“Respiro y confío. La vida sabe. Me guía. Escucha. Atiende. El orden no es como lo espero y también es orden. Hay noes que definen la vida. Lo que se frustra me hace crecer. Habitar el caos me enseña que las cosas no son como quiero y así y todo son. En el caos encuentro lo auténtico, lo inesperado, lo desconocido de mí. La vida latiendo fuerte intensa y genuina. En el caos los castillos se caen. De esa caída surge lo real. La realidad es respuesta. La repuesta me reposiciona. Me ubica. Me devuelve al presente. Me trae a mi cuando me he perdido. Los aprendizajes siguen. La vida es eso, un constante aprender que no controlo. Nada acaba y acaba. Todo termina y continua. Descubrirse es eterno. Encontrarse en cada encuentro es incómodamente mágico. En cada desencuentro también. En cada palabra y cada silencio. En cada sonrisa y cada desdén. En cada acto amoroso. En cada reacción desmedida y cada acto protocolar en exceso. Somos muchas partes que se reúnen y se disocian. Somos un latir que abre y cierra. Que se fusiona y se diferencia. Que inhala y exhala. Que ordena y desordena. Que arde en deseo y descansa en paz. Somos ruido y silencio. Aire y fuero. Agua y tierra. Polos opuestos que se complementan. Aunar cada parte de lo que somos, abrigarla y dejarla ser parece poco y es un montón.“














