Diario de una persona en la búsqueda de querer amar su cuerpo y como falla terriblemente, como lo ha hecho en los últimos 27 años, y otras historias de intentos de superación personal.
Hoy hice algo por mí. Vine a comprarme un café delicioso a la cafetería donde al vaso grande le dicen venti y al chico alto. Le di un trago y sabe a gloria, pero ya me arrepentí de comprarlo. ¿Por qué no me compré un café americano? ¿Por qué siempre que quiero consentirme tengo que comprar comida? ¿Por qué si compro comida que se me antoja me arrepiento?
Me mente viaja a esos fines de semana donde mi mamá me compraba helado para compensar su ausencia durante la semana.
Escribo y pienso, mientras pienso que este texto no es lo suficientemente bueno como para ponerlo en el libro que quiero escribir. El libro que llevo queriendo escribir desde hace 3 años con poemas mediocres con vocabulario mediocre. ¿Si este texto lo escribo con palabras rimbombantes se leería mejor? Más intelectual tal vez.
Vine a esta cafetería porque salí temprano del trabajo y no quiero estar sola con mi cabeza, porque si estoy sola con mi cabeza me dan ganas de llorar y si lloro me dan ganas de comer chocolate para sentirme mejor y si como chocolate voy a vomitar, pero no lo suficiente como para sacar el pedazo de pizza que comí en la madrugada mientras mi novio dormía a mi lado.


















