Y lo ví, lo ví reír, lo ví llorar, lo ví enojado, lo ví celoso, lo ví desanimado, lo ví anímico, lo ví durmiendo, lo ví soñando despierto, lo ví frustrado, lo ví agotado, lo ví cansado, lo ví vulnerable, lo ví sostenido las piezas de su vida para que no se derrumbara, lo ví, lo ví en lo más alto de su ser y lo ví en lo más bajo de su ser. Aún así, en todos sus modos, en todos sus estados, en todas sus presentaciones se veía perfecto; pude presenciar la perfección mismas de la imperfección, ví la humanización misma de un Dios y en medio de todo eso, cuando lo veía y lo analizaba me hacía dar cuenta de lo fuerte que es y a pesar de todo, como intenta ser su mejor versión día tras día.















