Un estanque en una taza de café...
Alguna vez ella me habló de los haikus...
Otra vertiente (aún más compleja) de la poesía.
Como todo lo que tenga que ver con oriente, en mi cabeza; el haiku es la combinación de la paciencia y la obsesión; la habilidad de observar y el placer de descubrir. Las verdades cifradas. Pues la verdad es, que la verdad es sencilla. Es el camino. La senda del como, lo que es entretenido, donde se aprende.
Hay en la construcción de uno mismo y la deconstrucción, de los otros y de lo nuestro por ellos; el placer que experimentan los dioses y los niños: Crear, interpretar, ver lo que otro quieren decirnos y lo que uno mismo encuentra y contárselo al creador ahora recreado, entretenido por nuestro relato.
Con el wikipediazo y la visita fugaz a algunos blogs, puedo mencionar que una de las reglas elementales en la composición es la estructura de tres versos compuestos de frases de cinco, siete y cinco sílabas. Esto, aplica para la creación en otro idioma que no sea el japonés, pues en realidad ellos utilizan la creación por moras, que es más una medida fonética que escritural.
En la mesa había un café negro sin azúcar, de ella. Y un capuchino con amaranto o alguna cosa endulzante por el estilo. Puso una hoja que reconocí de inmediato, como a una exnovia; y a la que traté con una indiferencia fingida terriblemente; si, como con una exnovia. La última vez que la vi, que ya no es la última y ni siquiera lo es esta que relato, le di la misma hoja en blanco. Para que escribiera, para que anotara sus ideas y las sembrara, que se arraigaran y nunca se fueran. Ahí estaban, tres frases sobre una rana (no encima del anfibio, más bien hablaban de él) y un estanque viejo. Honestamente no la entendí entonces. Y no, aún no la entiendo.
Centré más mi atención en la emoción de su relato, sus ojos brillando encendidos por relatarme el descubrimiento de tanta sabiduría plasmada en tan poco tiempo. Pues leer tres frases no te toma ni un minuto aunque te tome toda una vida descubrir y grabar una idea tan sencilla. -Haikus- me dijo y la concepción, de tan grande, no me cupo en una sola taza de café (era más una copa de capuchino con amaranto, pero suena mejor de la otra manera) y me supo más amarga que el mismo. ¿Quién querría limitarse tanto teniendo la posibilidad del infinito en blanco?
Hoy descubrí en mi reflejo algo que siempre anhelé desde la pubertad. Y nació sin más. Aunque no respeta las reglas de la formación 5-7-5 lo dejé existir. Se concretó y no requirió concentración. Solo entendimiento.
El cambio frente a lo inerte
la condena contra la prisa
una primera cana en el espejo.