FLASHBACK.
svrvivh
Tras la instrucción que dio el mayor, la rubia asiente y comienza a caminar a su paso. Es cuando siente el posicionamiento que la mano ajena toma en su espalda baja, manifestando su ignorancia a la negación a la que lo sometió momentos en anterioridad. Decide desconocer la corriente que transmite hasta su nuca, y el estremecimiento que de repente ocasiona a lo largo del horizonte de sus descubiertos hombros. Aprecia su alrededor cuando se adentra en aquel lugar que desconoce, con decoraciones extravagantes que resultan en el derroche excesivo de opulencia; nada a lo que no está acostumbrada. “Sé que tienes un acento ruso.” Al igual que Angelique; no excedían sus límites en la disimulación del mismo, y tampoco cree que la característica fuese sometida al intento. “¿Por qué me preguntas eso, Oleg? ¿Acaso tiene alguna importancia?” no estaba siendo claro con su objetivo, y cuando la curiosidad le carcome la poca paciencia que resguarda en su interior, es cuestión de tiempo antes de que explote como olla a presión.
Asume cierto desinterés en el rostro de la blonda, pero no se anima a determinar si realmente se trata de eso o si simplemente se encuentra cansada de seguir topándose con él a cada vuelta de esquina. Demasiado tarde para pensar en eso, se dice, más se toma su tiempo para volver a hablar. —Mi padre —se corta, una vez más un tanto temeroso de lo que la menor podría llegar a decir. Resulta irónica la forma en la que ve necesaria que la muchacha tome distancia y que al mismo tiempo le genere pánico la idea de no volver a tenerla cerca nunca más. —Mi padre es la cabeza de una importante mafia rusa —suelta al final, un tanto de prepo y en tono plano, encogiéndose de hombros—. Logra generarme asco el tipo de hombre que es, pero tengo que concederle que es alguien muy peligroso. Es por eso que nos fuimos de casa, Sara. Es por eso que me instalé en Nueva York y me traje a mi hermana y mi madre conmigo —explica. Pretende pausar y cederle la palabra a la de ojos claros, suponiendo que tuviera algo que decir, más tendría suerte de que simplemente no se levantara y caminara en dirección opuesta a él. Sin embargo, antes de que le sea posible frenarse, ya se encuentra tomando aire para volver a sus aclaraciones. —El verano en el que estuve contigo —la memoria de los sucesos en aquel entonces hicieron que aspirara aire de manera brusca, intentando mantenerse calmo—. Las cosas... se complicaron —mantiene la cabeza gacha por culpa de la vergüenza, incluso cuando se trataba de algo que la contraria desconocía y, por ende, no podría juzgarlo al respecto—. Es por eso que tuve que irme. No porque quisiera cortar las cosas contigo o simplemente dejarte tirada. Yo —traga, pero vuelve a buscar los ojos impropios—. En verdad lo siento.











