar la ciudad son varias: Fangio, obras de Salamone, sierras… volveremos Balcarce, y será un sábado: no queremos ver un nuevo presidente sin antes haber probado el mejor crudo queso de la 5ta sección electoral.
#buenosaires #balcarce #salamone #escuelapublica #siempredeviaje #argentina
#siempredeviaje #buenosaires #fulton
#fulton #buenosaires #siempredeviaje (en Fulton, Buenos Aires, Argentina)
Cementerio de Azul
Hacía rato que nada nos conmovía. Como quien pasea cualquier domingo a la tarde, llegamos a Azul. Cualquier día de verano Hubiéramos encarado directo para el Balneario o el Parque Municipal, pero ya era bien entrada la tarde y quedaban apenas unos minutos de sol. Conocer la portada del cementerio, obra maestra de Francisco Salamone, pareció de pronto la mejor opción.
Llegamos gracias a las indicaciones de un vecino, como siempre. La obra podía divisarse ya desde varias cuadras antes, pero nada se compara con la sensación de tenerla ahí, frente a frente. Impresionante. Conmovedora, para bien o para mal. “No por nada le decían el hijo de diablo”, pensé. O capaz que lo dije, no me acuerdo.
Cualquier ángulo es imponente. Desde donde lo mires es una foto. Fueron varios minutos observando, embobados, mientras los pibes que tomaban birra sentados en el cordón de la vereda de enfrente nos miraban como sin entender bien qué bicho nos picó. También nos miraban los vecinos que pasaban en auto, los chicos que paseaban en bici… ¿será que la conmoción da lugar a la costumbre?
El cementerio de Azul tiene varias particularidades que lo hacen distinto a los demás. Para empezar, no está en la periferia. No está escondido, y con semejante portada es bastante difícil de disimular. Por el contrario, está exhibido y es paso obligado para los que siguen la ruta salamónica. De hecho, inmediatamente en frente, el municipio dispuso de un Centro de Interpretación dedicado a las obras monumentales que Francisco Salamone desparramó en la Provincia de Buenos Aires. Ya en su interior, el cementerio cuenta historias, como todos los demás. Se puede conocer mucho de la historia de un pueblo o ciudad a través de su cementerio. Sin necesidad de ningún guía podés intuir cual es la familia más pudiente, la más respetada, la más ostentosa o la que ya no tiene familiares en la ciudad. Todo eso repasando apellidos tallados en bóvedas, tamaños de cúpulas, placas empotradas con leyendas de amistad, paredes con peligro de derrumbe y rejas que, a pesar de estar abiertas hace años, nadie se anima a traspasar.
Se hace la hora, el sereno tiene que cerrar. Corremos hacia su encuentro. No es que la idea de pasar la noche con Salamone no nos entusiasme, pero será en otra oportunidad.